Jul 20 2008
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Despacito por las piedras

¿Triunfó Uribe?

Vista la suciedad de la operación que costó la vida de Raúl Reyes y de no sé cuántos muertos y heridos y de la operación Jaque, que devolvió la vida de 15 secuestrados, las únicas operaciones limpias fueron las liberaciones que lograron las FARC y Chávez. Sin sobornos, sin disfraces pérfidos de la Cruz Roja, violatorios de todo principio ético de la humanidad desde que se inventó la bandera blanca; sin invadir países, sin bombardeos arteros y sin computadoras ridículamente calumniosas y calumniosamente ridículas.

Una de las escenas más conmovedoras de la película El día más largo del siglo (The Longest Day) es una en que hay una plomamentazón espantosa entre nazis y aliados, creo que en una plaza de Caen, Francia, donde la mortandad chorreó por las grietas. En medio de aquella escabechina, un grupo de monjas-enfermeras atraviesa el campo de batalla y ninguna cae, sin que hubiesen cesado los disparos. Es decir, nadie les apuntó. Como queriendo decir los varios autores de esa película formidable que, a pesar de la adrenalina, los neuropéptidos y de la locura resultante que reina en las batallas, ambos ejércitos tenían un mínimo de don de gentes que respetaban.

Las cosas han cambiado. Cuando el Paro Patronal me tocó asistir a una reunión de padres y representantes de la escuela de mi niño, casi en su totalidad opositores. Yo alegaba algo que me pareció sensato: que durante las guerras más atroces las escuelas siguen funcionando. Una madre me respondió desafiante que ella estaba dispuesta a que su niño perdiera un año con tal de salir de Chávez. No quise responderle porque para que no fuesen a cogerla con mi niño de cuatro años, que ninguna culpa tenía de aquello, pero la respuesta que merecía aquella pobre mujer era que su hijo tampoco tenía la culpa de nada y que por qué no se sacrificaba ella en lugar de inmolar a un inocente indefenso a quien, precisamente ella, debía protección. El Paro Patronal se desplomó junto con su alevosía y su terrorismo gerencial, sin un solo disparo (salvo los del pobre Guveia, obviamente fuera de sus cabales), igual que se les cayó el Golpe de 2002 a manos de un pueblo alzado sin ninguna suciedad y sin una sola trampa.

¿Será que Maquiavelo no tenía razón?

Roberto Hernández Montoya

 

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