Antonio Turiel - The Oil Crash
Lo cierto es que no tenía intención de escribir un nuevo post hasta dentro de unos diez días. Aparte de toda la carga de trabajo que tenemos ahora mismo, estoy enfrascado en la finalización de mi próximo libro (que tampoco quería escribir, pero que, dadas las circunstancias, me he visto obligado a hacerlo; yo lo hubiera titulado «Trump y la madre que lo parió», pero al final me voy a decantar por un título más convencional aunque no menos ominoso, «El fondo del pozo»).
Llevamos ya dos meses y medio desde que empezó la guerra en Irán, y el estrecho de Ormuz sigue cerrado. De vez en cuando pasa algún barco, pero nada ni remotamente parecido a los 150 barcos diarios que pasaban antes del cierre. Hay una escasez estructural de unos 12-13 millones de barriles diarios de petróleo (el equivalente a un 25% del comercio mundial de esta materia prima energética), por no hablar del gas natural, fertilizantes y otras materias primas que transitaban por allí.
En España se han aumentado las importaciones de petróleo desde México, Brasil y Libia, pero han disminuido las provenientes de otros países ya que la competición global por este recurso es muy intensa ahora. Por esa razón, España solo cubre actualmente el 85% de su consumo de petróleo, y el 15% restante lo está sacando de sus reservas, de los depósitos en territorio nacional, que de este modo pierden el equivalente a un día de consumo nacional por cada semana que pasa. Y España está mejor que el resto de los países europeos gracias a sus 8 refinerías, y obviamente está incomparablemente mejor que muchos otros países en el mundo (dado que a nivel global falta el 25% del petróleo exportable, para que aquí «solo» falte el 15%, en otros lados tiene que faltar más del 25%).
En pocas semanas empezará a faltar queroseno en Europa. En pocos meses faltará diésel. Se han perdido ya alrededor de 1.000 millones de barriles de petróleo de consumo en estos casi tres meses, lo cual implica menos movimiento, menos transformación, menos de lo que hace posible la energía. La inflación sube. El precio de los carburantes va subiendo inexorablemente. En el mundo, empieza a haber problemas de producción de medicamentos, con las cosechas, con la metalurgia… Faltan combustibles para los cargueros en los búnkeres internacionales, lo que repercute en el movimiento de todo tipo de mercancías. Algunos países, desde aquí vistos como periféricos, están comenzando a racionar, y no solo combustible.
Y el conflicto bélico realmente no ha acabado. El bloqueo sigue. Los barcos interceptados o atacados, las escaramuzas, los bombardeos aunque sean limitados. Incluso si se reabriese hoy Ormuz, tardarían meses en normalizar el tránsito marítimo, y eso sin contar con la producción de petróleo, gas, etc. que se ha perdido de manera más o menos permanente. Por eso precisamente hicimos la campaña de «No normal».
Vamos de cabeza a una crisis económica sin parangón, incomparable a ninguna otra en la historia del capitalismo. Y esa crisis económica puede traer el estallido de las burbujas financieras y convertirse en un desastre económico de dimensiones inabarcables.
Y, sin embargo, la consigna aquí es: silencio radio.
En los medios de comunicación se habla de la guerra de Irán en pasado. Van saliendo noticias esporádicamente de las negociaciones, o sobre si el precio del barril de petróleo se mantiene alto (siempre dando el dato de los futuros a tres meses, nunca el precio del barril de entrega inmediata), pero como noticias menores, como detalles quizá un poco molestos o inquietantes, pero nada que afecte a nuestro diario quehacer.
Seguimos pensando en el trabajo, las vacaciones, los planes de futuro… La ministra dice que no hay ni habrá problemas de suministro. Las refinerías, que no han hecho las preceptivas paradas de mantenimiento, van a ajustarse para producir aquello que se necesita. Las bolsas registran máximos. Todo va como debe, todo sigue como ha de seguir. No se ven grandes problemas en lontananza, y mucho menos en proximidad. La guerra, los problemas de suministro, eso son cosa de otros, de esos países que siempre tienen problemas.
La bofetada de realidad va a ser terrible. El despertar va a ser brusco y amargo.
Entiendo que, dado lo delicado de la situación financiera, del miedo a que estallen las burbujas, hay cierta voluntad de quitar hierro, de evitar el pánico. Pero la realidad física es la que es. Nunca en otra crisis faltó tanto petróleo, por no hablar del resto de materias primas, ni en cifras absolutas ni en cifras relativas. En EU, la inflación del mes de abril llegó al 18% en tasa anualizada. En Canarias, el mes de abril se registró un 7,6% menos de turistas.
La realidad se nos echa encima. Pero, mientras tanto, la consigna sigue siendo: silencio radio. Eso nos permitirá escuchar mejor el silbido del golpe antes de que nos alcance. Y la algarabía posterior de toda la gente que se despertará, nunca mejor dicho, de golpe.
* Científico en el español Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, editor del blog The Crash Oil
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