Ene 18 2010
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Despacito por las piedras

Basta de declamación: demostrar en Haití la solidaridad de nuestros pueblos

No sé si estoy  hipersensibilizado por lo que cuentan algunos amigos haitianose y las narraciones e imágenes que van llegando, pero mi impresión es que en general no se percibe  – o tal vez, peor,  no se quiere percibir-  la magnitud del drama que vive el  pueblo haitiano.  La movilización de recursos de ayuda parece rutinaria  (Obama  prometió 100 millones de dólares, Argentina mandó un  Hércules,  varios países envían  equipos  médicos habituados a emergencias,  etc.), pero me parece que hay un abismo entre estos recursos, los cuales no desmerezco,  y los gigantescos que se  necesitan sin demora  para proveer básicamente en los próximos días  a tres millones de haitianos hoy  sin vivienda ni comida  y con  condiciones sanitarias terrribles .
 Es cierto que  lo gestual o declamativo no implica automáticamente soluciones, pero no entiendo por qué no existe la iniciativa muy básica por parte de los gobiernos de América Latina, y sobre todo los más progresistas,  de reunirse en el más alto nivel para definir pasos a seguir para coordinar ayuda y , sobre todo, para dejar claro aun para los propios pueblos : "¡Acá estamos!". Supongo que muchos piensan que de lo que se trata es sólo ampliar la presencia militar, como si el problema principal fuera el desorden político o los saqueos  de  negocios o  depósitos .
¿No puede hacer Lula o Hugo Chávez  la convocatoria a una cumbre presidencial de emergencia?  ¿O los países del ALBA, o los de Unasur?.  Y, aun si estos no lo hicieran ya que están  mareados con sus líos,  y aunque ciertamente no sería lo mismo  pero si se hace bien podría  tener un efecto multiplicador insospechado ¿por que no lo  hace  el Parlamento Latinoamericano, teniendo en cuenta que Haití es,  justamente, una deuda social de todos nosotros.
Se podrán  hacer luego  miles de discursos  sobre gestas emancipatorias y  los diarios podrán reproducir  nuevas fotos y sonrisas de cumbres en lugares espléndidos de nuestros países, pero la razón de ser de la unidad latinoamericana puede  y debe ser hoy demostrada  concretamente. 

Jorge, desde Argentina

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