Sep 25 2013
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Cultura

El preciso momento .

…senderos que recorre la especie desde siempre.

Quiero decir, se√Īora, que ya es tiempo de cambiarnos el trato.
De rozarnos un poco m√°s al saludarnos, digamos, m√°s de cerca,
ausentes que sus hijos y los míos, quizá más que indiferentes,
no adviertan ni sospechen mi caricia en su blusa al decir ‚Äėhola‚Äô,
y usted sonríe sin decir que le ha gustado.

O que acaso yo intento más efusión al vernos,
al desgaire pero intencionado de mi parte;
un apriete audaz y sustantivo que le diera mi mano.

Un toque anunciación,
no que le augure el reino de los cielos; ¬Ņpara qu√© tanto?
Pero al menos le convoque tibieza debajo de su falda,
en mitad del salón y sin testigos.

Porque usted y yo, se√Īora, en este instante,
defendemos la vida como pocos, al desprender
botones tras la piel intocada de su torso anhelante,
y su lenta caricia en la camisa abierta de mi pecho.

Bien ambos lo sabemos, somos personas grandes
si contamos los a√Īos y alg√ļn nieto.
M√°s nuestros labios bien saben recorrer por donde
y diestros son los dedos sobre mi cintur√≥n y su corpi√Īo.

Y el clima a desnudez, tan implacable y sin aviso,
nos lleva por senderos que recorre la especie desde siempre.

Si al fin y esto es lo cierto, nuestra piel bien comprende
que no existe el ‚Äėdemasiado tarde‚Äô.
Ni otras frases de remontar pasados que ya fueron.
Ni secretos perpetuos y por nada.

La verdad de la especie se impone entre nosotros,
con todos los sentidos plenos y sudorosos.
M√°s el gemido vital entre sonrisas de este √ļnico cuerpo,
que es el suyo y el mío al culminar esta fracción de vida.

¬ŅY no ser√° el momento, mi amor, de empezar a tutearnos?

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