Abr 3 2012
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Película de la semana

Los Dioses Rotos

RW
Por alguna perversi√≥n de las ideas ‚ÄĒde la que no son ajenos demasiados socialistas‚ÄĒ suele asociarse el socialismo a una suerte de doctrina r√≠gida, peor que puritana, ¬ęcontramoderna¬Ľ, negadora de los pliegues profundos de la mente humana, sectaria en el peor sentido del t√©rmino, casi ahist√≥rica; es decir: encerrada en esquemas m√°s proximos al idealismo que a la materialidad de la existencia. Todo ello, naturalmente, es un gui√Īol absurdo.

 

Sucede que no conocemos el socialismo; nunca esa ¬ępr√°ctica utop√≠a¬Ľ ha podido desenvolverse en una sociedad concreta; all√≠ donde la revoluci√≥n logr√≥ abrir, o entreabrir, las puertas al futuro que so√Īaron sus activistas, debi√≥ luchar contra enemigos internos y externos siempre m√°s poderosos que el atisbo que se pretendi√≥ construir.

 

A lo largo de milenios el desarrollo de las fuerzas productivas que condujo a la formaci√≥n social capitalista fue estructurando la sicolog√≠a ‚ÄĒindividual y social‚ÄĒ y las instituciones de lo que denominamos democracia representativa; quienes en su momento se opusieron: sean, artesanos, campesinos, nobles, trabajadores agremiandos, ludditas, etc… pudieron, cada uno a su tiempo, ser eliminados tanto por ej√©rcitos armados con armas como por ej√©rcitos armados con religi√≥n y c√≥digos. A eso lo llamamos historia. Como alguna vez en el futuro ser√° historia el hoy que parece tambaleante pensamiento socialista en acci√≥n.

 

Envuelto y a menudo sitiado, entonces, el socialismo suele aparecer confuso y, a la vez, un empe√Īo que s√≥lo distingue entre blanco y negro, sin captar los matices del gris, sin capacidad de colorear la realidad, urgido por impedir en su seno manifestaciones de la diversidad que, contradictoria, es el humus necesario para su florecimiento y dar frutos.

 

La guerra exige orden, disciplina (como la tuvo el capitalismo al comenzar a definirse), y esto supone muchas veces pretender que no existen los bordes difusos, intentar borrar las áreas oscuras del pasado reciente, convertir la geometría en aritmética, el lenguaje en la resultante del corsé gramático. Y hacer del dirigente un entronizado en un tajo hecho al hacha en el cuerpo social.

 

Este filme ‚ÄĒLos dioses rotos, Cuba, 2008‚ÄĒ prueba, sin embargo, que pese a la sorda guerra, al sitio a que la someten sus enemigos, y probablemente a los errores cometidos y que se podr√°n cometer, la cultura socialista ¬ęde verdad¬Ľ no ha sido sometida, no obedece a un esquema predigerido, logra escapar al manique√≠smo.

 

Todo empieza con el recuerdo de un procurador con ambiciones pol√≠ticas, pero tambi√©n pr√≥ximo al pistolerismo y vividor de mujeres; Alberto Yarini Ponce de Le√≥n fue asesinado a balazos hacia 1910 en una La Habana prostibularia por una banda extranjera que extend√≠a sus redes por las mismas callejas que hoy caminan los turistas ‚ÄĒy por los sitios que a√Īos despu√©s fueran el reino de la mafia √≠talo-jud√≠a-estadounidense.

 

No s√≥lo Chicago y Rosario, en EEUU y la Argentina, respectivamente, fueron lugares donde se jug√≥ el juego de los tronos de la marginalidad delincuencial que enriquece a algunos y mata a otros. Y en este caso con la temperatura del sol tropical y el crep√ļsculo r√°pido que hoy ve el paso semiclandestino de la jinetera a la caza de esos d√≥lares m√°s y lo que significan en una sociedad asediada desde afuera y quiz√° a veces desde adentro.

 

La síntesis argumental: Laura es una profesora universitaria que investiga la vida de Yarini. Tanto porque este tipo de personajes con el tiempo suelen convertirse en leyenda, como porque tal vez la complejidad de la vida habanera contemporánea da cierta vigencia a su recuerdo. Lo que no sabe ella es cuan compleja es la realidad de todos los pobladores de las noches y días en la ciudad capital.

 

Descubrir√° ella dram√°ticamente (acaso tr√°gicamente) que no es posible trazar una l√≠nea divisoria entre lo bueno y lo malo, y se ver√° arrastrada a un conflicto entre el amor, el placer resultante, lo que considera su deber y la dura, inevitable, realidad que sus pasos conjuran. Los dioses rotos, as√≠, se inscribe entre las grandes pel√≠culas de todos los tiempos que exploran esos territorios de ¬ęal lado¬Ľ de la vida ¬ęnormal¬Ľ. Una di√©gesis sin mordaza que hace tiras ‚ÄĒcon la agilidad de un libro que no se puede dejar de leer‚ÄĒ cualquier preconcepci√≥n de las cosas. Una flecha con un blanco distinto al que podr√≠a pensarse.

Una fotografía cercana a la perfección en sus tonos y medios tonos y un montaje ágil, se diría exacto, conducen al espectador por una ciudad de la que no se tienen datos: La Habana oculta al paseante por los sitios del turismo habitual y oficial, con sus personajes a ratos ambiguos, siempre ambiciosos de todas las ambiciones, universo inquietante en el que los hados tejerán el destino de la profesora apresurada por probar su hipótesis.

 

El escritor (y periodista) cubano Enrique Ubieta Gómez escribió sobre Los dioses rotos:
¬ęPues bien, aqu√≠ la flecha se transforma en boomerang, y regresa en direcci√≥n al cr√≠tico. Los que acusan con cinismo al socialismo cubano de no haber podido evitar el resurgimiento de la prostituci√≥n, y recomiendan el desmantelamiento del socialismo, enga√Īan al lector desprevenido.

 

¬ęLa prostituci√≥n y su secuela de chulos y futuras mafias, las diferencias sociales escasamente insinuadas hoy en burdos macetas ‚ÄĒtodav√≠a lejanas a las que simbolizan hombres como Carlos Slim en M√©xico o Gustavo Cisneros en Venezuela‚ÄĒ, son avanzadas o rezagos (depende del enfoque) de esa ‘modernidad capitalista’ que se sustenta en la ley del ‚Äús√°lvese quien pueda‚ÄĚ.

 

¬ęHay algo en Los dioses rotos, la primera pel√≠cula de Daramas para la pantalla grande, que molesta a la contrarrevoluci√≥n. ¬ŅC√≥mo le puede molestar una pel√≠cula que se enfoca en el submundo habanero de la prostituci√≥n? No es la t√≠pica cinta de choteo que se ceba en una sociedad supuestamente corrupta, en la que los esfuerzos por sobrevivir no dejan margen para la √©tica.

 

¬ęAqu√≠ el bajo mundo es el bajo mundo, aunque exista una delincuencia (una prostituci√≥n) de cuello blanco que encarna la empresaria, viuda de un extranjero al que no amaba. Si la profesora universitaria termina siendo tan culpable como la prostituta Sandra en la esperada muerte de Yarini, no es por razones sociales sino sicol√≥gicas: ambas mujeres pertenecen a mundos diferentes, pero reaccionan sin distingos como seres humanos¬Ľ.
(El artículo completo puede leerse aquí).

 

Ficha técnica
Producción
LM. Ficción
ICAIC.
Ministerio de Cultura
Altavista Films
New Art Digital
Dirección y Guión: Ernesto Daranas Serrano
Dirección de Fotografía: Rigoberto Senarega
Montaje: Pedro Su√°rez
Dirección de arte: Erik Grass
Banda sonora: Osmany Olivare
M√ļsica original: Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galb√°n
Cámara Master: Felo Ruíz
Directora asistente: Enma Robaina
Dise√Īo de vestuario: Vladimir Cuenca
Correcci√≥n digital de imagen: R√ļdel Reyes
Sonido directo: Ra√ļl Amargot
Grabación musical: Jerónimo Labrada.
Dise√Īo gr√°fico: Ra√ļl Vald√©s
Producción ejecutiva: Manolo Angueira
Productores: Camilo Vives e Isabel Prendes.
Posproducción: Celina Morales
Int√©rpretes: Silvia √Āguila, Carlos Ever Fonseca, H√©ctor Noas, Annia B√ļ Maure, Isabel Santos, Eman Xor O√Īa, Amarilys N√ļ√Īez, Mario Limonta, Patricio Wood.

 

√Čste es el enlace para verla.

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