Sep 28 2023
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Opini贸n

Los periodistas y las guerras

Casi desde los albores de la publicaci贸n de peri贸dicos de gran tirada se habla de la crisis del periodismo. Ya en 1919, Upton Sinclair public贸 The Brass Check, una cr铆tica devastadora al poder del capital para corromper tanto a la prensa como a los periodistas. Sin embargo, esta cr铆tica cobr贸 mayor intensidad con el inicio del nuevo milenio, cuando se hizo evidente que la manipulaci贸n de los medios de comunicaci贸n no solo persegu铆a los intereses del capital, sino tambi茅n los intereses del Estado de seguridad nacional. Fue con la invasi贸n de Irak en 2003 que surgi贸 un nuevo tipo de periodistas, los periodistas incorporados (conocidos en ingl茅s como 鈥渆mbedded journalists鈥), es decir, los reporteros vinculados a unidades militares involucradas en conflictos armados y que, por tanto, informan solo de lo que las autoridades militares permiten, someti茅ndose, as铆, a la censura o la autocensura.

De esta manera, se crean consensos medi谩ticos sobre las guerras que no son m谩s que una dimensi贸n entre muchas otras de la guerra de propaganda. Patrick Lawrence, un destacado periodista estadounidense (como dato curioso, fue 茅l quien cubri贸 la Revoluci贸n del 25 de abril de 1974 en Portugal para The Guardian), autor del reciente libro Journalists and their Shadows, muestra que la manipulaci贸n del periodismo para servir a la pol铆tica de seguridad nacional comenz贸 con la guerra fr铆a a partir de la d茅cada de 1950.

Periodismo de Guerra Fr铆a: oficio del enga帽oAfirma: 鈥淰iv铆 la guerra fr铆a, aunque solo en sus primeros a帽os, y mis recuerdos permanecen v铆vidos. Lo que m谩s me impact贸 fue la histeria de la prensa, de la radio y la televisi贸n. Estas experiencias dejaron cicatrices que el tiempo no ha logrado borrar, y estoy seguro de que no estoy solo en este sentir. Esta histeria alcanz贸 su punto culminante durante los a帽os cincuenta y parte de los sesenta. Los grandes peri贸dicos y las cadenas de televisi贸n le dieron a esa 茅poca su textura y su tono. Trajeron la guerra fr铆a a nuestras puertas, a las radios de nuestros autom贸viles, a nuestros salones. Forjaron una conciencia. Les dijeron a los estadounidenses qui茅nes eran y qu茅 los defin铆a como estadounidenses y, en general, lo que hac铆a que Am茅rica fuera Am茅rica.

Una prensa libre era fundamental para esa autoimagen, y los estadounidenses anhelaban profundamente creer que la ten铆an. Nuestros peri贸dicos y redes de televisi贸n se esforzaron al m谩ximo por mantener esa apariencia de libertad e independencia. El hecho de que esto haya sido una ilusi贸n (que los medios de comunicaci贸n estadounidenses se somet铆an al nuevo Estado de seguridad nacional y a sus diversas cruzadas durante la guerra fr铆a), es ahora una cuesti贸n abierta y evidente. La considero una de las verdades m谩s amargas de los 煤ltimos setenta y cinco a帽os de la historia estadounidense鈥.

Una cuesti贸n salta a la vista. 驴Est谩n Europa y Am茅rica del Norte inmersas en una nueva guerra de propaganda, ahora en relaci贸n con la guerra de Ucrania? No tengo dudas de que es as铆. 驴Cu谩ntas verdades amargas sobre la historia reciente (nuestro presente) de Europa se conocer谩n en los pr贸ximos a帽os?

Las preguntas m谩s generales que los lectores menos intoxicados por la propaganda formulan son las siguientes. 驴Los periodistas creen en las noticias de las que informan y en lo que escriben? 驴O saben que est谩n falseando la verdad y desinformando, pero esa es la 煤nica alternativa para mantener sus empleos? Estas preguntas cobran especial relevancia en lo que respecta a lo que los corresponsales de guerra o enviados especiales informan sobre la guerra. Es cierto que la guerra de propaganda no funciona sin excepciones. caricatura putin guerra ucrania

En el caso de la guerra en Ucrania y en relaci贸n a los periodistas portugueses, es justo destacar el caso de Bruno Amaral de Carvalho. Pero, en general, las respuestas a estas preguntas, si alguna vez son posibles, solo lo ser谩n dentro de muchos a帽os. Tal vez por eso, y por ahora, solo nos queda informar sobre periodistas que fueron corresponsales en guerras anteriores, que fueron 芦incorporados禄 antes de que el t茅rmino existiera, pero que aun as铆 tuvieron el coraje de observar con mayor independencia lo que vieron y de publicar lo que escribieron cuando la censura lo hizo posible. Un caso muy especial es el de Curzio Malaparte (1898-1957) en su libro Kaputt, publicado por primera vez en 1944, considerado uno de los mejores libros sobre la guerra.

Es un libro pol茅mico y no constituye precisamente el relato de un corresponsal de guerra. Malaparte comenz贸 siendo partidario del fascismo italiano y entusiasta de Mussolini, pero rompi贸 con ambos en 1933 y fue arrestado en varias ocasiones. A partir de 1941, comenz贸 a cubrir la segunda guerra mundial para el Corriere della Sera. Estuvo en varios frentes de guerra (como en Ucrania, que en ese momento formaba parte de la Uni贸n Sovi茅tica) acompa帽ando a las tropas nazis. Muchos de sus art铆culos fueron censurados y solo se publicaron m谩s tarde. A pesar de la ambig眉edad de su trayectoria pol铆tica, su libro es una cruda representaci贸n de la violencia de la guerra y la corrupci贸n moral de las 茅lites europeas que la promov铆an. Es posible que sus relatos no sean completamente fidedignos y que mezclen hechos con ficci贸n. Sin embargo, aun as铆, las atrocidades cometidas son evidentes. Narra las perpetradas por los nazis con los que convivi贸, pero no se puede descartar que los aliados tambi茅n cometiesen tales actos.

Los prisioneros rusos en Ucrania (entonces parte de la Uni贸n Sovi茅tica)

Reunidos en un koljoz cerca del pueblo de Nemyriv, los prisioneros fueron sometidos a una prueba que consist铆a en evaluar qui茅n sab铆a leer bien y qui茅n era analfabeto o semianalfabeto. Ten铆an que leer el diario Pravda. Los resultados de la prueba realizada a 118 prisioneros fueron los siguientes:

鈥淓l examen dur贸 aproximadamente una hora. Cuando el 煤ltimo grupo de tres prisioneros complet贸 los dos minutos de lectura, el coronel se volvi贸 hacia el Feldwebel y le dijo: 鈥樎u茅ntelos!鈥. El Feldwebel empez贸 a contar desde lejos, se帽alando a cada hombre con el dedo: 鈥楨in, zwei, drei鈥︹. A la izquierda est谩n ochenta y siete reprobados, a la derecha treinta y uno que hab铆an pasado con 茅xito la prueba. Luego, a petici贸n del coronel, el Sonderf眉hrer empez贸 a hablar. Parec铆a un director de escuela insatisfecho con sus alumnos. Dijo que estaba decepcionado, que ten铆a pena de haber reprobado a tantos, que hubiera preferido haberlos aprobado a todos.

Un soldado ucraniano y un militar ruso esposado, fotografiados en J谩rkiv el 31 de marzo de 2022.En cualquier caso, a帽adi贸, aquellos que no pudieron aprobar el examen no ten铆an motivos para quejarse, siempre que trabajen y demuestren m谩s competencia que en la escuela. Mientras hablaba, el grupo de prisioneros exitosos miraba a sus camaradas menos afortunados con aire compasivo, y los m谩s j贸venes apoyaban los codos en las costillas de los otros y se re铆an. Cuando el Sonderf眉hrer termin贸 de hablar, el coronel se volvi贸 hacia el Feldwebel y dijo: 鈥楢lles in Ordnung. Weg鈥, y se dirigi贸 hacia su cuartel general, seguido por los dem谩s oficiales que, de vez en cuando, miraban hacia atr谩s e intercambiaban susurros.

鈥淪e quedar谩n aqu铆 hasta ma帽ana y ma帽ana partir谩n hacia el campo de trabajos forzados禄, dijo el Feldwebel al grupo de la izquierda. Luego, se volvi贸 hacia el grupo de la derecha, que hab铆a pasado la prueba, y les orden贸 severamente que se alinearan. En cuanto los prisioneros formaron una hilera apretada, toc谩ndose los codos unos con otros 鈥損arec铆an satisfechos y se re铆an, mirando a sus compa帽eros como si se burlaran de ellos鈥, el Feldwebel los cont贸 r谩pidamente y dijo: 芦Treinta y uno禄, y se帽al贸 con su mano a un pelot贸n de hombres de las SS que esperaban al final del patio. Y orden贸: 芦隆A la derecha, dad la vuelta!禄. Los prisioneros giraron a la derecha, avanzaron golpeando el barro con los pies, y cuando se encontraron cara a cara con el muro que rodeaba el patio, el Feldwebel orden贸: 芦隆Alto!禄 Luego, volvi茅ndose hacia los hombres de las SS que se hab铆an alineado detr谩s de los prisioneros y que ya hab铆an levantado sus pistolas Thompson, se aclar贸 la garganta, escupi贸 al suelo y grit贸: 芦隆Fuego!禄.

Al o铆r el ruido de los disparos, el coronel, que se encontraba a unos pasos de la oficina, se detuvo y gir贸 bruscamente; los otros oficiales se detuvieron y se dieron la vuelta tambi茅n. El coronel se pas贸 la mano por la cara como si se secara el sudor y, seguido de sus oficiales, entr贸 en el edificio, pasando a mi lado. 芦Hay que limpiar a Rusia de toda esta chusma educada. Los campesinos y trabajadores que saben leer y escribir demasiado bien son peligrosos. Todos son comunistas禄.

Las prostitutas jud铆as de Rumania

Las j贸venes jud铆as rumanas eran enviadas al frente para servir a los soldados y oficiales alemanes durante veinte d铆as en burdeles. Malaparte visit贸 uno de ellos en Soroca, situada a orillas del r铆o Diniester, hoy parte de Moldavia. Ya era tarde y Malaparte convers贸 con algunas j贸venes.Imagen de archivo de una protesta contra la prostituci贸n en M谩laga.

芦隆Oh, no! Despu茅s de veinte d铆as de trabajo, no valemos para nada. Las vi, vi a las otras禄. Ella se interrumpe y noto que le tiemblan los labios. Ese d铆a tuvo que someterse a cuarenta y tres soldados y seis oficiales. Se r铆e. Ya no puede soportar la vida. El cansancio f铆sico es peor que el asco. 鈥淧eor que el asco鈥, repite sonriendo.

鈥淢e enter茅 de que dos d铆as despu茅s se las llevaron. Cada veinte d铆as, los alemanes hac铆an un cambio de chicas. A las que sal铆an del burdel las met铆an en un cami贸n y las enviaban al r铆o. M谩s tarde, Schenck me dijo que no val铆a la pena sentir mucha pena por ellas. Ya no serv铆an para nada. Estaban reducidas a harapos y, adem谩s, eran jud铆as禄.

鈥溌縀llas sab铆an que las iban a fusilar?鈥, pregunta Ilse.

芦Lo sab铆an. Estaban temblando de miedo. 隆Oh, lo sab铆an! Todo el mundo lo sab铆a en Soroca禄.

Los suicidios en el frente norte

Seg煤n Malaparte, en 1941 muchos oficiales alemanes ya estaban convencidos de que Alemania pod铆a perder la guerra. En el frente norte, como en otros frentes, los suicidios de soldados se volvieron tan frecuentes que Himmler visit贸 el frente con un plan para reducir el suicidio鈥 castigando a los suicidas. Informe reproducido por Malaparte:

鈥溌s horrible! Siempre celebrando, d铆a y noche (los banquetes de las 茅lites), mientras los suicidios entre oficiales y soldados aumentan a un ritmo vertiginoso. Himmler vino personalmente al norte para intentar poner fin a esta epidemia de suicidios. Va por los muertos en prisi贸n. Mandar谩 enterrarlos con las manos atadas. Cree que puede poner fin a los suicidios mediante el terror. Ayer, mand贸 fusilar a tres Alpenj盲ger por intentar ahorcarse. Himmler no sabe que estar muerto es algo maravilloso禄. Me mir贸 con esa mirada que tienen los ojos de los muertos. 芦Muchos se pegan un tiro en la cabeza. Muchos se ahogan en r铆os y lagos (son los m谩s j贸venes entre nosotros). Otros deambulan delirantes por el bosque禄.

Son tres historias atroces de guerra. 驴Noveladas? Es posible, pero no completamente inventadas. 驴Cu谩ntas atrocidades de este o de otro tipo habr谩n sido cometidas en Corea, Vietnam, Irak, Afganist谩n o se est谩n cometiendo hoy en Siria, Yemen y Ucrania? De las primeras, ya sabemos mucho; sobre estas 煤ltimas, tal vez solo lo sepamos dentro de muchos a帽os.

 

*Acad茅mico portugu茅s. Doctor en sociolog铆a, catedr谩tico de la Facultad de Econom铆a y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Co铆mbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EU) y de diversos establecimientos acad茅micos del mundo. Es uno de los cient铆ficos sociales e investigadores m谩s importantes del mundo en el 谩rea de la sociolog铆a jur铆dica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.

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