May 13 2013
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OpiniónSociedad

Un consenso conflictual

conflictLa filosof√≠a pol√≠tica ha discutido a largo del tiempo las diferencias entre la pol√≠tica y lo pol√≠tico. Es as√≠ como podemos considerar que la te√≥rica de la ‚Äúdemocracia radical‚ÄĚ de Chantal Mouffe¬† ha sido una de las m√°s acuciosas sobre este tema al se√Īalar como ‚Äúpol√≠tica‚ÄĚ a las pr√°cticas de la actividad tradicional y como ‚Äúpol√≠tico‚ÄĚ el o los modos en que se instituye la sociedad, esto, la primera pertenecer√≠a al nivel ‚Äú√≥ntico‚ÄĚ y el segundo al nivel ‚Äúontol√≥gico‚ÄĚ.
 

 

…quienes se encierran se convierten en sospechosos.
Elias Canetti.

 

En medio de esta situación venezolana de pre-violencia andarse con digresiones teóricas parece carecer totalmente de sentido, pero es necesario recordar que la política es conflicto, pero es esencial a su existencia el pluralismo y permanente el recuerdo que es absolutamente indispensable impedir se destruya la asociación política.

 

De manera que lo que vivimos en Venezuela bien puede ser definido con¬† palabra gratas a Mouffe: ‚Äúantagonismo‚ÄĚ, ‚Äúagonismo‚ÄĚ, para luego transformar este en un modelo adversarial, una concepci√≥n agon√≠stica y no antag√≥nica de la pol√≠tica, que logre mantener la relaci√≥n adversarial sin que √©sta se transforme en una relaci√≥n amigo-enemigo radical.
‚Ä®

 

Hannah Arendt advirti√≥ que la pol√≠tica es estar juntos partiendo de un caos absoluto de las diferencias, pero tambi√©n record√≥ que sin √©tica ‚ÄĒperdida absolutamente por buena parte de los protagonistas del combate pol√≠tico venezolano‚ÄĒ lo que llega es lo que nosotros llamamos devaluaci√≥n de un cuerpo social.
Sin embargo, la ética es un asunto personal y no colectivo, lo que quiere decir que cada quien es un delincuente o un ciudadano respetuoso, pero las prácticas políticas cotidianas van conformando, desde esa acción individual, lo que denominamos crisis y que puede terminar de los modos más imprevistos o desde la simple repetición de las tragedias ya conocidas.
 

 

Convertir el conflicto ‚Äďsiempre al borde de lo terminal- – en un modo irresoluble y sin reglas del combate pol√≠tico es convertir a la pol√≠tica en un fusilamiento de las ideas. Nadie puede, en estos t√©rminos, hablar con seriedad de un proyecto pa√≠s y la cotidianeidad se convierte, no m√°s, en un proceso aniquilador de toda concepci√≥n v√°lida y de toda posibilidad de sobrevivencia de un cuerpo nacional procesador eficaz del caos natural de las oposiciones que le son inherentes.
 

 

Inmersas en el conflicto las partes no ven m√°s all√° de sus narices y toda la ‚Äúreflexi√≥n‚ÄĚ que se produce se relativiza a encarnizarse con el ‚Äúenemigo‚ÄĚ. Eso constituye un aire irrespirable que a su vez construye una inviabilidad. Eso es exactamente lo que est√° sucediendo con Venezuela: se hace inviable.
 

 

He dicho muchas veces que  no se trata de una especie de elevación mística que nos haga desconocer la gravedad del presente y mucho menos tratar de conjurarlo con un acto de escamoteo mental calificable por la psiquiatría.
Lo que he hablado ‚Äďy ahora mismo hablo-, es de buscar un modelo adversarial que permita restaurar lo pol√≠tico y ello s√≥lo es posible con pensamiento complejo que permita la reconstrucci√≥n de la pol√≠tica.
 

 

Es tambi√©n comprensible que en medio de la brutalidad manifiesta ‚ÄĒpensemos nada m√°s en las agresiones en la Asamblea Nacional venezolana‚ÄĒ resulte todo en una obcecaci√≥n reducida a conservar el poder o a desplazar a sus titulares de circunstancia y que veamos la absoluta ceguera reflejada en las redes sociales como imposibilidad para intentar una elevaci√≥n de la mirada.
El presente se hace as√≠ todopoderoso con olvido de la mirada del d√≠a siguiente, una que bastante ayuda siempre a no ver las realidades, por m√°s da√Īinas que sean, como inmutables.
 

 

El aire venezolano es irrespirable, el manique√≠smo la norma de comportamiento, la insuficiencia te√≥rica m√°s que manifiesta, la incapacidad de las miradas m√°s que obvia. Podr√≠amos rese√Īarla como el de un pa√≠s sin una pol√≠tica de aliento y de un accionar pol√≠tico de entelequia. Eso conduce al hartazgo y cuando el hartazgo llega se producen las rupturas, los quiebres, unos generalmente determinados por el azar y por la acci√≥n del m√°s audaz o por la fortuna de ser el primero en llegar.

 

La conclusión/diagnóstico se aleja cada día de un cuerpo social a flote en la vulnerabilidad lo que significará que decidir puede ser un  verbo en proceso de alejamiento para convertirnos en un país a merced.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Escritor.

Addenda del autor
Para entender la diferencia entre antagonismo y ‚Äúagonismo‚ÄĚ planteada por Mouffe es necesario recurrir a la bioqu√≠mica. Un ‚Äúagonista‚ÄĚ puede unirse a un receptor celular y provocar una respuesta de la c√©lula para estimular una funci√≥n, espec√≠fica o adversa, mientras que un antagonista se une a un receptor al que no solamente no activa sino que lo bloquea.
Es ese el pensamiento de fondo de la pensadora belga sobre este tema: ‚Äúconvertir el antagonismo en ‚Äėagonismo‚ÄĚ, superando la ilusi√≥n de una sociedad reconciliada por una salida racional que implica el reconocimiento de los oponentes en cuanto a part√≠cipes de una misma asociaci√≥n pol√≠tica y de un mismo espacio simb√≥lico.
En el caso venezolano cada parte tiene ‚Äúsu‚ÄĚ verdad y el tratamiento que se dan es el de enemigos, lleg√°ndose al extremo de tratar el conflicto como un enfrentamiento del bien contra el mal, e implicando elementos religiosos de alta peligrosidad, con olvido de la contingencia de las creencias. Es, pues, probable, que necesitemos no m√°s que un consenso conflictual.

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