Feb 19 2014
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Participación ciudadana

Colombia: autollamado en editorial de El Tiempo

En Colombia definitivamente por falta de informaci√≥n la gente no conoce realidades que no de ahora han sido planteadas en las calles y hasta en editoriales: ‚ÄúLa inicua desigualdad en la distribuci√≥n del ingreso, los abusivos privilegios que han crecido a la sombra de la pol√≠tica y las instituciones, la administraci√≥n de justicia, los impuestos, el acceso a la educaci√≥n y la salud deben ser objeto, entre muchas otras cosas, de dr√°sticos cambios‚ÄĚ.

El responsable obviamente es el Establecimiento, esa peque√Īa y ampulosa oligarqu√≠a que ha preferido mirar para otro lado antes que enfrentar los graves problemas sociales y darle salida pol√≠tica al conflicto armado: ‚ÄúEs evidente que en muchos sitios de Colombia grupos armados de derecha e izquierda reemplazan al Estado. El establecimiento ha sido incapaz de impedirlo y ha permitido, por ejemplo, que finqueros paguen vacunas u organicen autodefensas para no hacerlo. O ha preferido mirar para otro lado cuando se habla de miseria y campesinos desarraigados‚ÄĚ.

Nunca mejor dicho y nunca mejor tra√≠do el editorial de El Tiempo, un peri√≥dico de la familia Santos, el clan que ha llegado al poder ahora mismo con Juan Manuel como presidente, y ocho largos a√Īos bajo el r√©gimen del terror impuesto por √Ālvaro Uribe V√©lez con Francisco como vicepresidente.

Se advierte al pa√≠s y al mundo que si no hay esos m√≠nimos cambios y no se firma la paz con las Farc y el ELN, otros grupos ‚Äúempu√Īando fusiles o cacerolas, no tardar√°n en reemplazarlos‚ÄĚ. Es nada menos que un autollamado, quiz√°s un mea culpa. Fechado en febrero de 2002, hace doce a√Īos, √©ste es el texto completo, para sorpresa de muchos.

Hay dos temas que generan una encendida controversia entre los entendidos y analistas de la realidad colombiana. Uno es si el tan mentado establecimiento colombiano existe, y el otro sobre cuánta legitimidad tiene. En aras de la brevedad, el primero puede zanjarse diciendo que más allá de la entelequia, éste son los partidos, gremios, instituciones y personas que han tenido en Colombia, desde la Independencia, la voz cantante en política y economía, y que, varias generaciones después, siguen siendo las mismas. El otro es objeto de este editorial.

¬ŅTendr√° capacidad de reflexi√≥n el establecimiento colombiano? Al cabo de dos siglos de gobiernos de distintos cortes, tenemos un pa√≠s descuadernado por la guerra, con unas escandalosas injusticias que arrastra desde la Colonia y que provocan informes peri√≥dicos de organismos de derechos humanos y respuestas, igualmente escandalosas, de los funcionarios de turno. La comunidad internacional mira con asombro c√≥mo puede un pa√≠s con tanta inequidad y desorden tener a una guerrilla, enajenada del grueso de la poblaci√≥n por sus pr√°cticas terroristas, como la √ļnica oposici√≥n a este estado de cosas.

Por un lado, el Estado no carece de tanta legitimidad como opinan muchos. Mal que bien, con clientelismo y corrupci√≥n, ha mantenido una envidiable tradici√≥n de elecciones, lo mismo que el r√©cord de tener una de las pocas guerrillas del mundo que aspira a tumbar un r√©gimen democr√°tico. Sus instituciones m√°s representativas, la Fuerza P√ļblica entre ellas, no est√°n presentes en muchos sitios del pa√≠s, y por presencia estatal se entiende electrificaci√≥n, algunos puestos de salud y unos heroicos maestros.

Por otro lado, es evidente que en muchos sitios de Colombia grupos armados de derecha e izquierda reemplazan al Estado. El establecimiento ha sido incapaz de impedirlo y ha permitido, por ejemplo, que finqueros paguen vacunas u organicen autodefensas para no hacerlo. O ha preferido mirar para otro lado cuando se habla de miseria y campesinos desarraigados. Ese es el pa√≠s que tenemos y una guerrilla con mucho menos legitimidad que la del Estado, pero con la capacidad de hacer da√Īo, exige cambiarlo. Qu√© hacer entonces? Negociar? Hacerle la guerra total?.

Ambas opciones ahora dependen m√°s de la guerrilla que del Gobierno, y en ambas variantes el establecimiento tiene la responsabilidad de responder a una larga lista de compromisos aplazados. No se trata √ļnicamente de adoptar una pol√≠tica coherente y de largo aliento, hoy inexistente, frente a la subversi√≥n. El establecimiento, con negociaci√≥n o sin ella, est√° en mora de darse la pela , hacer el inventario de cu√°ntas veces le ha puesto conejo al pa√≠s y emprender, con firmeza y sin m√°s demoras, una ambiciosa agenda de profundas transformaciones que este pa√≠s est√° pidiendo a gritos. Por qu√© esperar a que Tirofijo (hoy Tomochenko)nos ponga ante la disyuntiva de qu√© es lo que estamos dispuestos a negociar?.

El régimen de tenencia de la tierra en Colombia sin incluir la que han amasado impunemente narcotraficantes que respaldan a los paramilitares pertenece a siglos enterrados. La inicua desigualdad en la distribución del ingreso, los abusivos privilegios que han crecido a la sombra de la política y las instituciones, la administración de justicia, los impuestos, el acceso a la educación y la salud deben ser objeto, entre muchas otras cosas, de drásticos cambios.

Quienes opinan que la revoluci√≥n no se hace por contrato y creen con incre√≠ble simpleza que lo √ļnico que hay que negociar con la guerrilla es su desmovilizaci√≥n a cambio de algunas prebendas, son tan ilusos como quienes nos venden la perspectiva de la guerra total. Tampoco ser√° suficiente entregar un pedazo del poder a un grupo armado sin legitimidad o esperar a que la guerrilla lo pida. El establecimiento colombiano, que por tantos a√Īos no ha mirado m√°s all√° de su ombligo, est√° en mora de meterse la mano al bolsillo, y hondo. Adentro no s√≥lo encontrar√° plata. Tambi√©n encontrar√° la fuente de la legitimidad que le falta.

De no ser as√≠, y aun si se firmara la paz con las Farc y el ELN o se las derrotara, podemos estar seguros de que otros, empu√Īando fusiles o cacerolas, no tardar√≠an en reemplazarlas.

Ver editorial en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1330722

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