Abr 26 2007
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Economía

Estados Unidos. – HABLANDO DE TERRORISTAS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Posada Carriles ha participado en todas las formas de sabotaje, atentados y cr√≠menes horribles contra la Revoluci√≥n cubana, el m√°s execrable de todos, el de la voladura de un avi√≥n de pasajeros con rumbo a Cuba y que dej√≥ el saldo de 76 muertos. Un crimen atroz que Posada justificaba alegando que ¬ęse trataba de comunistas¬Ľ. En realidad en el aparato viajaban inocentes pasajeros, el equipo juvenil de esgrima de Cuba y, por supuesto, la tripulaci√≥n, todos ellos evidentemente comunistas muy peligrosos.

Este individuo es responsable de atentados con bombas, intentos de asesinar a Fidel, activa participación en las filas de la contrarrevolución en Centroamérica y muy posiblemente esté implicado en los ataques a la economía cubana con enfermedades que diezmaron la población porcina de la isla o virus genéticamente manipulados que produjeron un tipo desconocido hasta entonces de dengue hemorrágico, fatal en muchos casos.

Por su participaci√≥n en la voladura del avi√≥n estaba siendo juzgado en Venezuela de donde escap√≥; sus autoridades lo solicitan para continuar el juicio pero Estados Unidos se niega a extraditarlo alegando que all√≠ ¬ępuede ser torturado¬Ľ. Todo un sarcasmo porque no se conoce ni un solo caso de torturas ni tan siquiera malos tratos a prisionero alguno durante el mandato de Hugo Ch√°vez mientras W√°shington es responsable de Abu Ghraib, Guant√°namo, secuestros y c√°rceles secretas y de leyes que de hecho legalizan precisamente la tortura.

El exilio violento de Miami lo recibe con muestras de gran entusiasmo. Ser√° un terrorista m√°s que se pasee por sus calles impunemente, con las manos manchadas con sangre inocente. Terroristas de cabo a rabo, pues a√ļn admitiendo las dificultades existentes para definir correctamente el t√©rmino, en algo si coinciden todas las voces: un acto terrorista es aquel que golpea a personas inocentes, no vinculadas directamente al conflicto; una acci√≥n indiscriminada que persigue sembrar el terror entre la poblaci√≥n civil ya sea mediante un bombardeo sobre ciudades alemanas, una bomba at√≥mica sobre los japoneses, la destrucci√≥n sistem√°tica de un pa√≠s, la limpieza √©tnica o cualesquiera de las otras formas de terror que vivimos a diario y que hacen v√≠ctimas entre la poblaci√≥n no combatiente.

Luis Posada Carriles ha sido desde siempre un alumno destacado de la escuela del terror, entrenado y pagado por las autoridades estadounidenses y peón de primera fila en las peores causas contra su propia gente (la población de Cuba) o contra cualquiera que Wáshington coloque como objetivo.

Seguramente que a no pocos en los Estados Unidos les resulta inc√≥modo que su gobierno convierta a un terrorista en un pobre anciano, enfermo y aparentemente inofensivo cuyo √ļnico delito ha sido no decir toda la verdad a las autoridades migratorias sobre la forma en que ingres√≥ ilegalmente al pa√≠s. Para otros muchos, que descubren cada d√≠a que pasa c√≥mo se manipula a la opini√≥n y c√≥mo se miente sistem√°ticamente desde los medios de informaci√≥n, la libertad de Posada constituye una verg√ľenza m√°s y un nuevo desmentido a la supuesta lucha contra el terrorismo, pues a todas luces no parece √©ticamente aceptable distinguir entre terroristas buenos y malos.

Voces muy destacadas solicitan a su gobierno que detengan al individuo, lo someta a un juicio por todos sus crímenes y no convierta a su país en cómplice y alcahueta de criminales.

A ellos se suman ya varios premios Nobel, intelectuales, destacadas personalidades y miles de gentes sencillas que no entienden c√≥mo se puede actuar con tanta desfachatez, con tan diferentes varas de medir, con tama√Īa complicidad. Recuerdan adem√°s c√≥mo, al tiempo que Posada Carriles pasea ya libre y tranquilo por la soleada Miami, cinco cubanos enviados a realizar el seguimiento de las actividades terroristas del exilio cubano y poner a las autoridades sobre aviso contin√ļan presos en Estados Unidos luego de haber sido sometidos a un juicio carente de las garant√≠as m√≠nimas que asegura la misma legislaci√≥n estadounidense, condenados a largas penas y en condiciones inhumanas. Ni siquiera ha valido que una corte haya declarado nulo aquel juicio por evidente parcialidad.

El contraste entre los cinco de Cuba (que ya son héroes en la Isla) y Posada Carriles no puede ser más expresivo de lo que es la justicia en Estados Unidos. A los primeros se les ha sometido a toda clase de vejaciones, sus familiares no les pueden visitar, no se ha podido mostrar una sola prueba que indique falta alguna contra los intereses de los Estados Unidos. El vínculo artificioso entre ellos y el derribo de aviones que violaban el espacio aéreo de Cuba no se sostiene.

A los cinco de Cuba realmente el √ļnico delito del que se les puede acusar es precisamente el mismo que las autoridades endilgan a Posada Carriles: entrar a los Estados Unidos mintiendo a las autoridades migratorias. Dadas las circunstancias, es obvio que ellos no pod√≠an darse a conocer como agentes cubanos destinados a infiltrarse en los grupos exaltados del exilio que desde siempre han practicado el terrorismo con la ayuda de las mismas autoridades estadounidenses.

La puesta en libertad de Posada Carriles obedece en parte a la presi√≥n del exilio cubano que mantiene una enorme influencia en W√°shington. Algo que ya incomoda a muchos por considerar poco o nada conveniente que un grupo de exilados mantenga secuestrada la pol√≠tica exterior de los Estados Unidos hacia Cuba como si no hubiese terminado la Guerra Fr√≠a. A√ļn quienes suscriben la idea de aplastar esta revoluci√≥n por el significado que tiene para la regi√≥n (su sola permanencia demuestra que si es posible sobrevivir a pesar de ser objeto de la hostilidad permanente de la primera potencia del planeta), √©stos han terminado por comprender que los caminos del terror y la intervenci√≥n grosera han fracasado rotundamente.

Pero la liberación de Posada obedece también a otros motivos, seguramente inconfesables. Wáshington no quiere iniciar un juicio por terrorismo a este sujeto porque sabe demasiado. Como en las mejores familias mafiosas, no es conveniente presionar mucho a alguien que puede destapar la caja de los truenos y mostrar toda la miseria humana, toda la indignidad e hipocresía de la política estadounidense hacia Cuba, todos los compromisos oscuros y criminales en Centroamérica, todas las operaciones que violan las mismas leyes de los Estados Unidos, incluyendo la voladura del avión de pasajeros.

Pero, como suele ocurrir entre delincuentes, no ser√≠a extra√Īo que en lugar de promesas de trato preferente para que guarde silencio Posada Carriles fuera v√≠ctima mortal de un fortuito accidente de tr√°fico, de una repentina enfermedad que a su edad y por su condici√≥n no despertar√≠a sospechas o de alg√ļn atentado del que podr√≠a acusarse a los mismos cubanos. Muchos respirar√≠an tranquilos en el Pent√°gono; no pocos dormir√≠an mejor en las oficinas de la Central de Inteligencia Americana.

Seguramente que esta √ļltima alternativa rondar√° la cabeza del propio Posada Carriles. No ser√≠a la primera vez que se sacrifica a alguien para asegurar su silencio y salvar a los verdaderos responsables. No pueden arriesgarse a que el sujeto en cuesti√≥n empiece a utilizar el ventilador para que las heces que le cubren lleguen a quienes pretendan dejarlo cargar con todas las culpas o desean deshacerse de √©l discretamente si el asunto se les sale de las manos.

Por ahora parece que Posada y sus gestores se van entendiendo bien. Pero la presi√≥n nacional e internacional y el desprestigio enorme que acarrea a W√°shington el tratamiento de favor a un terrorista de la cala√Īa de Posada Carriles puede obligar a las autoridades a un cambio radical de pol√≠tica.

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Dadas todas estas circunstancias don Luis debe tener dificultades para conciliar el sue√Īo y conociendo como conoce la moral de sus patronos deber√° cruzar las calles con sumo cuidado y percatarse bien antes de poner en marcha su auto, no sea que los inquietos muchachos de la CIA o alguno de sus mismos compa√Īeros de andanzas piense que es mejor silenciarlo a tiempo y no arriesgarse innecesariamente a ver ese ventilador distribuyendo responsabilidades a diestro y siniestro (y nunca mejor dicho!).

Y si no, que le pregunten al pobre de Uribe Vélez, al que al parecer la misma oligarquía colombiana y la embajada estadounidense mueven el andamio ante las denuncias que cada día lo vinculan más y más con los horrendos crímenes del paramilitarismo y lo convierten en un aliado incómodo e impresentable para Wáshington.

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* Periodista. Tomado del diario espa√Īol Cantabria Confidencial.
www.cantabriaconfidencial.com.

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