Sep 19 2022
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Política

Progresismo: aprender a desaprender

En los √ļltimos a√Īos, Am√©rica latina se ha ubicado en el centro de la disputa entre las dos grandes potencias: Estados Unidos y China, atrapada en un mundo en el que se est√°n cambiando irremediablemente las reglas de juego. Hay crisis global: del sistema pol√≠tico institucional, de la globalizaci√≥n, del capitalismo. Crisis civilizatoria y, en nuestro caso, son cr√≠ticas las posibilidades de integraci√≥n.

Primera ola: Lula, Ch√°vez, los Kirchner

No lo olvide: Hace 23 a√Īos ya, un 8 de diciembre de 1998, Hugo Ch√°vez se adjudicaba las elecciones presidenciales en Venezuela. Quiz√° fue el puntapi√© inicial de una nueva historia en Am√©rica Latina y el Caribe. √Čl se dec√≠a revolucionario, otros lo etiquetaron de progresista.

En medio de una ofensiva a fondo de la derecha m√°s reaccionaria y dependiente, el progresismo no sale de su laberinto, incapaz de redise√Īar sus discursos y sus formas de acci√≥n. Algunos de aquellos primeros gobiernos progresistas se dedicaron m√°s a defender lo logrado que a profundizar los cambios. Hoy la derecha est√° imponiendo un cambio cultural, con la meta de romper los valores progresistas y los lazos solidarios que se hab√≠an tejido.

Vivimos una crisis de ideas, olvidando que es el pueblo la figura cultural de cualquier cambio, que se debe partir de considerar al pueblo ‚Äďa los pobres- como sujetos de una pol√≠tica progresista, y no como meros objetos de la misma, para no seguir con el asistencialismo social y la creciente desigualdad.

Se hace necesario tener conciencia de que venimos sufriendo 40 a√Īos de un orden neoliberal que entr√≥ en crisis, a lo que suma el parate de la pandemia: el comercio mundial, que era el doble del Producto Interno Bruto (PBI) mundial, hoy tiene cifras similares al actual PBI, que ‚Äďpor otro lado, pandemia y guerra mediante- se redujo en un tercio.

Parece ser el ocaso de los países centrales, que fueron entrando en crisis absoluta: el Reino Unido abandonó la Unión Europea, Estados Unidos quiere mantener su hegemonía con dos estilos distintos (Trump-Biden) pero una misma meta, que desembocó en la guerra en Ucrania, reforzando la bélica Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN, desatando la crisis salvaje en la Europa occidental.

Los estertores de la crisis llegan a la ridiculez de que se convierte en el ‚Äúvocero‚ÄĚ de Europa un triste comediante como Volod√≠mir Zelenski, que lleva al exterminio de buena parte de su pueblo y a la destrucci√≥n de su pa√≠s. Por suerte el Mercosur impidi√≥ que hablara en la cumbre del grupo.

Lo cierto es que estamos en una nueva etapa de colonizaci√≥n, con el surgimiento de nuevos conflictos interestatales, cuando las preguntas se repiten: ¬ŅHay izquierda, hay partidos, hay movimiento sindical?

Cuando parec√≠a que la √ļnica izquierda era la calle, tambi√©n la derecha comenz√≥ a tomar los espacios p√ļblicos, junto a los evangelistas. La democracia representativa, la propiedad privada, la cultura eurocentrista, el sufragismo y los partidos pol√≠ticos son algunas de las verdades reveladas que organizan nuestra vida institucional, nuestras democracias declamativas desde el siglo 19. La profundidad de la crisis actual cuestiona a la modernidad y al capitalismo.

El Nuevo Progresismo Latinoamericano ‚ÄĒ CELAG

¬ŅSegunda ola?

El sentido de buscar el poder del Estado debiera ser utilizado para derrotar a la clase dominante, no para dormir con ella.

Menos de una d√©cada despu√©s, algunos intelectuales ‚Äúprogresistas‚ÄĚ, desde √°mbitos acad√©micos progresistas y/o socialdem√≥cratas, con el apoyo, generalmente, de ONGs y fundaciones europeas, se√Īalan que no hubo gobiernos progresistas en la regi√≥n, y que la lucha se dirime hoy entre dos derechas, una modernizante o desarrollista y otra olig√°rquica. Hablan de un neoliberalismo transg√©nico. ¬†¬†

Es triste ver a ind√≠genas y trabajadores inducidos a votar por la derecha o la ultraderecha para que desde la ‚Äúresistencia‚ÄĚ se puedan refundar los movimientos de la izquierda y desde all√≠ buscar transiciones.¬†¬†

El pensamiento progresista sigue demasiado influenciado por los viejos dogmas y las a√Īejas recetas de lucha, sin lograr visualizar los intereses que se debaten en la regi√≥n, con sus extensiones de maniobras pol√≠tico-partidarias, judiciales, medi√°ticas, militares y paramilitares. El Estado sigue siendo el punto de confluencia de las correlaciones de fuerzas sociales. Obviamente, desde la √≥ptica de los proyectos populares (no digamos los revolucionarios), siempre es mejor contar con gobiernos progresistas al frente de los Estados.

En la región se observa la insistencia en la aparición de una nueva ola progresista, marcada por la moderación y sin la presencia de liderazgos carismáticos como los de Hugo Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa o Néstor Kirchner, ola amenazada por una resistencia de parte de las elites latinoamericanas aferradas al ideario ortodoxo de ajuste.

Entonces, antes de afirmar contundentemente que nos encontramos atravesando una ‚Äúsegunda ola‚ÄĚ del llamado ‚Äúciclo progresista‚ÄĚ, deber√≠amos evaluar las condiciones de posibilidad de gobiernos que no logran recrear y crear la potencia que otorga el poder y la organizaci√≥n popular que, sin dudas, tambi√©n organiz√≥ el triunfo en las urnas. No se trata de desconocer la val√≠a del signo ideol√≥gico de estos gobiernos, sino en analizar los programas propuestos y las correlaciones de fuerzas sociales.

En julio de 2019 el Grupo de Puebla naci√≥ para juntar l√≠deres progresistas al momento del reflujo de la ‚Äúprimera Segunda ola progresista en Am√©rica Latina: miradas y desaf√≠os - NODALola‚ÄĚ,luego que algunos gobiernos de derecha (Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia) destruyeron la Uni√≥n de Naciones Suramericanas (Unasur) y los cimientos de la integraci√≥n regional. Quiz√° lo m√°s interesante desde su creaci√≥n es la incorporaci√≥n de personajes -expresidentes, exministros- con gesti√≥n de gobierno y capacidad para mirar retrospectivamente e intercambiar ideas sobre sus experiencias al frente de un Estado.

Pero pensar que el cambio puede estar en las figuras ‚Äúhist√≥ricas‚ÄĚ de Pepe Mujica, Lula da Silva, Fernando Lugo, Rafael Correa, Evo Morales o Cristina Kirchner, es apostar por el pasado. M√°s all√° de los logros en sus gobiernos, fueron incapaces ‚Äďo no les interes√≥- crear el recambio generacional y adaptar las propuestas a un mundo que ha mutado y donde no se sembr√≥ ciudadan√≠a.

¬ŅCapitalismo con rostro humano? ¬ŅDe lo malo, lo menos malo? ¬ŅUna tercera v√≠a, una nueva socialdemocracia?¬†¬†El Grupo de Puebla, en¬†el documento Un modelo de desarrollo solidario, propone la superaci√≥n de la desigualdad social, la b√ļsqueda de valor, una nueva pol√≠tica econ√≥mica, la transici√≥n ecol√≥gica, la integraci√≥n como construcci√≥n de la regi√≥n y una nueva institucionalidad democr√°tica, un rol activo del Estado, reformas tributarias, salud universal y luchar contra el calentamiento global.

Algunos cr√≠ticos se√Īalan que el progresismo del Grupo de Puebla acaba por remozar al capitalismo y que aflora cierta desaz√≥n y perplejidad, cuando se pasa revista a la diversidad de los fundadores, algunos de ellos neoliberales conversos.

Si bien un triunfo electoral es importante, no equivale a una victoria política. Lo central, entonces, es identificar las vías que permitan conquistar, acumular y sostener poder popular real, que permita torcer los destinos y las decisiones políticas. Construir las condiciones subjetivas, en el terreno de la política y la organización, para lograr realizar las transformaciones estructurales necesarias, en un tiempo tan excepcional como el de la pospandemia y la guerra en Ucrania.

Es una ola quizá demasiado moderada y con tintes conservadores, decidida a transar con sectores de la derecha con la excusa de impedir ser arrollados por la ultraderecha, lo que arruina a los movimientos sociales. Se manifiestan formatos éticos-políticos y plataformas económico-sociales lejanos a las exigencias de pueblos que han seguido empobreciéndose, en sociedades que son cada vez más desiguales. Desde la defensa de esta segunda ola edulcorada, se niega una derechización y se prefiere hablar de una polarización.

Y esa ola de progresismo se enfrenta a una derecha a la ofensiva, cada vez m√°s intolerante, antifeminista, privatizadora, m√°s fascista.

La ‚Äúprimera oleada progresista‚ÄĚ no pudo terminar de romper con nuestra dependencia y nuestra falta de diversificaci√≥n econ√≥mica. Hoy, la emergencia de una nueva fase del capitalismo a nivel mundial est√° cambiando las reglas del juego, mientras la lucha entre EU y China tambi√©n se libra en Am√©rica Latina, lo que ordena alianzas, intereses y configura formas de poder mucho m√°s all√° de las instituciones gubernamentales.

A causa de las transformaciones estructurales de la economía mundial han emergido nuevas formas de lucha y nuevos sujetos sociales, que reconfiguran los escenarios de producción y realización del poder popular.

La interna pol√≠tica estadounidense salpica a Latinoam√©rica, pues halcones y palomas operan sus estrategias para el ‚Äúpatio trasero‚ÄĚ. Y cada vez se diferencian menos los republicanos de los dem√≥cratas, Joe Biden de Donald Trump. En las fuerzas progresistas no se acepta que las oligarqu√≠as latinoamericanas son, en general, supermodernas, aggiornadas.

Si el progresismo es el futuro, vayamos pensando en un posfuturo. Este progresismo carece de mayorías parlamentarias en sociedades divididas, con derechas -entre ellas la ultraderecha de los libertarios- fortalecidas por los medios de comunicación y las redes sociales, que usan todos los medios, desde la violencia al lawfare, para que no se modifiquen las reglas de juego.

No debieran sorprender las palabras de Irene V√©lez, ministra de Minas y Energ√≠a colombiana, al mencionar p√ļblicamente el concepto de Decrecimiento como respuesta a la histeria consumista. No entiendo como en las facultades de comunicaci√≥n social no se est√© ense√Īando el gran debate del mundo de hoy: la crisis clim√°tica y la creencia absurda en un modelo de crecimiento lineal en un planeta finito, dijo el presidente Gustavo Petro.

El decrecimiento conecta la crítica al paradigma productivista y la demanda cada vez mayor de materias primas y Decrecimiento: vayamos a menos - economiasolidaria.orgenergía con la crítica al capitalismo, y pone el acento en los límites ecológicos del planeta. Es el punto de partida para pensar horizontes de cambio y alternativas civilizatorias, basadas en otra racionalidad ambiental, diferente de la puramente economicista, que impulsa el proceso de mercantilización de la vida en sus diferentes aspectos

Esta visi√≥n separa a Petro de la primera ola progresista que creci√≥ sobre el neoextractivismo. Los decrecentistas comparten un profundo alarmismo sobre la situaci√≥n de degradaci√≥n ambiental del planeta y la necesidad de cambiar la manera como se vienen haciendo las cosas. Todo esto est√° ligado a muchas pol√≠ticas p√ļblicas que buscan cambios en los patrones de consumo y en el uso de recursos naturales renovables. No es un distractor o una estupidez, es una idea muy poderosa.

Para terminar con los latifundios, con la explotaci√≥n, lo primero que debemos democratizar y ciudadanizar es nuestra propia cabeza, reformatear nuestro disco duro. El primer territorio a ser liberado son los 1.400 cent√≠metros c√ļbicos de nuestros cerebros. Debemos aprender a desaprender, para desde all√≠ comenzar la reconstrucci√≥n. No repitiendo viejos y perimidos an√°lisis, viejas consignas.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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