Entre el costo económico y humano del cambio climático, y el desempleo
Rubén Armendáriz*

El desempleo golpea a las personas y a sus esperanzas y los puestos de trabajo son cruciales para restablecer el consumo y apoyar el círculo de la recuperación, dicen los economistas. La crisis afecta instantáneamente al empleo, pero la recuperación, además, tarda mucho en notarse en los mercados laborales. Con o sin crisis, la falta de oportunidades va a durar al menos un lustro en América latina, admite Jean Maninat, representante de la OIT en la región.
Muchos han perdido el trabajo por la crisis, pero, además, cada año entre tres y cuatro millones de latinoamericanos deberían incorporarse a los mercados de trabajo regionales. Para los jóvenes, esta crisis significa falta de expectativas, futuro más que oscuro, máxime cuando ya la muletilla del exilio económico no sirve, ante un primer mundo cada más xenofóbico y excluyente.
En 2008 el desempleo afectaba a 16 millones de latinoamericanos. Este año se le podrán sumar entre 2,8 y cuatro millones más. El rotundo fracaso de las políticas neoliberales –que dejaron millones de excluidos sociales en toda la región, muchos de ellos inclusive sin siquiera documentación- exige buscar soluciones propias, propuesta desde el Sur para zafar de esta crisis del capitalismo y terminar con la dependencia.
Dos.- Hay otras cifras que estremecen: el costo económico y humano del cambio climático asciende actualmente a unos 125.000 millones de dólares anuales, significa la pérdida de 300.000 vidas y afecta cada vez a más personas en todo el mundo, en especial a los pobres, señala el estudio del Global Humanitarian Forum que dirige Kofi Anan. En la crisis del cambio climático hay una necesidad mayor aún de rescate que en la crisis económica y financiera, aunque ambas están inextricablemente relacionadas: es la misma crisis del capitalismo.

Las medidas financieras que deben ser tomadas para alcanzar el éxito en la seguridad climática no deben consistir solamente en aportar una suma global sino también en la aplicación de un paquete de compromisos firmes durante un amplio lapso con una contribución inicial de la magnitud de por lo menos un billón de dólares (una porción de lo que Estados Unidos ha gastado en Afganistán e Irak y en el salvataje de sus instituciones financieras).
Sin duda, la redistribución de los recursos masivos, económicos y humanos, ahora dedicados al sector militar podría satisfacer la mayor parte de las necesidades en materia de seguridad climática. Consistiría en dar la prioridad al mejoramiento de la vida en el planeta en lugar de otorgársela al poder de matar, señala Maurice Strong, exdirector del Pnuma (Programa de la ONU para el Medio Ambiente).
*Analista internacional




Puede que sea el arte la más inútil manifestación de las expresiones humanas; pero completando la frase: inútil mirado desde un punto de vista económico. El arte no es un trabajo –aunque cueste mucho trabajo–; el arte no produce nada –aunque sea la más elevada forma de producción–; el arte no es progreso ni produce revoluciones –aunque nada revoluciona más que el mero contacto con una obra de arte.
No se trata aquí de elogios ni jactancias, alabados es un ceremonial de despedida, De la última despedida a los que emprenden el viaje del que no se regresa. Alabados es un ritual de adiós a los difuntos cuyas raíces se hunden en un tiempo irremediablemente robado.



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