Ago 31 2023
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OpiniónPolítica

El progresismo, la ultraderecha, los bates quebrados

Cuando en el escenario latinoamericano comienzan a sucederse fuerzas y candidatos de ultraderecha y algunos de ellos hasta llegan a ser gobierno, es hora de que el progresismo haga su mea culpa y reconozca qué lejos ha estado de  hacer de las mayorías pobres y desposeídas sujetos de sus políticas (y no meros objeto de ellas), encarrilando las ideas de democracias participativas, dignidad e inclusión social, soberanía e integración regional.

Una cosa es el acceso a un gobierno y otra la toma del poder. Para la primera basta con ganar unas elecciones. Para la otra, se necesitan ideas, programas, definiciones claras, enamorar al pueblo. Hoy se confunden progresismo y socialdemocracia, democracia con actos electorales.

Nuestra izquierda ha renunciado a la incorreción política y a la política radical. Luce de buen porte, pero en realidad se porta bien. Ya parece ser la hora de asumir que ninguna posición moderada es capaz de vencer una crisis: solo la política radical puede hacerlo. Incluso para ser un demócrata radical hace falta ser radical, y no solo en los discursos.

Pero nuestras (autocalificadas) izquierdas viven desde hace d√©cadas en la derrota anticipada; van como disculp√°ndose, buscando el centro, o la cuneta, evitando la identificaci√≥n con Lenin, con el socialismo, con Cuba, con Venezuela, o cualquiera de las otras leyendas negras para ni√Īos del siglo XXI, se√Īala La Tizza.

Gracias a titubeos, indefiniciones, torpezas de gobiernos supuestamente progresistas, estamos viviendo una ofensiva de la derecha m√°s reaccionaria y dependiente, mientras el progresismo se muestra incapaz de redise√Īar su discurso y sus formas de acci√≥n. La derecha no va por la imposici√≥n de medidas regresivas, sino que se propone concretar un cambio cultural que rompa los valores de las izquierdistas y los lazos solidarios tejidos durante el comienzo del milemio. Volver al pasado es su futuro.

El fin de ciclo del progresismo no refiere solo a la caída de los gobierno sino a una forma de comprender y ejercer el poder. Ya no ocupa el centro de escena mientras se consolidan nuevos gobiernos que no parecen constituir apenas una interrupción temporaria para un progresismo que, en el corto plazo, tendría condiciones de retornar.

Sin fuerza para proponer una agenda de cambio, o para frenar un ciclo conservador iniciado ya en tiempos de¬†sus¬†gobiernos, el progresismo a√ļn abre discusiones como fuerza con capacidad de bloqueo. Exige un alineamiento cerrado, desde el gobierno o como candidaturas que buscan retornar, que obstaculiza la construcci√≥n pol√≠tica incluso dentro de sus propias filas.

El progresismo, una aproximaci√≥n desde las juventudes progresistas en Panam√°: FES Am√©rica CentralAnte el avance de la ultraderecha en varios pa√≠ses de la regi√≥n, el exvicepresidente de Bolivia e investigador social √Ālvaro Garc√≠a Linera se√Īal√≥, ¬†que ‚ÄúLas promesas de justicia e igualdad no se est√°n cumpliendo y si desde el progresismo no somos capaces de dar respuestas concretas a la angustia de la gente no culpemos a la gente de abajo¬†por darnos la espalda‚ÄĚ.

El progresismo latinoamericano se ha ido deslizado al centro y ha perdido la radicalidad que lo caracterizaba.¬†Es superado por otras opciones que provienen del sistema y, desde la misma l√≥gica de comunicaci√≥n-polarizaci√≥n, se imponen como alternativa.¬†¬ŅTiene alguna manera de recomponerse¬†o se trata de un suicidio ideol√≥gico?¬†Lo cierto es que -en general- las promesas de justicia e igualdad no fueron ni se est√°n cumpliendo¬†por parte de los gobiernos progresistas.

‚ÄúSi desde el progresismo nosotros no somos capaces de entender eso no culpemos a la gente de abajo por darnos la espalda‚ÄĚ, se√Īal√≥ el exvicepresidente boliviano √Ālvaro Garc√≠a Linera, tras el triunfo en primarias del candidato ultraderechista Javier Milei en Argentina. ‚ÄúRecuperar la esperanza no es decirle a las personas ‚Äėcuidado que vas a perder derechos‚Äô, a√Īadi√≥.

La democracia representativa, la propiedad privada, la cultura eurocentrista, el sufragismo y los partidos políticos son algunas de las verdades reveladas que organizan nuestra vida institucional, nuestra democracia declamativa desde el siglo 19. La profundidad de la crisis actual cuestiona a la modemidad y al capitalismo, lo que obliga a cambiar los paradigmas que hacen a la vigencia del Estado.

Hace seis a√Īos (1) hablaba de los ‚Äúbates quebrados‚ÄĚ como se le dice en el Caribe -usando la jerga del b√©isbol- a los dirigentes que ya no tienen nada que aportar y han quedado en los archivos de la historia. Pero alguno, como Lula da Silva (quiz√° ante la falta de otros bateadores) logr√≥ volver al poder, para darle fuerza a una ‚Äúsegunda ola progresista‚ÄĚ, esta vez con alianzas con fuerzas muy poco progresistas. Otros sue√Īan con volver y se esfuerzan para que nadie pueda bloquear sus apetencias presidenciales.

La palabra ‚Äúprogresismo‚ÄĚ hab√≠a¬†adquirido un inesperado prestigio. Curioso, porque una parte importante de quienes hablan en su nombre son personas que suelen defender posiciones gen√©ricamente identificadas como de derecha. Desde la intelectualidad europea se ha logrado imponer el imaginario colectivo de que¬†el progresismo es un modo de nombrar a la izquierda.¬†Craso error… o confusionismo.

El acad√©mico argentino Atilio Bor√≥n se√Īala que en nuestro an√°lisis hay una sobreestimaci√≥n de las fuerzas del campo popular, que corren en parejas con la subestimaci√≥n del poder√≠o de la derecha y el imperialismo, adem√°s de una renuencia a aceptar que las figuras principales de este proceso (Lula, Cristina, Correa y Evo) ya no pueden prevalecer electoralmente en soledad y necesitan forjar alianzas con algunos representantes del centro pol√≠tico. De lo contrario, dice Bor√≥n, no pueden ganar ninguna elecci√≥n. ¬ŅDe eso se trata, de ganar elecciones?

Reconoce que las ra√≠ces de este problema son varias: los imperativos de la competencia electoral y una ambig√ľedad de los principales actores politicos y las coaliciones reformistas, que pueden llegar al gobierno, donde se encuentran que se gobierna con un aparato estatal obsoleto y, sobre todo, d√©bil con relaci√©n a los poderes f√°cticos que han colonizado buena parte de los aparatos estatales.

Uno de nuestros problemas es vernos con ojos del pasado, lo que nos hace pelear en campos de batalla equivocados y/o perimidos, mientras las corporaciones mediáticas hegemónicas desarrollan sus estrategias, tácticas y ofensivas en los nuevos campos de batalla de las transformaciones sociales y políticas, a partir de la digitalización de la economía y la consolidación de la virtualidad como nueva mediación económica, política y social.

Mural de Mitchell Lane en GlasgowLa crisis del sistema institucional abre nuevos interrogantes de si -en verdad- un gobierno de car√°cter progresista es garant√≠a de una avanzada popular, se√Īalan los j√≥venes Paula Gim√©nez y Caciabue, del Centro Latinoamericano de An√°lisis Estrat√©gico.

Desde los progresismos y las izquierdas políticas, feministas e incluso ecologistas, no se supo ver ni sopesar la gran transformación que se gestaba desde abajo, reforzada por los efectos amplificadores de la pandemia. En Argentina quizá se la vio asomar como efecto bolsonarista o trumpista en clave local, pero obviamente no se tuvo la capacidad de dar respuestas políticas adecuadas, pese a que se creía que se había ganado parte de la batalla cultural.

La¬†pregunta¬†que viene sola, recurrentemente, es¬†porqu√© esa rabia, ese hartazgo no fue capitalizado por la izquierda o la centroizquierda pol√≠tica. La mayor√≠a silenciosa se vio¬†representada en la ultraderecha. La responsabilidad de la distop√≠a cae, sobre todo, sobre el supuesto ‚Äúprogresismo‚ÄĚ gobernante en varios de nuestros pa√≠ses.

El ciclo que se iniciara en el estallido de¬†2001 argentino¬†-con el reclamo de ‚Äúque se vayan todos‚ÄĚ- no finaliza con la restauraci√≥n¬†del v√≠nculo social sino con¬†la defensa del individuo trabajador, ignorado y/o explotado por un Estado ineficiente y corrupto. El c√≠rculo que 22 a√Īos atr√°s comenz√≥ como un estallido y se fue desplegando por izquierda, se cierra ahora por derecha¬†(y/o ultraderecha).

El progresismo de los noventa no era necesariamente mejor que el actual, pero lo ayudaba la √©poca.¬†Nada de lo democr√°tico, de lo hist√≥ricamente sensato del progresismo se ha agotado. Lo que debiera agotarse es esa¬†ret√≥rica que combina la denuncia de los males de la injusticia sin ofrecer soluciones, proyectos, programas, en un mundo que ha cambiado mucho en los √ļltimos 20 a√Īos, incluyendo las formas de lucha pol√≠tica. Suele ser, al mismo tiempo, intransigente en sus demandas y moderado en sus pr√°cticas.El muralismo mexicano y la Revoluci√≥n - NODAL Cultura

‚ÄúSi tenemos un concepto amplio de la democracia, como un gobierno elegido por el pueblo, ejercido por el pueblo y para el pueblo, es claro que la democracia est√° amenazada.¬†Si reducimos la democracia a las elecciones, hay democracia formalmente hablando. Pero si nos complicamos la vida y decimos que la democracia es qui√©n ejerce el poder:¬†no lo est√°n ejerciendo los partidos, sino estos poderes f√°cticos‚ÄĚ, se√Īala el expresidente colombiano Ernesto Samper.

Edgardo Mocca afirma que el progresismo tiende a repetir la vieja saga de una izquierda que combinó la fascinación teórica por la revolución con la impotencia política y, muchas veces, la colaboración con las fuerzas históricas del privilegio.

Ernesto Samper, numen del Grupo de Puebla, del progresismo regional, se√Īala que¬†unos 50 o 60 dirigentes -entre ellos doce expresidentes- est√°n trabajando en un proyecto pol√≠tico solidario que busca reemplazar al fracasado modelo neoliberal. ‚ÄúTenemos la mayor parte de las empresas quebradas. Se juega la reactivaci√≥n econ√≥mica, la recomposici√≥n del tejido social y tambi√©n el replanteamiento de la democracia. A eso se le agrega el uso excesivo de la fuerza para contener la protesta social, la manera en que se est√°n utilizando las facultades excepcionales, la judicializaci√≥n de la pol√≠tica. De una manera sobresaliente, se est√° utilizando a la Justicia como un arma pol√≠tica‚ÄĚ, a√Īade.

Es la necesidad de plantear¬†un nuevo mapa y comportamiento de la izquierda latinoamericana… y¬†la gente est√° esperando algo m√°s del progresismo, al menos que presente¬†un modelo alternativo. Samper reconoce que ‚Äúnunca hab√≠a sido la integraci√≥n tan importante como ahora y nunca hemos estado tan desintegrados como ahora‚ÄĚ.

Progresismo ¬Ņsin progreso?

Foto de las nuevas figuras del progresismo latinoamericanoEn los análisis de las recientes victorias electorales progresistas, se suele omitir que se llega al gobierno sin mayorías parlamentarias, en sociedades profundamente divididas, con una desigualdad creciente, donde las derechas se han fortalecido al punto no solo de ganar elecciones sino de poder vetar los cambios.

Un resultado electoral puede enmascarar¬†el panorama pol√≠tico. Porque la realidad es que los mercados globales juegan en contra de la m√°s peque√Īa modificaci√≥n de las reglas del juego y que las fuerzas progresistas a menudo no tienen ni la voluntad ni las propuestas adecuadas para modificar la realidad que heredan.

Desde 2018 se han registrado en la regi√≥n varios triunfos de candidatos calificados como progresistas: Andr√©s Manuel L√≥pez Obrador en M√©xico, Alberto Fern√°ndez en Argentina, Luis Arce en Bolivia, Pedro Castillo en Per√ļ, Xiomara Castro en Honduras, Gabriel Boric en Chile, Gustavo Petro en Colombia, Bernardo Ar√©valo en Guatemala.

Entre 1999 y 2005 en Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador y Bolivia, la primera ola progresista parió gobiernos que fueron producto de ciclos de luchas populares, que desbarataron la gobernabilidad neoliberal focalizada en privatizaciones de empresas estatales. Esta segunda ola de gobierno progresistas difiere de la primera, ya que acotan las posibilidades de transformaciones profundas y los alcances que pueda tener.

María Fernanda Cabal, Jair Bolsonaro, José Antonio Kast y Javier Milei.

Pero, ¬Ņtienen algo para ofrecer los progresistas a las nuevas generaciones?¬†En sus experiencias anteriores olvidaron sembrar¬†ciudadan√≠a, comunidad organizada, es decir, organizaci√≥n protag√≥nica del pueblo. No se logr√≥ convertir al ciudadano en sujeto pol√≠tico (tampoco estoy seguro que eso estuviera en los planes de muchos). S√≠, se obtuvieron beneficiarios de las pol√≠ticas de inclusi√≥n y distribuci√≥n de la renta, pero estos beneficiarios suelen emigrar con quienes les ofrezca m√°s esperanza y cambio.¬†

En el escenario latinoamericano está incursionando una nueva ultraderecha racista y antifeminista, con discursos peyorativos en relación a las mujeres, el aborto, el matrimonio igualitario y las disidencias sexuales.

Si bien durante muchos a√Īos¬†las izquierdas, los sindicatos y movimientos populares tuvieron el monopolio de calles y plazas, ahora¬†son la derecha y la ultraderecha las que comenzaron¬†a ocuparlas de forma casi permanente, lo que no s√≥lo pone l√≠mites a las fuerzas progresistas, sino que a menudo las desconcierta y desmoviliza.

El sentido de buscar el poder del Estado es usarlo para derrotar a la clase dominante, no para dormir con ella. Desarrollar un proceso revolucionario¬†-un cambio social fundamental en la estructura del poder-¬†implica transformar indignaciones sociales en movimientos pol√≠ticos, lo que implica la formaci√≥n de nuevos contingentes de cuadros, dejando de lado del facilismo ‚Äúmoderno‚ÄĚ de recurrir a formadores de imagen para ganar una elecci√≥n: el problema es saber para qu√© se quiere ganar.

La primera limitación para una segunda ola progresista es la crisis global, de la globalización, y también la crisis civilizatoria que vivimos y padecemos. El creciente enfrentamiento entre EU y la Unión Europea con Rusia y China, configura un escenario complejo ante el cual los gobiernos progresistas no se sienten cómodos.

Más allá de lo que piensen en Washington o Bruselas, los gobiernos de la región necesitan comerciar con China, que suele ser su principal socio comercial, pero siguen mirando a Estados Unidos como referente con el cual, con la excepción de Venezuela, Nicaragua y Bolivia, no quieren tener problemas.

Por un lado sigue vigente, el bloqueo de Washington contra Caracas -con sus tremendas secuelas económicas- que EU quiere mostrar como un factor disciplinador para los gobiernos progresistas, muchas veces desorientados ante la gravedad de la crisis global, a la que no han podido anticiparse ni encuentran el modo de posicionarse ni como naciones ni como región.

Sudamérica, que tiene una profunda relación comercial con China, mientras  Centroamérica y México siguen inclinados hacia Estados Unidos. El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador formula permanentes críticas verbales, mientras sigue alineado con su vecino del norte, tanto en la represión a los migrantes como en las relaciones con China.

Otra limitación, que no afectó a la primera ola progresista, es la militarización creciente de nuestras sociedades, que se viene intensificando desde la crisis mundial de 2008, y que atraviesa a todos los países con modos y formas diferentes. América Latina es la región más desigual del mundo, y la intervención de las fuerzas armadas y policiales en el control de las poblaciones persigue congelar esa situación.

En varios países de la región un aspecto central de la militarización es el despliegue de grupos ilegales integrados por exmilitares y policías -paramilitares-, dedicados al control de la población y a hacer negocios con las necesidades básicas del pueblo, como el transporte, el acceso al gas y la conectividad.

Grupo de Puebla y la nueva hoja de ruta

La actual hoja de ruta propone el abandono definitivo del anacrónico modelo neoliberal, de vocación extractivista, (aunque nunca habla del capitalismo) que ha dejado efectos difícilmente reversibles sobre el medioambiente, ha significado alarmantes niveles de concentración de la riqueza que nos convierten en la zona más desigual del planeta y ha atrofiado los circuitos de redistribución.

Es un ‚Äúmodelo‚ÄĚ de muy buenas intenciones, pero se debiera deja en claro: a) c√≥mo se llevan adelante estas propuestas,¬†¬†b) qui√©nes representan las fuerzas del cambio y c) d√≥nde se ubican las resistencias. Una hoja de ruta que carece siquiera de citas al poder de las trasnacionales, al complejo industrial militar, financiero y digital, a eso que los de izquierda llaman imperialismo. ¬ŅHay verg√ľenza de hacerlo expl√≠cito?

Sus integrantes, a título individual (no representan a partidos ni organizaciones de masa) han sido o son presidentes de gobiernos, jefes de Estado, dirigentes de partidos políticos, ministros, embajadores. Esos personajes de los que hablan los medios y la gente cree que sus decires tienen peso alguno en sus propios países y/o en el contexto internacional.

El soci√≥logo argentino Pedro Brieger, al hablar del foro pol√≠tico y acad√©mico Grupo de Puebla -sucesor latinoamericano del Grupo de Biarritz de tres d√©cadas atr√°s, tambi√©n liderado por el expresidente colombiano Ernesto Samper- se√Īala que

“los participantes admiten que por ahora es un un lugar de encuentro y de debate. Pero también de intervención concreta, como quedó demostrado con la operación de rescate de Evo Morales, que se articuló en los pasillos del encuentro presencial en Buenos Aires en 2019.

Es dif√≠cil saber cu√°l ser√° el futuro del Grupo de Puebla, pero la esperanza de quienes lo apoyan est√° en que pueda contribuir a que se socialicen las experiencias de la ‚Äúprimera ola‚ÄĚ progresista de tres lustros atr√°s para que nazca una ‚Äúsegunda ola‚ÄĚ de gobiernos con fuerte apoyo popular y dispuestos a avanzar en las profundas transformaciones estructurales que necesitan Am√©rica Latina y el Caribe. Am√©n.

Para el chileno Marcos Roitman, el progresismo del Grupo de Puebla acaba por remozar al capitalismo y se√Īala que alora cierta desaz√≥n y perpejlidad, cuando se pasa revista a los fundadores. ‚ÄúSu diversidad podr√≠a ser un plus, pero cuando unos y otros est√°n en las ant√≠podas, la duda se abre camino (‚Ķ) La lista de neoliberales conversos es grande y genera desaz√≥n‚ÄĚ, a√Īade.

Entre otros est√° el chileno Jos√© Miguel Insulza, ex secretario general de la OEA, el que combati√≥ y declar√≥ la guerra a Venezuela y su presidente Hugo Ch√°vez, quien se opuso a la extradici√≥n de Pinochet a Espa√Īa, aval√≥ las pol√≠ticas estadunidenses para Am√©rica Latina y como ministro del Interior del gobierno de Ricardo Lagos aplic√≥ la ley antiterrorista de la dictadura para reprimir al pueblo mapuche, recuerda.

En la lista figura el mon√°rquico Jos√© Luis¬†Rodr√≠guez Zapatero, quien siendo presidente del gobierno espa√Īol pact√≥ en 2011 la reforma del art√≠culo 135 de la Constituci√≥n para limitar el gasto social a la estabilidad presupuestaria, un verdadero golpe de Estado judicial o¬†lawfare. Adem√°s fue art√≠fice del acuerdo para la instalaci√≥n en Espa√Īa del escudo antimisiles y los vuelos hacia Guant√°namo.

¬ŅNuevos socialdem√≥cratas?

Es viable la socialdemocracia en América Latina? Del orden posneoliberal al progresismo difícil | Nueva SociedadLos procesos políticos del cono sur de América Latina suelen ser analizados en sintonía con la experiencia de las socialdemocracias europeas, sin tener en consideración que poseen particularidades que impiden utilizar conceptos nacidos en otros tiempos para comprender otras realidades: Los gobiernos llamados progresistas responden a procesos originales en un momento muy particular del capitalismo global.

Después de la segunda guerra mundial, los nuevos partidos socialdemócratas controlaban en Europa occidental los grandes sindicatos a través de los cuales monopolizaron la representación del mundo del trabajo, tras aceptar la economía de mercado y establecer compromisos con las burguesías que se plasmaron en el Estado del bienestar. En América Latina, lo más cercano a este modelo fue el varguismo en Brasil y el peronismo en Argentina. Ambos se apoyaron en la creación de grandes empresas estatales que jugaron un papel destacado en el proyecto desarrollista.

Los progresistas ya no hablan de derechos universales, sino de inclusión y ciudadanía, que pretenden construir en base a transferencias monetarias que son en realidad nuevas formas de clientelismo. Se abstienen de cualquier reforma estructural, que pudiera espantar a los inversionistas del modelo extractivista. La creciente marginalización de los de abajo, se resuelve con asistencialismo y militarización de las barriadas periféricas pobres.

En resumidas cuentas, profundizaci√≥n del capitalismo, desorganizaci√≥n creciente de la sociedad, domesticaci√≥n de la mayor parte de los movimientos, y represi√≥n para los obstinados, se√Īala Ra√ļl Zibechi. Esto se completa con una novedosa asociaci√≥n entre capital y Estado, convertido en una suerte de central de inteligencia que orienta la centralizaci√≥n y verticalizaci√≥n del capital, seg√ļn el soci√≥logo brasile√Īo y fundador del Partido de los Trabajadores Luiz Werneck Vianna.

Hay m√°s usuarios de celulares que de inodoros limpios: ONU ‚ÄĘ ENTER.COSi bien hoy¬†los pobres tienen ahora acceso al consumo¬†(celulares, ropa de baja calidad, motos y a veces hasta autom√≥viles en cuotas), el poder del trabajo es cada vez menor, a diferencia de lo que suced√≠a con la socialdemocracia que¬†buscaba evitar un deterioro del poder de sus representados para poder mantener el suyo.

Cuando el Estado es cooptado por el capital centralizado y los movimientos convertidos en meras organizaciones, calco y copia de las organizaciones no gubernamentales (ONGs), muchas veces financiadas por la socialdemocracia europea, relanzar la lucha social no es tarea sencilla, porque en realidad el progresismo y sus intelectuales buscan erradicar el espíritu crítico, la creatividad colectiva y la confrontación que caracterizó siempre a cada ciclo de luchas.

‚ÄúLa gente no es masoquista y siempre tiene razones‚ÄĚ detr√°s de su voto, precis√≥ Garc√≠a Linera. ‚ÄúSi no somos capaces de dar respuestas concretas y r√°pidas que resuelvan la angustia e incertidumbre que corroe el alma colectiva, lo va a hacer alguien m√°s, (quiz√°s) la derecha m√°s cavernaria, el neoliberalismo salvaje‚ÄĚ, dijo.

¬ŅHab√≠a (o hay) una ideolog√≠a progresista? Nadie sab√≠a bien a principios de siglo hacia d√≥nde pod√≠an desplazarse los gobiernos de Rafael Correa y Evo Morales, en Ecuador y Bolivia, porque el radicalismo a√ļn campeaba en sus filas, pero se fue extinguiendo de a poco cuando llegaron al gobierno. Hoy Evo insiste en ser nuevamente candidato en 2025, mientras Correa mira el panorama desde su exilio en Bruselas.

Es f√°cil mostrar que ninguno de los gobiernos progresistas ha cumplido sus promesas m√°s atrevidas. Muchas de las cr√≠ticas¬†pueden interpretarse como causadas¬†por el incumplimiento a la promesa de cambios profundos. La r√©plica usual es que esos cambios no ocurren ¬ęen cinco minutos¬Ľ.¬†Para pensar -so√Īar- con otro futuro, se requiere de la memoria.

Cu√°l ser√° el futuro del partido pol√≠tico FMLN? - ContraPuntoLa¬†experiencia de gobierno¬†-¬Ņo fue el cambio de siglo?- apag√≥ muchos fuegos transformadores: la moderaci√≥n creci√≥¬†poco a poco en la oposici√≥n parlamentaria, como le pas√≥ al Frente Farabundo Mart√≠ para la Liberaci√≥n Nacional (FMLN)¬†salvadore√Īo¬†-y as√≠ lo reconoc√≠a en 2005 – y/o los Tupamaros uruguayos, diluidos en el Movimiento de Participaci√≥n Popular dentro del centroizquierdista Frente Amplio.

Hubo¬†derrotas sangrientas y debates en los gabinetes¬†en el caso del Frente Sandinista de Liberaci√≥n Nacional (FSLN ) nicarag√ľense y en¬†el del socialismo chileno¬†posallendista, con un ¬†deslizamiento hacia el centro e incluso hacia la derecha. Lo mismo le hab√≠a ocurrido a la socialdemocracia europea cien a√Īos antes.

La urgencia de fondos para financiar los gobiernos y las prometidas obras p√ļblicas los llev√≥ permanentemente a repetir modelos extractivistas o agroindustriales, tal como les ven√≠an asesorando los ‚Äúexpertos‚ÄĚ acad√©micos espa√Īoles -y algunos franceses, tambi√©n- y sus empresas benefactoras: llegaron nuevamente vendiendo espejitos de colores.

Pero eso no es lo peor: para justificar sus desplazamientos y traiciones, nuestros progresistas¬†enarbolan¬†el discurso de lo inevitable¬†(3). A veces, ante la urgencia de evitar derrotas electorales se tolera la corrupci√≥n, justific√°ndola en necesidades partidarias, olvidando que la raz√≥n de su existencia es justamente para evitarlo. El verso es que los negocios son ‚Äúnecesarios‚Ä̬†para evitar la ¬ęrestauraci√≥n conservadora¬Ľ.

Una estrategia contra el divisionismo y la desilusión | La tintaCuando los progresistas privilegiaron el fortalecimiento del Estado y la conservación coyuntural del gobierno a toda costa, dilapidaron la oportunidad de fortalecer -aunque fuera modestamente- las alternativas radicales, aplicando medidas parecidas a las reclamadas por la derecha, olvidando que la clave de cualquier transformación profunda está en la sociedad, no en el Estado.

Pensar que el cambio puede estar en las figuras ‚Äúhist√≥ricas‚ÄĚ de Pepe Mujica, Fernando Lugo, Rafael Correa o Cristina Kirchner, es apostar por el pasado (de ah√≠ lo de bates quebrados). M√°s all√° de los logros en sus gobiernos, fueron incapaces de crear el recambio generacional y adaptar las propuestas a un mundo que ha mutado y que sigue¬†cambiando, incluso¬†cuando nos despertamos de la pesadilla de la pandemia.

La primera alternativa es abrazar el giro hacia la moderaci√≥n y declarar que no hab√≠a nada m√°s que esperar que lo que en verdad ocurri√≥. As√≠, la √ļnica alternativa viable es el ¬ębuen capitalismo¬Ľ, lo dem√°s son sue√Īos perniciosos o ingenuos. La segunda es afirmar, a la manera de √Ālvaro Garc√≠a Linera¬†-y Atilio Bor√≥n o Emir Sader-, que todo lo ocurrido es perfectamente revolucionario: √©stos gobiernos progresistas preparan condiciones para el desarrollo de un capitalismo moderno y avanzado que est√° abriendo el camino para el poder popular y la superaci√≥n del capitalismo, dicen.

Una tercera alternativa, planteada desde los movimientos de base,¬†es condenar el giro en nombre de los principios, sea de un socialismo radical, de un ecologismo de base, de un feminismo movimientista,¬†de una interculturalidad decolonial… o de la sinceridad pol√≠tica. Es hora de la construcci√≥n, desde abajo, porque desde arriba lo √ļnico que se construye es un pozo.

El historiador Howard Zinn escribi√≥: ‚Äúpuedo entender el pesimismo, pero no creo en eso. No es sencillamente un asunto de fe, sino de evidencia hist√≥rica. No es evidencia abrumadora, s√≥lo suficiente para dar esperanza, porque para la esperanza no necesitamos certidumbre, s√≥lo posibilidad‚ÄĚ.

Notas

1- En mi libro El progresismo en su laberinto, del acceso al gobierno a la toma del poder¬† (Editorial Ciccus, 2017) planteaba que ‚Äúpara terminar con los latifundios, con la explotaci√≥n, lo primero que debemos democratizar y ciudadanizar es nuestra propia cabeza, reformatear nuestro disco duro. El primer territorio a ser liberado son los 1.400 cent√≠metros c√ļbicos de nuestros cerebros. Debemos aprender a desaprender, para desde all√≠ comenzar la reconstrucci√≥n. No repitiendo viejos y perimidos an√°lisis, viejas consignas‚ÄĚ.

2.- ‚ÄúNo, no… decirme progresista es correrme a la derecha: nosotros somos revolucionarios‚ÄĚ, se√Īal√≥ Hugo Ch√°vez, a quien los acad√©micos suelen involucrarlo en la gesta ‚Äúprogre‚ÄĚ, a la revista Question en 2008.

3.- En una entrevista¬†-dos d√©cadas atr√°s-, el entonces expresidente brasile√Īo Luiz In√°cio Lula da Silva dijo que se alegraba de no haber ganado la elecci√≥n de 1989, porque en ese entonces¬†el Partido de los Trabajadores era demasiado radical. Cuando finalmente gan√≥ en 2002, ya hab√≠a domado a los revoltosos y llegaba al poder sin estruendos.

 

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). Autor de Vernos con nuestros propios ojos, La internacional del terror mediático, El progresismo en su laberinto, El asesinato de la verdad y El asesinato de la democracia.

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