Mar 8 2017
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Pol铆tica

Chile: El espect谩culo del refichaje

La nueva ley de partidos, inspirada en las recomendaciones de la Comisi贸n Engel, trat贸 de ser una respuesta a la crisis de legitimidad en la que estos se sumieron desde fines de 2014, cuando se destaparon los grandes esc谩ndalos de financiamiento irregular de la pol铆tica.

Recordemos el contexto: el primer caso que estall贸 es el de Penta, que apunt贸 prioritariamente a la UDI. El grupo financiero, controlado por Carlos Alberto D茅lano sobre la base de empresas privatizadas en dictadura, se transform贸 con el tiempo en el mecenas-controlador del gremialismo. Este dato era evidente, pero no se pod铆a probar documentalmente. La revelaci贸n de este hecho desat贸 como efecto domin贸 que distintos otros casos se destaparan simult谩neamente, salpicando a casi todos los partidos pol铆ticos.

Comenzamos a escuchar de los aportes irregulares de SQM, Asipes, OAS, y otras empresas similares. Paralelamente, sin implicar financiamiento partidario, se destap贸 el caso Caval, que afect贸 al hijo de la presidenta. En ese contexto la Comisi贸n Engel, luego de realizar un conjunto de audiencias a nivel nacional, propuso una serie de medidas correctivas, que no solo atendieron al estatus legal de los partidos. Entre esas medidas se propuso la siguiente: 鈥淩einscripci贸n de todos los militantes de los partidos pol铆ticos existentes, a fin de asegurar padrones confiables. Esta ser谩 una condici贸n b谩sica para acceder al nuevo financiamiento p煤blico; el Servel deber谩 colaborar para que este proceso se lleve a cabo. Revisar el actual sistema de inscripci贸n para aumentar la transparencia y probidad, junto con disminuir los costos para partidos y ciudadanos鈥.(1)

Esta medida fue asumida en la nueva ley de partidos sin el menor comentario. En medio de la verg眉enza, los dirigentes partidarios no tuvieron cara para rechazar una exigencia que aparece como condici贸n para acceder al nuevo sistema de financiamiento p煤blico de la pol铆tica. As铆 pasaron los meses, hasta que el plazo perentorio para cumplir esta exigencia, el 14 de abril de 2017, se fue acercando. Es en ese momento cuando se desatan las alarmas. Varios partidos de enorme relevancia se encuentran con que sus padrones no s贸lo estaban inflados, sino que adem谩s no eran capaces de refichar el m铆nimo de militantes exigidos por ley (18.000). El caso m谩s bullado, pero no el 煤nico, es el del PPD, ya que al no lograr reinscribirse, la candidatura de Ricardo Lagos no podr铆a competir en las primarias de la Nueva Mayor铆a, lo que le llevar铆a a la peor de las humillaciones.

Hecha la ley, la trampa se busc贸 por secretar铆a. El Servel anunci贸 el 31 de enero, para que no se notara mucho, una bater铆a de medidas administrativas destinada a facilitar la reinscripci贸n de los partidos ya existentes. En s铆ntesis, se les permiti贸 escanear los carnets de identidad, evitando el tr谩mite m谩s duro y oneroso que es concurrir presencialmente con el militante a una notar铆a para proceder al refichaje. Evidentemente, una medida que se presta para los vicios m谩s variados. Ernesto Aguila explica muy bien el problema al decir: 鈥溌縌u茅 buscaba el refichaje? Depurar los padrones partidarios de quienes no solo ya no adscriben al partido, muchos de los cuales nunca supieron c贸mo llegaron a estar inscritos, sino evitar o reducir la pr谩ctica de inscripciones basadas en redes clientelares estatales, municipales o privadas. Los llamados 鈥榤ilitantes fichas鈥, acarreados luego para las elecciones por caudillos locales y operadores (amparados por dirigentes nacionales), pr谩ctica que distorsiona la democracia partidaria, y reduce el peso del voto de los verdaderos militantes. Por ello, era necesario dar con un mecanismo que hiciera del acto de reinscripci贸n uno esencialmente individual y voluntario鈥.(2)

Resultado de imagen para Chile: El espect谩culo del refichajeLa enfermedad de los partidos

La crisis del refichaje ha puesto en escena un espect谩culo lamentable que revela la miseria en la que est谩n inmersos la mayor铆a de los partidos tradicionales. Su enorme dificultad para reconvocar a su militancia es s贸lo el s铆ntoma de una enfermedad m谩s grave, cuya etiolog铆a es la siguiente:

  1. La ley de hierro de las oligarqu铆as: A inicios del siglo XX el soci贸logo alem谩n Robert Michels formul贸 su famosa 鈥淟ey de hierro de la oligarqu铆a鈥, que resumi贸 as铆: 鈥淟a organizaci贸n implica la tendencia a la oligarqu铆a. En toda organizaci贸n, ya sea un partido pol铆tico, gremio profesional u otra asociaci贸n de ese tipo, se manifiesta la tendencia aristocr谩tica con toda claridad鈥a organizaci贸n es la que da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organizaci贸n, dice oligarqu铆a鈥.

Michels, que no era un gran dem贸crata porque termin贸 apoyando a los nazis, formul贸 esta observaci贸n para legitimar la idea de la oligarqu铆a como una necesidad insoslayable. Pero su observaci贸n es cierta en t茅rminos generales. La democracia representativa suele transformarse en democracia delegativa. Y los partidos se convierten en boliches de sus dirigentes, que los manejan como due帽os de una parcela.

  1. El que paga la m煤sica, pone el baile: La oligarquizaci贸n de los partidos se combina con otro factor: el financiamiento. No siempre el oligarca partidario es el financista. Muchas veces, como se vio con Penta, Asipes y SQM, el que paga la m煤sica en los partidos permanece oculto, preocupado de su agenda directa. El dirigente partidario, oligarquizado, pasa a ser un operador de la empresa a la que le debe su poder.
  2. La cartelizaci贸n de los partidos: El fen贸meno de la colusi贸n empresarial, que vivimos con tanto drama en el caso de las farmacias y el papel higi茅nico, se replica en los partidos. La colusi贸n llega a tal nivel que cabe hablar de carteles de partidos, ya que se articulan como un sistema donde la mayor铆a se arreglan entre s铆 para evitar la entrada de nuevos competidores o para tapar mutuamente sus esc谩ndalos.
  3. La descualificaci贸n de la pol铆tica: Todos estos factores inciden en que los partidos, oligarquizados, clientelizados y cartelizados, se descualifiquen, es decir, expulsen a sus militantes m谩s cualificados profesionalmente o a sus l铆deres sociales m谩s 铆ntegros, que evaden permanecer en un ambiente s贸rdido y autoritario. Los cuadros que quedan son cada vez menos preparados, m谩s dependientes del l铆der, menos aut贸nomos moralmente, m谩s incondicionales de la autoridad. Esta tendencia incide en la profundizaci贸n de los otros s铆ntomas ya descritos.

驴Es posible suprimir los partidos?Resultado de imagen para Chile: El espect谩culo del refichaje

Hoy parece popular la idea de matar a los partidos. Es explicable por la profunda enfermedad que les afecta. Sin embargo, recordemos que los intentos de hacer funcionar la pol铆tica sin partidos han sido m煤ltiples. En Chile lo trat贸 de hacer Carlos Ib谩帽ez, en su dictadura, y despu茅s se rindi贸 y gobern贸 con el apoyo de varios partidos. El 煤nico que formalmente ilegaliz贸 todos los partidos fue el dictador Pinochet, pero en la pr谩ctica tuvo que aceptar varios partidos al interior del r茅gimen. Partidos informales, invisibles, pero partidos en toda la regla: los gremialistas de Jaime Guzm谩n; los nacionalistas de Gustavo Leigh, a los que expuls贸 del r茅gimen en 1978; los viejos alessandristas, a los que necesit贸 para administrar el Estado; la 鈥減atrulla juvenil鈥 de Allamand y Espina; el partido de la CNI llamado Avanzada Nacional, sin olvidar a algunos ex radicales y ex DC que se agruparon al amparo de Pinochet. Ser铆a interesante escribir una historia de los 鈥減artidos鈥 pol铆ticos que sostuvieron a la dictadura, sus relaciones, sus formas de articulaci贸n, sus conflictos, sus estrategias.

El que piense que se puede decretar el fin de los partidos, miente. Los intentos de gobernar sin partidos, mediante una representaci贸n directa del pueblo se denominan corporativismo. Lo intentaron Hitler, Mussolini, Franco, y todos los l铆deres fascistas del siglo XX. Ninguno pudo hacerlo y terminaron gobernando con movimientos peores que el peor de los partidos que opera en democracia. La b煤squeda en el siglo XXI es otra. Se trata de construir una democracia participativa, que sin suprimir el rol partidario en la provisi贸n de ideas y de candidatos, pueda incorporar la voz de la ciudadan铆a en un conjunto de roles que se deben abrir a su competencia directa. Esta participaci贸n no puede existir sin partidos m铆nimamente decentes, organizados y capaces de articular como mediadores globales en la sociedad. Chile tuvo partidos as铆, especialmente entre 1925 y 1973. Con todos sus defectos, se financiaban por las cotizaciones de sus militantes, eran instituciones con democracia interna, compet铆an en buena lid, e intentaban llevar de forma honesta las demandas de sus grupos de inter茅s prioritario. Todo eso se perdi贸 en 1973 y no lo hemos recuperado.

El remedio

La 鈥渇orma-partido鈥 naci贸 en un contexto: la revoluci贸n francesa. El primer partido de la historia, con el sentido de un grupo organizado para la toma del poder, fueron los jacobinos. El juicio de la historia es duro con Robespierre y ese grupo. Se les acusa de vanguardistas, iluminados, autorreferenciales, implacables, inflexibles, intolerantes, etc. Todo eso es verdad, pero hay un aspecto que se debe rescatar de los jacobinos: supieron conjugar la pasi贸n por conquistar el poder con un apego inquebrantable a sus convicciones. Esta mezcla es dif铆cil de alcanzar: o se cae por el lado del pragmatismo m谩s burdo, que olvida las convicciones, o se permanece aferrada las convicciones, pero abandonando toda pasi贸n por alcanzar el poder, lo que hace inf茅rtil el proyecto pol铆tico. Por eso estamos llenos de partidos 鈥渋nstrumentales鈥, que instrumentalizan todo lo que encuentran sin apego a ning煤n principio. O por otro lado, vemos una multitud de partidos testimoniales, que agitan una bandera sin la menor capacidad de transformar la realidad. Algunos gramos de jacobinismo, aunque sea en dosis homeop谩tica, no vendr铆a mal en el panorama chileno. Un grupo de incorruptibles, capaces de tomar el cielo por asalto.

Hace falta un poco de osad铆a.

Notas

1 Informe del Consejo Asesor Presidencial contra los Conflictos de Inter茅s, el Tr谩fico de Influencias y la Corrupci贸n.

2 Aguila, E. (2017): 鈥溌縋artidos clientelares?鈥, en La Tercera, 8/02/17.

*Publicado en 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 870, 3 de marzo 2017.

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