Jul 29 2012
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Econom铆aSociedad

Explotaci贸n minera a gran escala en Ecuador: cinco falacias del neoextractivismo

El gobierno, sectores empresariales y poblaci贸n urbana y rural diversa respaldan la tesis de explotar la riqueza minera argumentando que:
1. 芦Los ingresos econ贸micos producto de la miner铆a permitir谩n superar la pobreza y actuar谩n como un motor para el crecimiento econ贸mico鈥;
2. 芦La incursi贸n en actividades extractivas generar谩 nuevos y numerosos empleos鈥;
3. 芦Los impactos ambientales que generar谩n las actividades mineras pueden ser revertidos鈥;
4. 芦El horizonte de largo plazo es el post-extractivismo鈥 y
5. 芦Quienes se oponen a la miner铆a no presentan opciones鈥.| MARTHA MONCADA.*

 

El potencial minero del Ecuador otorga al pa铆s la posibilidad de convertirse en un importante abastecedor de varios de los minerales que requiere el desarrollo industrial de las m谩s ricas econom铆as del planeta y cubrir algunos de los rubros de la demanda interna de minerales. La posibilidad de aprovechar este potencial ha dado paso al surgimiento de posiciones antag贸nicas.

 

Por un lado, el gobierno, sectores empresariales y poblaci贸n urbana y rural diversa, respaldan la tesis de explotar la riqueza minera del pa铆s como un medio para disponer de los ingresos que permitan superar la pobreza, expandir la cobertura de atenci贸n de servicios y corregir las asimetr铆as sociales y econ贸micas existentes.

 

Por otro lado, los pueblos y nacionalidades ind铆genas, sus organizaciones, sectores ambientalistas, as铆 como poblaci贸n asentada en ciudades y en el campo, han manifestado su rechazo a la miner铆a a gran escala por sus impactos sobre la naturaleza y por los efectos adversos sobre la continuidad hist贸rica de pueblos ind铆genas que viven en territorios que podr铆an verse abruptamente modificados por la miner铆a.

 

Quienes se oponen a la explotaci贸n minera a gran escala cuestionan, adicionalmente, que la consecuci贸n del desarrollo suponga atravesar una 煤nica v铆a; por el contrario, afirman la existencia de concepciones culturalmente diversas que no necesariamente implican iguales condiciones de vida que aquellas que rigen en el occidente.

 

Estos 煤ltimos argumentos, lejos de ser incorporados como parte de una reflexi贸n seria o de propiciar un debate democr谩tico y transparente, han sido motivo de menosprecio y descalificaci贸n por parte de las autoridades gubernamentales, quienes finalmente, y a煤n violentando disposiciones constitucionales expresas como la consulta previa informada, transparente y 芦de buena fe鈥, han impuesto el inicio de actividades extractivas de gran escala bajo la premisa de alcanzar el 芦bienestar colectivo鈥.

 

Frente a esta imposici贸n, merece la pena develar algunas de las afirmaciones en las que el gobierno ha sustentado su decisi贸n.

 

Primera falacia: 芦Los ingresos econ贸micos producto de la miner铆a permitir谩n superar la pobreza y actuar谩n como un motor para el crecimiento econ贸mico鈥.

 

Esta afirmaci贸n es uno de los argumentos al que con mayor frecuencia recurren los promotores del neoextractivismo en el 谩nimo de legitimar el impulso de la miner铆a y contener la conflictividad y la oposici贸n de sectores sociales que advierten los impactos negativos de las actividades extractivas. El papel m谩s activo del Estado que caracteriza al actual extractivismo posiblemente permitir谩 la obtenci贸n de mayores ingresos y la puesta en marcha de pol铆ticas redistributivas orientadas a cerrar las brechas de pobreza y las injusticias sociales que enfrentan los pa铆ses poseedores de reservas minerales. No obstante, es una verdad a medias.

 

En los mayores ingresos que supuestamente podr铆an percibir nuestras econom铆as no se contabiliza la p茅rdida de biodiversidad, el deterioro de ecosistemas y de los servicios y funciones ambientales que prestan, la eventual desestructuraci贸n de culturas ancestrales, ni los recursos econ贸micos que ser谩 necesario destinar para descontaminar el agua y la tierra. En la medida en que no se ha realizado un balance objetivo que d茅 cuenta de los activos y pasivos que provocar谩n las nuevas explotaciones extractivas, la afirmaci贸n sobre mayores ingresos debe al menos relativizarse.

 

La obtenci贸n de mayores ingresos como sin贸nimo de riqueza otorga a esta 煤ltima una noci贸n una acepci贸n 煤nicamente cremat铆stica, sin considerar que riqueza es tambi茅n el patrimonio natural y cultural que poseemos, la mayor铆a sin valor econ贸mico en el mercado, a la vez que 芦naturaliza鈥 el proceso de desarrollo seguido por las econom铆as industriales y desconoce que existen otras v铆as y formas de vida para relacionarnos con el entorno.

 

Por otro lado, desconoce o minimiza el hecho de que los sectores extractivos intensifican las presiones ambientales y profundizan las inequidades, pues, las perspectivas de crecimiento econ贸mico son limitadas por la capacidad de carga del ecosistema. Esta mirada parcial 鈥搈谩s ingresos como condici贸n para superar las dificultades actuales- eclipsa, finalmente, un an谩lisis m谩s riguroso sobre el estilo de desarrollo y el alcance y contenido del 芦buen vivir鈥.

 

Segunda falacia: 芦La incursi贸n en actividades extractivas generar谩 nuevos y numerosos empleos鈥.

 

Es probable que en las primeras fases de explotaci贸n de un nuevo proyecto extractivo sea necesaria la contrataci贸n de un n煤mero significativo de trabajadores, sobre todo para las labores de remoci贸n de la cubierta vegetal, apertura de v铆as, construcci贸n de facilidades, instalaci贸n de maquinaria, etc. El empleo temporal requerido para estas actividades disminuir谩 significativamente una vez que el proyecto extractivo entre en operaci贸n. En esta fase, el funcionamiento de maquinaria y equipo, supervisado por t茅cnicos especializados generalmente provenientes de los pa铆ses de origen de la empresa extractiva, sustituye la mano de obra local.

 

De acuerdo a estimaciones, una mina genera 0,9 empleos por hect谩rea, mientras que una arrocera produce 6 empleos por hect谩rea. A la luz de esta realidad, la promesa de generaci贸n de empleo resulta por tanto tambi茅n una verdad a medias y tergiversa lo que ha sido la contribuci贸n de los proyectos extractivos en materia de generaci贸n de empleo.

 

Tercera falacia: 芦Los impactos ambientales que generar谩n las actividades mineras pueden ser revertidos鈥.

 

Este argumento magnifica las bondades de la tecnolog铆a para reparar los da帽os ocasionados a la naturaleza y desconoce que, aun existiendo los recursos econ贸micos suficientes, existen da帽os que son irreversibles.

 

Frente a la complejidad de la naturaleza, m谩s a煤n en zonas de megadiversidad como las que ser谩n afectadas por las actividades extractivas, una postura ajena al antropocentrismo y al optimismo en el progreso tecnol贸gico deber铆a apelar, al menos, al principio de precauci贸n debido a la incertidumbre respecto a la magnitud e intensidad de los impactos que se ocasionar谩n sobre un bosque tropical y sus cuencas hidrogr谩ficas. No existen suficientes experiencias en el mundo como para valorar las implicaciones de ejecutar miner铆a en medio de un 谩rea de concentraci贸n de valiosa biodiversidad como lo pretende hacer Ecuador al inaugurar la miner铆a a cielo abierto.

 

La miner铆a a cielo abierto supone la remoci贸n de inmensas cantidades de tierra por cada gramo de mineral lo que es posible gracias a procesos qu铆micos altamente demandantes de agua y la utilizaci贸n de elementos de alta nocividad como el cianuro y el mercurio. Se calcula que, en el caso de la miner铆a de metales, por cada tonelada de mineral crudo extra铆do se requieren entre 636 y 7.123 litros de agua y que para los minerales no met谩licos, este requerimiento fluct煤a entre 136 y 4.532 litros de agua por cada tonelada extra铆da (Delgado 2011).

 

La ilusi贸n respecto a la reversi贸n de los impactos ambientales generados por la miner铆a regulaciones d茅biles y un control ambiental insuficiente.

 

Cuarta falacia:芦El horizonte de largo plazo es el post-extractivismo鈥.

 

Las econom铆as atadas a la exportaci贸n de materias primas han demostrado una escasa posibilidad de diversificar su matriz productiva y reactivar la producci贸n para el mercado interno. M谩s: en un escenario como el actual, caracterizado por una demanda creciente de materias primas para mantener en funcionamiento a las econom铆as industrializadas, es probable que el aumento de los precios y el mejoramiento relativo de los t茅rminos de intercambio, experimentado en las 煤ltimas d茅cadas, se traduzca en una progresiva reprimarizaci贸n de la econom铆a.

 

En estas condiciones resulta ilusorio pensar que pa铆ses como Ecuador abandonar谩n el neoextractivismo que actualmente impulsan. Lo m谩s probable es que esta nueva estrategia resulte tan adictiva como lo ha sido el petr贸leo desde hace 40 a帽os atr谩s. La 芦trampa de la especializaci贸n鈥 como lo denomina la econom铆a ecol贸gica o la 芦maldici贸n de la abundancia鈥 en palabras de Alberto Acosta, poco han abonado en la diversificaci贸n de la matriz productiva o en un mayor dinamismo para fortalecer la producci贸n orientada al mercado interno.

 

La historia de nuestros pa铆ses ha demostrado que la dependencia de bienes primarios, una vez agotado el mercado del producto 芦estrella鈥 鈥攑or la competencia del mismo producto proveniente de otros pa铆ses, por la saturaci贸n de la demanda, por medidas proteccionistas o por la disminuci贸n de la productividad y de los vol煤menes producci贸n a ra铆z del deterioro de las condiciones de producci贸n (como sucedi贸 en Ecuador con el cacao o m谩s recientemente con el camar贸n afectado por la denominada 芦mancha blanca鈥)鈥, en lugar de promover la diversificaci贸n econ贸mica, lo que hace es presionar por la explotaci贸n de un nuevo producto apetecido por los mercados internacionales y mantener la inserci贸n subordinada de nuestros pa铆ses a la econom铆a mundial.

 

Quinta falacia: 芦Quienes se oponen a la miner铆a no presentan opciones鈥.

 

El actual 茅nfasis concedido a la miner铆a y que, seg煤n sus promotores, luego permitir铆a transitar a una econom铆a post-extractiva, desconoce o minimiza, finalmente, que las potencialidades del pa铆s no se circunscriben al sector extractivo; que existen alternativas que pueden desarrollarse hoy como la agricultura y dentro de este sector, ciertos nichos especializados como la agricultura org谩nica que experimenta una demanda creciente; el turismo responsablemente gestionado; la propia industria, con 茅nfasis en la incorporaci贸n de valor agregado a la producci贸n primaria generada en el pa铆s y a煤n la realizaci贸n de actividades mineras en un esfuerzo pol铆tico consistente orientado a no atentar contra las bases de lo que podr铆a ser una nueva econom铆a, un modelo post-extractivo profundamente respetuoso de los derechos de la Naturaleza y el buen vivir de la poblaci贸n.

 

Este planteamiento contrariamente a bloquear el debate o negar toda forma de extractivismo, se sustenta en la necesidad de estimular una discusi贸n amplia, transparente y democr谩tica respecto a las 谩reas que podr铆a destinar un pa铆s para la realizaci贸n de actividades mineras (d贸nde hacerlo), el tipo de asociaciones que deber铆amos buscar (con qui茅n hacerlo), los par谩metros t茅cnicos, ambientales y laborales que deber铆an caracterizar la ejecuci贸n de actividades extractivas (c贸mo hacerlo) y sobre todo, el destino de los procesos extractivos (para qu茅 hacerlo), en la perspectiva de acordar no solo la distribuci贸n y el destino de la renta minera, sino tambi茅n el sentido mismo de la explotaci贸n de minerales.

 

No deber铆an tener igual ponderaci贸n las actividades orientadas a la extracci贸n de minerales que pueden redundar en el bienestar de los seres humanos, que aquellas cuya finalidad es alimentar a la industria armamentista o las que persiguen satisfacer los apetitos insaciables de la acumulaci贸n.

 

El primer caso puede de justificar el da帽o a la naturaleza bajo determinadas condiciones; la extracci贸n minera para prop贸sitos armamentistas o para acumulaci贸n no pueden de ninguna manera socavar las bases para iniciar una transici贸n hacia un 芦extractivismo indispensable鈥 como lo proponen varios pensadores de la regi贸n (Gudynas 2009 y 2011, Escobar 2012).

 

Bibliograf铆a consultada
鈥 Acosta, Alberto. La maldici贸n de la abundancia. Swiss Aid, Comit茅 Ecum茅nico de Proyectos. Abya Ayala. Quito, 2009.鈥ㄢ Delgado R., Gian Carlo. Bienes comunes, metabolismo social y el futuro com煤n de la humanidad: un an谩lisis Norte-Sur. Fundaci贸n Rosa Luxemburgo. Documento tem谩tico de la conferencia sobre los bienes comunes en Roma. Roma, 2011.鈥ㄢ Escobar, Arturo. 驴Transformaciones y/o transiciones? Post-extractivismo y pluriverso. En: Am茅rica Latina en Movimiento. No. 473. Agencia Latinoamericana de Informaci贸n 鈥揂LAI-. 2012. Pp.14-17鈥
鈥 Gudynas, Eduardo. Diez tesis urgentes sobre el nuevo extractivismo. Contextos y demandas bajo el progresismo sudamericano actual. En: Extractivismo, Pol铆tica y Sociedad. Varios autores. Centro Andino de Acci贸n Popular (CAAP) y Centro Latinoamericano de Ecolog铆a Social (CLAES). Quito, 2009.鈥ㄢ Gudynas, Eduardo. M谩s all谩 del nuevo extractivismo: transiciones sostenibles y alternativas al desarrollo. En: El desarrollo en cuesti贸n. Reflexiones desde Am茅rica Latina. F. Wanderley, ed. Oxfam y CIDES UMSA. La Paz, 2011. pp. 379- 410.
鈥斺
* Soci贸loga. Secretaria t茅cnica de Plan Ecuador.
En Adital (www.adital.com.br) 鈥攓ue cita como fuente al portal del Centro de Estudios Pol铆ticos para las Relaciones Internacionales y el Desarrollo (CEPRID).

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