A pesar del gran gasto público en defensa y de la voluntad de unir la industria militar europea, la dependencia con Estados Unidos continúa siendo muy elevada
La gran mayoría de dirigentes europeos repite que la Unión Europea (Ue) debe dejar de depender del paraguas militar que le ha dado Estados Unidos desde el final de la segunda guerra mundial. Para conseguirlo, los mismos líderes consideran que uno de los pasos clave es reducir la importación de armas de la potencia estadounidense y desarrollar una industria lo suficientemente fuerte y autónoma. Además, en plena crisis de la industria europea –especialmente la del automóvil–, se ve como una opción parareflotar la economía del continente, hoy en un crecimiento anémico.
La misma jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, admitió en la rueda de prensa del Consejo de Defensa de la Unión Europea de este martes que, a pesar de los objetivos de autonomía en materia de industria bélica, el club comunitario continúa dependiendo, y mucho, de potencias extranjeras, especialmente Estados Unidos.
Kallas lamentó que, a pesar del plan de la Ue para el gran rearme que quiere movilizar 800.000 millones de euros en cuatro años, Bruselas no ve que la industria militar europea esté aumentando la producción «como habríamos esperado». «Tampoco se está produciendo lo que se necesita», añadió la máxima representante diplomática del bloque comunitario.
La Ue continúa dependiendo, y mucho, de potencias extranjeras, especialmente de EU
Kallas no es la única que habla con esta honestidad sobre la dependencia de la industria militar europea con la de Estados Unidos. El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, ha lamentado en más de una ocasión que hay tecnología que la Unión Europea no puede producir y tiene que importar de compañías estadounidenses, especialmente en materia de inteligencia.
Además, también hay algunos equipos que son claves para que Ucrania se defienda de la agresión de Rusia, como sistemas de equipos antiaéreos o cazas, que la industria europea es incapaz de producir. Por este motivo, la misma presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió la inclusión de una excepción para poder comprar armas estadounidenses en algunas medidas que, precisamente, pretenden priorizar la compra de material producido principalmente en el bloque comunitario para potenciar la industria europea y reducir dependencias.

De esta manera, en varias iniciativas de este tipo, Bruselas ha aceptado añadir una cláusula en la que permite que las administraciones estatales compren equipamientos militares a Estados Unidos si no lo encuentran en la industria de la Unión Europea, ya bien sea porque es incapaz de producirlo o no alcanzan la fuerte demanda en pleno gran rearme europeo. El caso más destacado donde se ha incluido esta excepción es en el préstamo que la Ue ha aprobado enviar a Ucrania para defenderse del régimen de Vladimir Putin por un valor de 90.000 millones de euros.
Más allá de las dependencias técnicas de la industria bélica europea con la de Estados Unidos, también juega un papel relevante la presión política que ejerce la Administración de Donald Trump contra los aliados europeos.
Entre amenazas de incrementar aranceles o, por ejemplo, invadir un territorio soberano europeo, como es Groenlandia, la Casa Blanca ha conseguido que más de una veintena –al menos dos tercios del total– de los socios de la Alianza Atlántica se hayan sumado a la iniciativa Lista de Necesidades Prioritarias de Ucrania (conocida como PURLpor sus siglas en inglés) de la OTAN.
Este fondo, que yaha recaudado más de 4.000 millones de euros desde que Trump lo impuso, consiste en que los aliados europeos compren armas estadounidenses para enviarlas a Ucrania. Es decir, además de cortar en seco las ayudas a Kiev y que los socios europeos tengan que incrementar a marchas

forzadas la financiación al país ucraniano, el presidente de Estados Unidos ha conseguido que las administraciones europeas compren más armas a la industria de la potencia estadounidense. Un negocio redondo.
Unir la industria militar europea
Los dirigentes europeos basaron, sobre todo al principio del retorno de Trump a la Casa Blanca, la voluntad de conseguir la autonomía militar respecto a Estados Unidos en un importante incremento del gasto en defensa. De hecho, en gran parte presionados por el presidente estadounidense, se han comprometido –a excepción de España– a destinar al menos el 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) a defensa como muy tarde en 2035. Se trata de un incremento sustancial, sobre todo si se tiene en cuenta que la media de gasto de los socios europeos de la Alianza Atlántica se encuentra solamente un poco por encima del 2% del PIB, como España.

Sin embargo, a medida que han ido pasando los meses, cada vez son más los dirigentes europeos que también reclaman una mayor coordinación entre Estados miembros de la Ue y, de esta manera,evitar tener 27 ejércitos e industrias militares completamente independientes. Bruselas hace tiempo que señala que una reducción de esta fragmentación también puede conllevar un ahorro en gasto militar y, a la vez, un incremento de las capacidades en seguridad de la Unión Europea y mucha más autonomía respecto al Pentágono.
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