May 26 2021
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Pol铆tica

En Chile, derrota de las dos derechas

Las elecciones del 15 y 16 de mayo pasado constituyeron una sorprendente y muy positiva derrota de las dos derechas que han impuesto y consolidado una democracia de mentira y un modelo econ贸mico-social extremadamente neoliberal en Chile.

As铆, la derecha tradicional impuso 鈥搖tilizando a las Fuerzas Armadas- a sangre y fuego la Constituci贸n del 80; el Plan Laboral, las AFP, las Isapres, la ley minera, las privatizaciones en favor de grandes grupos econ贸micos, la LOCE, universidades privadas con fines de lucro, etc. Y luego la Concertaci贸n (te贸ricamente de centro-izquierda, pero pr谩cticamente de derecha) no solo legitim贸 y consolid贸 todo lo anterior; sino que adem谩s continu贸 privatizando recursos naturales fundamentales como el litio y la gran mayor铆a del cobre; entregando virtualmente el mar para la pesca a siete familias; privatizando el agua, las empresas sanitarias y los puertos; y concesionando caminos y obras p煤blicas, entre muchas otras cosas en esa direcci贸n.

Y culminando su conversi贸n a la derecha, desarroll贸 pol铆ticas p煤blicas que exterminaron todos los medios escritos de centro-izquierda y que impidieron que existiesen canales de televisi贸n que hicieran un debate plural y profundo sobre la dictadura y el futuro de Chile. Y lleg贸, incluso, a asumir en 2005 la Constituci贸n de Pinochet 鈥揷on algunos cambios- en conjunto con la derecha tradicional; Constituci贸n actual que fue entusiastamente suscrita por Lagos y todos sus ministros (entre ellos, Francisco Vidal, Nicol谩s Eyzaguirre y Yasna Provoste) en septiembre de ese a帽o.

Esta derechizaci贸n f谩ctica tuvo su correlato en el hecho de que los partidos concertacionistas comenzaron聽 a recibir 鈥渁legremente鈥 un gran financiamiento 鈥渋rregular鈥 de grandes grupos econ贸micos para sus campa帽as, culminando ello con el hecho de que el yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou, -a trav茅s de Soquimich- financi贸 el conjunto de la 鈥減recampa帽a鈥 efectuada por Bachelet antes de su elecci贸n como presidenta en su segundo per铆odo. Y, adem谩s, esta derechizaci贸n 鈥渘aturaliz贸鈥 la inclusi贸n de decenas de ex ministros, subsecretarios, superintendentes y parlamentarios de la Concertaci贸n en directorios de AFP, de asociaciones empresariales o universidades privadas; y en empresas, fundaciones o medios de comunicaci贸n de grandes grupos econ贸micos.

As铆 por ejemplo, resaltan en el caso del PDC Ren茅 Cort谩zar, Jos茅 de Gregorio, Ximena Rinc贸n, Jorge Burgos, Edmundo P茅rez, Soledad Alvear, Eduardo Aninat, Julio Bustamante, Hugo Lavados, Genaro Arriagada, Mariana Aylwin, Mar铆a Eugenia Wagner, Felipe Sandoval y Guillermo Pickering. Y en el caso de los PS-PPD Jos茅 Miguel Insulza, Jos茅 Antonio Viera Gallo, Sergio Bitar, Nicol谩s Eyzaguirre, Jaime Est茅vez, Osvaldo Puccio, Eugenio Tironi, Felipe Harboe, Alvaro Garc铆a, Alberto Arenas, Eduardo Loyola, Jorge Marshall, Jorge Rosenblut y Karen Poniachik.

Tan claramente se derechiz贸 que ello ha sido reconocido p煤blicamente varias veces por altos dirigentes concertacionistas, sin suscitar r茅plica alguna. Particularmente ha sido el caso del considerado principal art铆fice de la 鈥渢ransici贸n鈥, Edgardo Boeninger, quien en un libro en 1997, se帽al贸 que 鈥渆l 茅xito econ贸mico postrero del r茅gimen militar influy贸 significativamente en las propuestas de la Concertaci贸n, generando de hecho una convergencia (econ贸mica) que pol铆ticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer鈥 (Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad; Edit. Andr茅s Bello; pp. 368-9).

Mucho m谩s desfachatado fue posteriormente Alejandro Foxley, ministro de Hacienda de Aylwin, y luego senador y presidente del PDC y canciller de Bachelet: 鈥淧inochet realiz贸 una transformaci贸n, sobre todo en la econom铆a chilena, la m谩s importante que ha habido en este siglo. Tuvo el m茅rito de anticiparse al proceso de globalizaci贸n que ocurri贸 una d茅cada despu茅s, al cual est谩n tratando de encaramarse todos los pa铆ses del mundo.

Hay que reconocer su capacidad visionaria y la del equipo de economistas que entr贸 a ese gobierno el a帽o 73, con Sergio de Castro a la cabeza (鈥) que fueron capaces de persuadir a un gobierno militar (鈥) de que hab铆a que abrir la econom铆a al mundo, descentralizar, desregular, etc. esa es una contribuci贸n hist贸rica que va perdurar por muchas d茅cadas en Chile y que, quienes fuimos cr铆ticos de algunos aspectos de ese proceso hoy lo reconocemos (y) ha terminado siendo aceptado pr谩cticamente por todos los sectores.

Adem谩s, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues termin贸 cambiando el modo de vida de todos los chilenos para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo, y eso sit煤a a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama personal es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese per铆odo, esa contribuci贸n a la historia ha estado permanentemente ensombrecida鈥 (Cosas; 5-5-2000).

Algo similar hizo quiz谩 el m谩s connotado intelectual PS-PPD, Eugenio Tironi (quien incluso asumi贸 鈥搒in nombrarla- la principal tesis de Adam Smith de la 鈥渕ano invisible鈥), al escribir en un libro en 1999: 鈥淟a sociedad de individuos, donde las personas entienden que el inter茅s colectivo no es m谩s que la resultante de la maximizaci贸n de los intereses individuales, ya ha tomado cuerpo en las conductas cotidianas de los chilenos de todas las clases sociales y de todas las ideolog铆as. Nada de esto lo va a revertir en el corto plazo ning煤n gobierno, l铆der o partido (鈥)

Las transformaciones que han tenido lugar en la sociedad chilena de los 90 no podr铆an explicarse sin las reformas de corte liberalizador de los a帽os 70 y 80 (鈥) Chile aprendi贸 hace pocas d茅cadas que no pod铆a seguir intentando remedar un modelo econ贸mico que lo dejaba al margen de las tendencias mundiales. El cambio fue doloroso, pero era inevitable. Quienes lo dise帽aron y emprendieron mostraron visi贸n y liderazgo鈥 (La irrupci贸n de las masas y el malestar de las elites. Chile en el cambio de siglo; Edit. Grijalbo; pp. 36, 60 y 162).

A su vez, esta profunda derechizaci贸n fue entusiastamente elogiada por una pl茅yade de pol铆ticos, economistas, empresarios y acad茅micos de derecha, nacional e internacional. Destacaron en ello, el empresario C茅sar Barros, quien se帽al贸 que a 鈥渦n grupo de amigos empresarios鈥, Lagos, 鈥渢rabajando con cuidado e inteligencia, los convenci贸 de que estaba siendo el mejor Presidente de derecha de todos los tiempos鈥 (La Tercera; 11-3-2006).

A su vez, el entonces presidente de la Confederaci贸n de la Producci贸n y del Comercio, Hern谩n Somerville, se帽al贸 a fines de 2005 que a Lagos 鈥渕is empresarios todos lo aman, tanto en APEC (Foro de Cooperaci贸n Econ贸mica de Asia Pac铆fico) como ac谩, porque realmente le tienen una tremenda admiraci贸n por su nivel intelectual superior y porque adem谩s se ve ampliamente favorecido por un pa铆s al que todo el mundo percibe como modelo鈥 (La Segunda; 14-10-2005). Y el dirigente de la UDI, Herman Chadwick, expres贸: 鈥淓l Presidente Lagos nos devolvi贸 el orgullo de ser chilenos. Hizo grandes reformas en la sociedad chilena que estaba muy ahogada, hab铆a muchos problemas que no se colocaban en la agenda鈥 (El Mercurio; 21-3-2006).

Pero quiz谩 los m谩s elocuentes fueron el cientista pol铆tico RN, Oscar Godoy; y el segundo de Milton Friedman en la Escuela de Econom铆a de Chicago, Arnold Harberger. El primero, consultado en 2006 si observaba un desconcierto en la derecha por 鈥渓a capacidad que tuvo la Concertaci贸n de apropiarse del modelo econ贸mico (neoliberal)鈥, respondi贸: 鈥淪铆. Y creo que eso deber铆a ser un motivo de gran alegr铆a, porque es la satisfacci贸n que le produce a un creyente la conversi贸n del otro. Por eso tengo tantos amigos en la Concertaci贸n; en mi tiempo 茅ramos antagonistas y verlos ahora pensar como liberales, comprometidos en un proyecto de desarrollo de una construcci贸n econ贸mica liberal, a m铆 me satisface mucho鈥 (La Naci贸n; 16-4-2006).

Y el segundo expres贸 en 2007, 鈥渜ue estuve en Colombia el verano pasado participando en una conferencia, y quien habl贸 inmediatamente antes de m铆 fue el ex presidente Ricardo Lagos. Su discurso podr铆a haber sido presentado por un profesor de econom铆a del gran per铆odo de la Universidad de Chicago. El es economista y explic贸 las cosas con nuestras mismas palabras. El hecho de que partidos pol铆ticos de izquierda finalmente hayan abrazado las lecciones de la buena ciencia econ贸mica es una bendici贸n para el mundo鈥 (El Pa铆s, Espa帽a; 14-3-2007).

Pero quiz谩s lo m谩s chocante de todo fue el abandono de los intentos de justicia respecto de las graves violaciones de derechos humanos de la dictadura. As铆, desde el primer momento (隆aunque no se dijo!) el gobierno de Aylwin desech贸 la idea de buscar derogar el decreto-ley de amnist铆a de 1978 (Ver Boeninger; p. 400). Luego se intent贸 sistem谩ticamente aprobar leyes que avalaran legislativamente aquel decreto-ley o que disminuyeran ostensiblemente las penas de los graves violadores de derechos humanos.

Fue el caso del 鈥渁cuerdo marco鈥 en 1990; del proyecto de ley Aylwin en 1993; del proyecto de ley Frei y el acuerdo Figueroa-Otero en 1995;

Lagos y Edwards

de un proyecto de la Comisi贸n de Derechos Humanos del Senado, asumido por el gobierno en 1999; del proyecto de ley de inmunidad de Lagos en 2003; de un proyecto de senadores concertacionistas y aliancistas en 2005; y de un intento de reflotarlo por el gobierno de Bachelet en 2007. Afortunadamente, todos esos intentos fracasaron, fundamentalmente por el peso moral de la tenaz oposici贸n de las agrupaciones de familiares y las diversas ONG de derechos humanos nacionales e internacionales.

Adem谩s, los gobiernos de Frei Ruiz Tagle y Lagos quisieron enviar o mantener (cuando se supo) agregados militares y diplom谩ticos involucrados en graves violaciones de derechos humanos, causando incluso bochornos internacionales en Espa帽a, Ecuador, El Salvador, Honduras, Canad谩, Suiza, Rusia y en la propia ONU. Por otro lado, los sucesivos gobiernos concertacionistas se desinteresaron en los casos judiciales relativos a los asesinatos de Carmelo Soria, Bernardo Leighton y de Carlos Prats; de acuerdo a denuncias de familiares, abogados y ONG de derechos humanos.

Y respecto de Pinochet, los gobiernos concertacionistas lo defendieron primero p煤blicamente cuando en sus viajes al exterior era rechazado por las autoridades o por manifestaciones populares. Luego, el gobierno de Frei lo defendi贸 鈥渃on todo鈥 cuando diputados de la propia Concertaci贸n lo acusaron constitucionalmente a comienzos de 1998 para impedir su vergonzoso ingreso al Senado. A tanto lleg贸 en su defensa el gobierno que expuls贸 de un alto cargo gubernamental a una consejera del PDC (Jacqueline Saintard) por haber votado favorablemente en el Consejo para dejar en 鈥渓ibertad de acci贸n鈥 a los diputados que osaron presentarla.

Y logr贸 la destituci贸n de un funcionario de la administraci贸n del Partido (H茅ctor Ballesteros) por haber votado tambi茅n en ese sentido. Posteriormente, en agosto de 1998 impulsados por un 隆acuerdo entre el senador Pinochet y el presidente del Senado, Andr茅s Zald铆var, se aprob贸 una ley que declar贸 el primer lunes de septiembre como 鈥淒铆a de la Unidad Nacional鈥, en sustituci贸n del feriado del 11 de septiembre! Ley que fue 鈥渟ilenciosamente鈥 derogada en 2002鈥

Y, como es sabido, los gobiernos de Frei Ruiz Tagle y de Lagos se jugaron tambi茅n 鈥渃on todo鈥 para obtener la impunidad de Pinochet luego de su detenci贸n en Londres. Primero, presionando exitosamente al gobierno brit谩nico para que le permitiese volver libremente a Chile; y, despu茅s, presionando tambi茅n exitosamente a los tribunales nacionales de justicia para dejarlo libre por manifiestamente falsas razones de salud mental. En ambos casos, jug贸 un papel clave el socialista Jos茅 Miguel Insulza, como canciller y ministro del Interior respectivamente.

Todo este edificio institucional comenz贸 a resquebrajarse en 2011 cuando un fuerte movimiento estudiantil-ciudadano cuestion贸 especialmente el modelo universitario, pero tambi茅n lleg贸 a formular un ideario de Asamblea Constituyente que sustituyese el conjunto del modelo (鈥渃hileno鈥) pol铆tico y econ贸mico impuesto y consolidado por las dos derechas. Esto 煤ltimo gener贸 una dura reacci贸n del liderazgo concertacionista y particularmente de su corriente 鈥渟ocialista鈥. As铆, Camilo Escalona despreci贸 una Asamblea Constituyente diciendo que era como 鈥渇umar opio鈥. Jos茅 Miguel Insulza -mucho m谩s preocupado- la atac贸 se帽alando que generar铆a un 鈥渆nfrentamiento鈥 entre los chilenos; y que dichas Asambleas 鈥渟e sabe c贸mo comienzan, pero no como terminan鈥.

Y el presidente del PS de entonces, Osvaldo Andrade, se mof贸 abiertamente de ella a trav茅s de 鈥淓l Mercurio鈥, se帽alando que 鈥渦na nueva Constituci贸n la tendr谩n nuestros tataranietos鈥.

Posteriormente, el segundo gobierno de la socialista Michelle Bachelet efectu贸 un tongo de 鈥減roceso constituyente鈥, en que se realizaron centenares de 鈥渃abildos鈥 a lo largo de todo Chile que convocaron a miles de personas que, de buena fe, creyeron que estaban gestando una nueva Constituci贸n. Todo ese 鈥減roceso鈥 termin贸 tristemente en una suerte de proyecto de 鈥渘ueva Constituci贸n鈥 elaborado exclusivamente por el Gobierno y que fue entregado en su hora final鈥 para los archivos.

Luego, la dirigencia ex concertacionista se 鈥渙lvid贸鈥 de esa idea hasta que el 鈥渆stallido鈥 o 鈥渞evuelta鈥 popular de octubre de 2019 gener贸 el p谩nico de las dos derechas, producto de lo cual idearon un maquiav茅lico ardid destinado a neutralizar un movimiento que claramente propon铆a un rechazo total del 鈥渕odelo chileno鈥 (鈥淣o son treinta pesos; son treinta a帽os鈥). As铆, ambas derechas generaron un nuevo 鈥減roceso constituyente鈥 destinado a que, s铆 o s铆, se aprobara plebiscitariamente una convenci贸n (隆no Asamblea Constituyente!) que 鈥揺n virtud de un qu贸rum de dos tercios- no pudiese aprobar democr谩ticamente una nueva Constituci贸n.

Por cierto, no se imaginaron nunca que, teniendo todos los grandes medios de 鈥渄esinformaci贸n鈥 (que nunca hicieron menci贸n de los 鈥渄os tercios鈥, entre otras cosas) e ingentes recursos de campa帽a, tendr铆an tan malos resultados electorales, los que sorprendieron incluso a la generalidad de los analistas y contradijeron las encuestas previas. En efecto, la derecha tradicional no alcanz贸 a adquirir siquiera la 鈥渮ona de confort鈥 que le habr铆a conferido por s铆 misma un poder de veto: el tercio de los convencionales.

Es cierto que acompa帽ada por la otra derecha (ex concertacionista) y por una decena de independientes afines al modelo, tendr谩n con largueza dicho tercio. Pero no es para nada lo mismo. Porque una de las 鈥済racias鈥 del ardid dise帽ado era que le permitiese solo a la derecha tradicional cargar con las 鈥渃ulpas鈥 de mantener una Constituci贸n conservadora y el 鈥渕odelo chileno鈥 (como fue el caso de la d茅cada del 90, con el solapado regalo de la mayor铆a parlamentaria que le hizo la Concertaci贸n a la derecha, a trav茅s de las Reformas constitucionales concordadas en 1989), para que as铆 la ex Concertaci贸n pudiese conservar plausiblemente su imagen de 鈥渃entroizquierda鈥 frente a sus bases electorales, al 鈥渜uedar obligada鈥 a aceptar las condiciones de la 鈥渄erecha鈥 para obtener una 鈥渘ueva鈥 Constituci贸n.

Pero ciertamente que la mayor derrota, lejos, la sufri贸 la derecha ex concertacionista cuyos partidos 隆solo obtuvieron 13 militantes electos como convencionales, es decir, menos del 10% del total! Es m谩s, sufri贸 una verdadera cat谩strofe que, adem谩s, la fragment贸 completamente para las pr贸ximas elecciones presidenciales. Y el penoso espect谩culo que protagoniz贸 el mi茅rcoles pasado (19) debe ser uno de los episodios m谩s pat茅ticos ocurridos en nuestra historia patria. Pero esto tambi茅n va a repercutir muy negativamente en la derecha tradicional que, todo indica, dif铆cilmente recuperar谩 alguna vez un socio de fuste tan incondicional a los grandes grupos econ贸micos, como lo fue la derecha ex concertacionista en sus 24 a帽os de gobierno.

Un socio cuya incondicionalidad no hab铆a tenido tampoco nunca antes. Porque incluso los radicales e iba帽istas 鈥搎ue s铆 fueron incondicionales en cuanto a la mantenci贸n del sistema de hacienda; prohibici贸n de la sindicalizaci贸n campesina; ejercicio de leyes represivas y mantenci贸n (hasta 1958) del sistema electoral que permit铆a el cohecho- fueron capaces de generar un nuevo modelo de desarrollo de industrializaci贸n v铆a sustituci贸n de importaciones que era resistido por el grueso de liberales y conservadores.

Es claro que la gran heterogeneidad de las fuerzas de izquierda partidarias de terminar con el modelo neoliberal extractivista (en lo que muy probablemente concordar谩n los 17 convencionales electos por los pueblos originarios); y el hecho de no contar con los dos tercios de los convencionales har谩 muy dif铆cil lograr en este proceso una Constituci贸n efectivamente democr谩tica.

En esto se ver谩 si la posici贸n del PS -que ser谩 clave en la Convenci贸n- de sumarse al pacto de primarias presidenciales de izquierda fue mero oportunismo; o si sus 10 convencionales militantes (m谩s los 5 independientes electos en su lista) se sumar谩n a una posici贸n de terminar con el 鈥渕odelo chileno鈥. En todo caso, la izquierda qued贸 con bastante m谩s de un tercio de los convencionales, lo que le permitir谩 claramente no avalar de ning煤n modo un acuerdo de 鈥渃ocina鈥 que pretenda darle un fuerte maquillaje al actual modelo.

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