Ago 4 2010
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Libro de la semana

Reflexionar en México

Lagos Nilsson
Por esta época, hace dos siglos, la mayor parte de la geografía americana se sacudía por un terremoto ajeno a sus volcanes, por una tormenta que no conmovió sus mares ni campos; eran los habitantes —o parte de ellos— quienes conspiraban en sus casonas, repasaban, los que sabían de eso, conocimientos de estrategia militar. Eran los vagidos de la independencia. Hoy es el tiempo de la reflexión.

Como ocurre con otros emprendimientos humanos, pueden leerse también distintas independencias. O ninguna. Gabriel Castillo-Herrera se pregunta, interroga a la historia, al pasado ya lejano y al ayer que todavía vibra; indaga sobre México que este año cumple sus 200 de vida como Estado independiente.

Puede leerse aquí por qué el gran Rius afirma "No hay nada que celebrar". Es que los de América que hablamos castellano al parecer cansados de preguntarnos qué diablos es la mentada independencia nos preguntamos en forma directa si acaso somos independientes.

Como si dijeran los pueblos de América no a los himnos operáticos que son nuestros himnos, no a las banderas —¡tantas herederas del color monárquico, tantas mentirosas sobre el sentido del mestizaje, casi todas tan entregadas a otros estandartes!—, y quisieran de verdad poner la historia propia sobre sus pies propios.

No es la primera incursión en el mundo editorial del autor de la obra que comentamos; Castillo Herrera ha publicado sobre música, artes plásticas, sexología y otros asuntos en una variedad de ensayos; su trabajo como artista visual y músico es conocido.

Pero poner la historia de su país sobre sus pies es lo que hace Castillo-Herrera al escribir sobre su México, que fue imperio, fue protectorado, es república y, según algunos, "Estado fallido" con un muro en la boca de su frontera norte, despellejándose en una feroz narcoguerra interna y con la mayoría de su población desprovista de las expectativas que le prometieron cuando se firmaron los tratados libre-comerciales de la América del Norte y todavía era suya la semilla del maíz y los frijolitos.

"Estas notas no tienen el carácter de historia general de México, sino que constituyen específicamente una serie de reflexiones que nos ayudarían a explicar –desde la materialidad—, en lo político y lo social, la situación actual del país. Como el subtítulo lo atestigua, es apenas una pequeña contribución", expone el autor antes de entrar en materia. Su libro se titula Bicentenario: obsesivos siglos circulares. La obsesión es la del país que no fue, que todavía no es y la circularidad es el tropiezo constante con la propia capacidad de no construirse; al contrario: con la rapaz capacidad de sus capas dirigentes —también centenarias— para entregar el país según losa dictados de sus alianzas y caprichos. El subtítulo es Contribuciónn al estudio del hoy de la Historia de México.

Un filósofo muerto hace más de 25 siglos estableció que el rol del pensador era convertirse en el tábano de sus contemporáneos;  zumbar a su alrededor, picarlos, obligarlos a permanecer alertas. Es esa probablemente la pretensión del autor, sólo que no está dirigida a las capas dirigentes, Bicentenario: obsesivos siglos circulares parece escrito con especial dedicación a las generaciones emergentes, a los jóvenes. Con un lenguaje sobrio y uso sin abuso de sus fuentes nos hace viajar por la historia social y política de México. Y comprenderla.

A ratos el más amargo de los humores asalta al lector: "Parece ser que el santannismo es la escuela sobre la que se ha cimentado el sistema político mexicano desde entonces a nuestros días. Y su cínica máxima: ‘No me des; sólo ponme donde hay, que del resto yo me encargo’." Pero no dicho desde la impotencia y la ira gratuita, señalado como una realidad constitutiva de un país cuya rica gente no da importancia al valor que la tierra que la anida y a través de los golpes propinados por generaciones cedió su usufructo y administración a los poderosos. La riqueza de los pobres se contenta con mirar una puesta de sol y ver crecer (aunque fuere mal crecer) a los hijos.

Escribe Castillo-Herrera ya refieriéndose a la contemporaneidad y las bofetadas del narco: "En tal ambiente es que nace la nueva filosofía de la estabilidad que rige hasta hoy para la juventud. Hasta la Biblia lo valida: el padre que obedece con resignación la orden de matar al hijo para demostrar su fe en Dios; en nuestro caso, el Dios del Mercado".

La ficha biográfica del autor —con enlace a la obra— se encuentra aquí, y aquí, en la Biblioteca Logos, se puede leer y descargar sin costo el texto de la obra.

Existe edición audiovisual en formato digital, con ilustraciones, música y facilidad de consulta interactiva; sobre ella hay que escribir a los editores: arbolperenne@yahoo.com.mx
 

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