Jul 18 2023
105 lecturas

Cultura

No lean a Rosencof

 

No lean a Rosencof; se los bato así en plural para ahorrarle laburo a quienes vienen a reescribir la historia que alguna vez ellos mismos garabatearon con el pie encima del cogote de los vencidos.

No lean a Rosencof, porque como dice mi t√≠a Elba, es una lectura que ‚Äútrastoca las ideas‚ÄĚ. Y quienes vienen a reescribir la historia desde los textos escolares (‚Äúcagatintas‚Ä̬†dir√≠a el negro Amaranto) los necesitan embanderados con el paisito del maracanazo, el Boulevard Sarand√≠, la Suiza de Am√©rica¬†que nace y muere en la rambla de los Pocitos.

Y respira en las estancias patricias, de educados modales europeos, generobondadosos y dóciles altivos, orgullosos de una democracia que un día violentaron unos zurdos mesiánicos y unos militares endemoniados, que agarraron de pelela la Tacita del Plata.RADAR Ocio, Cultura y Estilos en Página/12

No lean a Rosencof y menos le junen¬†la ‚ÄúRa√≠z al hombro‚ÄĚ, esa gruesa y profunda ra√≠z que se hunde en la tierra purp√ļrea, quiebra la roca de una hemipl√©jica uruguayes, hasta llegar al marma que nos hace carne picada de la Am√©rica mestiza, negra y criolla.

No lean a Rosencof porque, por ay,¬†mirando para atr√°s se reconocen parte de ese continente que les destruye la postal puntaeste√Īa. Donde fiolan¬†latinos de tripallena ¬†y se doran con el sol del este muchachas cauc√°sicas de pieles embardunadas en cremas y perfumes, tan europeos y gringos como ellas.

No lean a Rosencof y cu√≠dense de no enredarse con la ra√≠z que tironea, como los cuatro caballos de la corona espa√Īola que partieron el cuerpo del Condorcanqui, que con su grito desgarr√≥ el resto de poder que le quedaba al imperio. Grito que tuvo eco en el Asencio del r√≠o Uruguay, envalentonando a un gaucho bailar√≠n y las huestes del Benavidez.

No lean a Rosencof y de paso tampoco lean al Eduardo Acevedo, ni tengan hijos que se llamen Ismael, a riesgo de inmortalizar en el recuerdo que -un día- un ejército de Artigas y Tupamaros (denominación ésta utilizada como insulto entre los carajos de los virreyes) galoparon estas onduladas llanuras.

No lean a Rosencof y no se acerquen a los brotes de la raíz que tienen aroma de pólvora, de aquella banda donde muchos de los que traicionaron al Jefe de los pueblos libres -desde 1830 en adelante- se embarcaron en intrigas y guerras intestinas.

Se declararon blancos o colorados, se aliaron con Unitarios o Federales, se hicieron ‚Äúgerentes‚ÄĚ de imperiales empresas brit√°nicas, sumaron plomo aniquilando al pueblo paraguayo y arrasaron la dignidad sanducera despenando a Leandro G√≥mez. O construyeron un pa√≠s sin reforma agraria, a sable y trabuco, culminando su obra poniendo a Don Jos√© en fr√≠a figura de bronce y caballo de coliseo romano.

No lean a Rosencof porque la palabra (no solo su palabra) es presagio de futuro o de muerte, de un Pepe Batlle que le partió la frente de un balazo a Washington Beltrán, epílogo de un duelo que empezó en los editoriales de El Día y El País.

Porque otros tupé, más acá en el tiempo, desafiaron a duelo al periodista Federico Fasano y al mismo General Seregni; o el balazo que se autodecerrajó Brum -mientras pasaba el Zeppelín- oponiéndose a la dictadura de Terra apoyada por el falangista Luis Alberto de Herrera; los tiros del Paco Espínola y la Alba Roballo en el Paso Morlan.

√öltimas noticias sobre Mauricio RosencofNo lean a Rosencof porque, revisando la partida de nacimiento del patrioterismo, van a descubrir que la √ļnica Tacita del Plata -que dicen era Uruguay- es en la que beb√≠an el t√© de las cinco el¬†pitucaje¬†montevideano clasemediero.¬†Las rechonchas esposas de los patricios latifundistas y los arzobispos prestos a santiguar a nuestros honorables terratenientes y hombres de negocios, gozosos y felices en el ‚ÄúPa√≠s de la cola de paja‚ÄĚ, al decir de Benedetti.

No lean a Rosencof ni distra√≠dos, para no llevarse la decepci√≥n de que la √ļnica ‚ÄúSuiza‚ÄĚ no era de Am√©rica, sino una calle en la villa del cerro donde el ej√©rcito estaqueaba a los trabajadores friyeros en los campos aleda√Īos al arroyo pantanoso. Y donde, un 28 de mayo del cuarenta y pico, dejaron morir prolongando una huelga de hambre que hab√≠an declarado los dirigentes de la Federaci√≥n de la Carne.

O se van a encontrar con los primeros decretos de Medidas Prontas de Seguridad contra los huelguistas solidarios del ’55, la militarizaci√≥n de trabajadores del puerto y bancarios, los apaleamientos a los obreros del caucho, a los textiles, a los gr√°ficos, a los ca√Īeros, la persecuci√≥n contra la organizaci√≥n sindical de los funcionarios p√ļblicos.

No lean a Rosencof y cubran sus o√≠dos, para evitar que resuenen en los t√≠mpanos los viejos tangos que pintaban la vida del suburbio, de familias hacinadas en conventillos (‚ÄúSi habr√° crisis, bronca y hambre, que el que compra diez de fiambre, hoy se morfa hasta el piol√≠n‚ÄĚ) o las milongas, lamentos de la peonada a la que nunca le lleg√≥ el calor de la ‚Äúfamilia rural‚ÄĚ (Tiene las crines peinadas, los cuatro vasos herra‚Äôos, y yo ando sin alpargatas con los talones raja‚Äôos. En el establo el caballo tiene muy buena raci√≥n, y en mi plato en la cocina anda de fiesta un rat√≥n).

Pero como el sabor de lo prohibido siempre es excitante y no hay como ser joven para empinarse en el atrevimiento, lean a Rosencof.Con Mauricio Rosencof, sobre su nueva novela "La Caja de Zapatos". Por Ana Jerozolimski

L√©anlo sugiero, como tomando unas grapas en el esta√Īo de un fantasmal boliche de esquina, acompa√Īado por la potente voz del Yamand√ļ Palacios, que alz√≥ el vuelo de los peones del arrozal (‚ÄúAl compadre Juan Miguel, no le pagan el jornal y, aunque no haiga de comer, lo mesmo hay que trabajar‚ÄĚ).¬†O a ese flaco, como con voz de otro,¬†que era Zitarrosa y su milonga ca√Īera (He venido caminando desde Artigas hasta ac√°, todo el camino gritando, ‚ÄúViva Sendic y UTAA‚Äú‚ÄĚ).

Lean a Rosencof al calor de una Am√©rica y una √Āfrica prendida en llamas por una definitiva independencia. Y j√≥venes parisinos reclamando lo imposible, de cancheros¬†funcionarios yankees mascando chicle y sembrando golpes de Estado, de gobiernos venales entregando la soberan√≠a al FMI, de estudiantes asesinados en movilizaciones, del profesor Arbelio Ram√≠rez muriendo desangrando de un disparo, mientras el Che suger√≠a en Uruguay no tirar un tiro.

De una democracia uruguaya que, de tan republicana, trampeaba con la ley de lemas la voluntad de muchos electores, condenando a cumplir un rol meramente testimonial a los colorados de Zelmar o los nacionalistas de Quijano.

Caminen sobre la ra√≠z de Rosencof, y en la intersecci√≥n con cualquier avenida 8 de octubre de cualquier capital del pa√≠s, sabr√°n que desde aquel 8 de octubre de 1851 los bandos beligerantes siempre realizaron tratativas de paz. Que solo el ej√©rcito y la polic√≠a gubernamental, desde 1969 hasta el fin la dictadura c√≠vico militar, no respet√≥ la m√°xima de ‚Äúclemencia para los vencidos‚ÄĚ, cometiendo la peor deshonra de todas, que es tener -hasta hoy- secuestrada la verdad sobre los detenidos desaparecidos.

Lean a Rosencof sabiendo que, as√≠ como decenas de botijas uruguayos recorren el mundo tras la gloria de una globa, los botijas y las botijas de una era que estaba pariendo un coraz√≥n y al influjo de las brigadas internacionales de la guerra civil espa√Īola, palpitaron junto a los sue√Īos de libertad de los pueblos. En las calles de Chile, en los campos y selvas de Colombia, El Salvador, Nicaragua y otros confines.

Lean a Rosencof, y tambi√©n con parpados entrecerrados, recorriendo con el dedo √≠ndice los renglones de letras aumentados por una lupa. La nueva reescritura de la historia, la pluma del periodista Julio Mar√≠a Sanguinetti y su v√≠nculo con integrantes del Escuadr√≥n de la Muerte, de los nietos de Beltr√°n y sus servicios de baqueano para que aterricen fundaciones de extrema derecha internacional, de los cientos de apellidos de abolengos que hoy disfrutan de las fortunas obtenidas durante la dictadura militar. ‚ÄúLas venas abiertas‚ÄĚ por la que se siguen fugando los capitales.

Si no les pica esta vital curiosidad, entonces volvemos al principio: no lean a Rosencof.

 

Nota:¬†Mauricio Rosencof¬†es un escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo.¬†Fundador de la Uni√≥n de Juventudes Comunistas¬†y dirigente del Movimiento de Liberaci√≥n Nacional – Tupamaros¬†(MLN-T). En 1972 fue detenido y torturado con Jos√© Mujica¬†y Eleuterio Fern√°ndez Huidobro.Tras el golpe de Estado de 1973 fue declarado ¬ęreh√©n¬Ľ junto a ocho revolucionarios¬†m√°s. Tras doce a√Īos de c√°rcel, fue liberado en 1985 al terminar la dictadura e instalarse el nuevo parlamento que aprob√≥ una consensuada ley que dejaba en libertad a los presos pol√≠ticos.

 

(*) Periodista en Caras y Caretas, presidente sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). Columnista en Mate Amargo, CX 40 Radio Fénix, Radio Gráfica.

 

 

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.