Nov 28 2019
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Opini贸nPol铆tica

Usos y abusos de los juegos dem贸cratas: entre nacionalismos y chovinismos el gran abrazo

Nunca como hoy la cuesti贸n de la democracia ocup贸 un lugar tan destacado en las luchas pol铆ticas y sociales de Am茅rica Latina. La reciente contienda electoral en Uruguay, nos deja algunas ense帽anzas para reflexionar profundamente sobre los usos y abusos de la democracia, en ese profundo desuso de la ideolog铆a, que se podr铆a resumir como una derrota (la izquierda) con sabor a triunfo y un triunfo con sabor a derrota (la derecha).

Es as铆 que, en ese vale todo, el tiempo del hombre pol铆tico actual parece destinado a reducir a fogononazos ef铆meros los esfuerzos tendientes a instaurar 贸rdenes de convivencia, que se sue帽an para abarcar los grandes ciclos hist贸ricos, ignorando aquellas ense帽anzas de que los hechos sociales s贸lo cobran valor en su conjunto, seg煤n el ritmo que la medida del tiempo define y dosifica.

Una visi贸n de la democracia con sus reglas de juego electorales se ha puesto en marcha sin contar con los que esperan. En 茅poca de globalizaci贸n, no es el tiempo quien aguarda a los hombres, sino los hombres quienes han de buscar la ocasi贸n de montar en marcha el tren electoral del tiempo democr谩tico. La argumentaci贸n claro est谩, se basa en las concepciones de 芦democracia en general禄 sin precisar su caracter clasista.

Un hecho puede ilustrar nuestra argumentaci贸n. Cuando asistimos a un encuentro entre militantes de las fuerzas en contienda de centroderecha y centroizquierda que entre banderas partidarias y s铆mbolos patrios se fusionaron en un gran abrazo, cantando a viva voz el himno nacional, este significativo hecho tuvo una lectura sesgada a trav茅s de las redes sociales.

Pero creemos que plantear as铆 el problema, fuera de las clases sociales, pretendiendo considerar la naci贸n en su conjunto, es sencillamente denegar su propia historia. Por eso la defensa que se hace de la democracia burguesa por medio de discursos, gritos y l谩grimas hip贸critas no hace m谩s que defender al reformismo burgu茅s.

La innovaci贸n, como ansia, exigencia, o consecuencia de toda acci贸n pol铆tica ha de contar con la novedad. Sin embargo, el tren del tiempo democr谩tico, arrastra los vagones del desarrollo, progreso y realidad, pero pensar los posibles v铆nculos de unidad entre democracia y desarrollo obliga a definir claramente el proyecto social y los postulados 茅ticos-pol铆ticos a las que obedece.

Si adjetivamos el desarrollo como democr谩tico estamos manteniendo una concepci贸n de la sociedad y la acci贸n pol铆tica fundada en los valores constitutivos del ser humano.

Pero hablar de democracia implica como supuesto necesario plantear el tema de su capacidad de audeterminarse, es decir, de fijarse sus metas en libertad, atendiendo las exigencias de sus pueblos. Por lo tanto es evocar el tema de la dependencia en que se encuentra l脿 regi贸n en el plano del capitalismo internacional, y conduce por ello mismo a entender la lucha por la democracia en tanto que lucha por la liberaci贸n nacional.

El desarrollo en su conjunto de esferas que lo constituyen, es decir, lo pol铆tico, lo social, lo cultural, lo econ贸mico, es un todo indivisible y s贸lo si entendemos la democracia como el fundamento que explica, da sentido y orienta el desarrollo humano podr铆amos construir un proyecto democr谩tico. De no ser as铆, se produce un castraci贸n en la concepci贸n te贸rica y en la puesta en pr谩ctica de la misma como opci贸n pol铆tica.

Desarrollo y democracia son complementarios si se mantiene el contenido de ambas categor铆as y se piensa en ellas sin limitar o reducir su explicaci贸n. Si eliminamos los contenidos pol铆ticos, sociales econ贸micos o culturales del desarrollo y de la democracia, nos encontrar铆amos con conceptos que pierden su significado.

La teor铆a del desarrollo capitalista contempla la democracia como un factor dependiente del crecimiento y amplitud del mercado y del acceso de los ciudadanos al llamado consumo de masas de una sociedad.

En realidad el desarrollo para el capitalismo, es democr谩tico cuando las grandes masas de la poblaci贸n pueden acceder sin m谩s restricciones que las de su val铆a personal a los beneficios del progreso: cuando se generaliza el derecho al cr茅dito y se puede consumir y mantener un m铆nimo nivel de ahorro para tiempos de crisis; cuando el proceso de crecimiento econ贸mico es lo suficiente estable para favorecer la negociaci贸n de sueldos, salarios y mejoras en las condiciones de trabajo y creaci贸n de empleo, es decir cuando hay cierta estabilidad.

El gobierno del progresismo uruguayo, condicion贸 鈥揺n parte- su funcionalidad, a la doctrina de transformar el desarrollo al servicio del desarrollo econ贸mico como b煤squeda de la eficiencia en el consumo y el mercado. De esta forma la democracia transfiere as铆 su existencia a la esfera econ贸mica desde la cual queda definida como factor destinado a potenciar dicha eficiencia, perdiendo toda su vitalidad pol铆tica.

La nueva pol铆tica econ贸mica de Uruguay ser谩 m谩s de lo mismo. Tal vez en lo que ata帽e al liberalismo la burgues铆a nacionalista lo toma como arma para privatizar en su beneficio el capital social a煤n en manos del Estado y limitar la capacidad de regulaci贸n de que dispone el Ejecutivo, ya sea transfiriendo partes de las atribuciones al Parlamento, ya sea apropi谩ndose ella misma de la otra parte en nombre de los derechos sagrados de la iniciativa privada.

Bajo este principio de explicaci贸n, el desarrollo es un continuo proceso de mejoras en la racionalizaci贸n del mercado y el grado de consumo de la poblaci贸n y la democracia el procedimiento pol铆tico que hace posible su existencia.

La identidad generada entre democracia y mercado capitalista favorece el establecimiento de las doctrinas que ide贸logicamente contemplan el subdesarrollo como etapa previa en la construcci贸n de una econom铆a de mercado.

Los eufemismos, pa铆ses en desarrollo o emergentes o procesos de modernizaci贸n, no son m谩s que filantrop铆a occidental que potencializar谩 a su m谩xima expresi贸n la bofetada de la miseria. La crisis del capitalismo no disminuye, se multiplica exponencialmente, amenazando con destruir, ya no solo la clase trabajadora, sino a todo el planeta, su cultura y su civilizaci贸n.

Pero sabemos que no ser谩 en el marco de las actuales tendencias, que aunque sean necesariamente opuestas en el plano general de lo ideol贸gico, se hacen compatibles con los diversos aspectos particulares del ejercicio pol铆tico, de la democracia impidiendo la respuesta necesaria bajo el manto adulador del inter茅s nacional, c贸mplice de la prevaricaci贸n que justifica las irresponsabilidades del aparato de Estado.

 

*Periodista uruguayo, corresponsal de prensa de la ONU. en Ginebra.聽Asociado al Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE,聽www.estrategia.la)

 

 

 

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