Argentina: “¡Ni una menos: vivas, libres y desendeudadas nos queremos!”

La marea feminista convirtió el dolor en una fuerza política continental

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Cientos de miles desbordaron distintas ciudades de la Argentina al cumplirse once años de la primera marcha de Ni Una Menos. El reclamo de justicia y la denuncia por el desamparo del Estado ante los recientes femicidios de Agostina Vega, Dulce María Beatriz Candia y Noella Romero, que se coronaron con una multitud en la Plaza del Congreso de Buenos Aires. El panorama es desalentador: el presidente libertario Javier Milei recortó un 89% el presupuesto para políticas de género.

Los restos desmembrados del cuerpo de Agostina Vega, de 14 años, fueron hallados en un descampado. Los primeros informes apuntan a que un hombre de su entorno, Claudio Barrelier, la abusó sexualmente y después la ahorcó. En el caso de Dulce María Beatriz Candia, que tenía 17 años y fue buscada por su familia durante dos semanas, su cuerpo estaba en la cámara séptica de una construcción abandonada; se sospecha que la arrojó allí un taxista de 46 años, Mario Yung. Noelia Carolina Romero, de 30 años, alcanzó a llamar por teléfono a la policía para pedir ayuda, pero cuando los efectivos llegaron, su pareja, Tomás Adrián Núñez, ya la había apuñalado.

“El 3 de junio es nuestro grito. El grito de hartazgo que hace once años salió a las calles en Argentina y se extendió por todo el mundo, tejiendo una denuncia colectiva. Seguimos, desde entonces, cada año en las plazas, en las calles y en las casas denunciando las violencias contra mujeres, lesbianas, travestis, trans, intersex y no binaries”, comienza el documento que acompaña los 11 años de lucha colectiva y transfeminista.Marcha Ni Una Menos 03062026

La consigna  de este año era “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Desde temprano, en las cabeceras del subte y de trenes, se juntaron grupos de amigas, compañeras de trabajo o integrantes de agrupaciones para viajar juntas a la marcha. En los vagones iban cantando. Vestían pañuelos verdes, violetas o naranjas. La circulación era incesante y sobre Rivadavia se veían las bandera del Frente de Izquierda y de Trabajadores (FIT), el Partido Obrero (PO), la Unión Cívica Radical (UCR), el Partido Justicialista (PJ), la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y la Confederación General del Trabajo (CGT).

El sacerdote Paco Olveira, integrante del grupo Curas en Opción por los Pobres, quien participa habitualmente en las movilizaciones de los miércoles de jubilados frente al Congreso, dijo que “los hombres tenemos que acompañar a nuestras compañeras y más en este momento cruel de nuestra patria, con tantos retrocesos en el acceso a derechos”. Y las cifras son claras: durante el período comprendido entre el 3 de junio de 2015 y el 27 de mayo de 2026, se registraron 3.424 víctimas fatales por violencia de género, según el  Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”.

En distintos carteles que portaban mujeres se podía leer: “Transformemos la bronca en rebelión” / “Harta de avisar que llegué viva” / “Moderadas nunca, nos debimos pasar más pueblos” / “Nunca fue, es ni será tu culpa” / “La triple jornada sostiene a la barriada. No queremos una vida precarizada y endeudada” / “Abuela, hoy vine a gritar lo que a vos te hicieron callar” / “¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?”.

Sobre la vereda de la Plaza del Congreso, se desplegó una bandera con al menos 128 fotos de mujeres con sus nombres y la edad que tenían cuando fueron asesinadas. «Como abogadas y abogados, sabemos que la violencia de género se combate con políticas públicas sostenidas, con capacitación, con recursos y con el compromiso de toda la sociedad», afirmó Alejandra García, flamante presidenta del Colegio Público de la Abogacía.

#NiUnaMenos exigió la libertad de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y la dirigente social Milagro Sala y rechazó el “Operativo Tormenta Negra” del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por “estigmatizar los barrios populares y sus habitantes”. Según el informe anual de Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia, publicado este viernes, en 2025 hubo 200 femicidios, una baja considerable respecto de los 228 registrados en 2024. La provincia en la que más descendió fue Buenos Aires, que concentra el 40% de la población del país.

“Les prometo que un día vamos a llegar a tiempo”, rezaba uno de los carteles en la Plaza Congreso. Es la expectativa de tantos y tantas.

Por primera vez, resultó multitudinaria la cantidad de mujeres pero también de hombres que marcharon. Cientos de miles desbordaron distintas ciudades de Argentina al cumplirse once años de la primera marcha de Ni Una Menos. El reclamo de justicia y denuncia por el desamparo del Estado ante los recientes femicidios de Agostina Vega, Dulce maría Candia y Noella Romero se coronaron con una multitud.

Once años atrás, el 3 de junio de 2015 una multitud desbordó las plazas argentinas bajo una consigna que nació en las redes sociales y se volvió un grito colectivo: “Ni Una Menos, vivas nos queremos”. Aquella movilización, convocada luego de cuantiosos femicidios que conmocionaron al país, marcó un punto de inflexión en la historia política y social de Argentina y de América Latina.

Hoy, las cifras siguen evidenciando la persistencia de las violencias por motivos de género. Según el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora Que Sí Nos Ven”, entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026 se registraron al menos 3.205 víctimas letales de violencia de género en Argentina. En estos once años ocurrió, en promedio, un femicidio denunciado cada 31 horas, una realidad que da cuenta de la vigencia de una lucha que transformó para siempre la agenda política y social del país.

La bronca y el hartazgo por Ni Una Menos se vivieron en las calles de todo el país

En un contexto de retroceso de políticas públicas destinadas a prevenir y erradicar las violencias de género, y de discursos que buscan relativizar las desigualdades estructurales que atraviesan a mujeres y diversidades, los recientes asesinatos de mujeres  vuelven a interpelar a toda la sociedad, pero sobre todo al gobierno libertario de Javier Milei, y  la pregunta sigue siendo la misma: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo las mujeres seguirán siendo asesinadas por la violencia patriarcal y por el solo hecho de ser mujeres? Ni Una Menos sigue siendo una urgencia política y social de nuestro presente.

No fue solo una movilización multitudinaria o un fenómeno viral: la marea feminista logró instalar en el centro de la discusión pública problemáticas históricamente invisibilizadas y construir una nueva gramática política para pensar la violencia, los cuidados, las desigualdades y las condiciones materiales de la vida.

En Argentina, los datos económicos muestran cómo las desigualdades de género siguen estructurando el acceso al trabajo y a los ingresos. Las mujeres representan el 64,2% del sector con menores ingresos. La brecha salarial ronda el 27% y alcanza el 40% entre trabajadoras informales.

La tasa de actividad femenina es del 52,6%, muy por debajo del 70,1% registrado entre los varones. La informalidad también golpea más fuerte a las mujeres: el 38% trabaja en condiciones precarias. Además, destinan en promedio tres horas más por día al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Los sectores más feminizados son, a su vez, los peores remunerados: el 98,8% del trabajo doméstico registrado es realizado por mujeres.

En un escenario atravesado por el ajuste económico, el avance de discursos antifeministas y el debilitamiento de políticas públicas destinadas a garantizar derechos, el 3 de junio volvió a funcionar como una fecha de memoria, protesta y articulación política.  El movimiento continúa recordando que la lucha por una vida libre de violencias está inseparablemente ligada a la disputa por condiciones materiales dignas para vivir: no solo se exige justicia para quienes ya no están también se reafirma la necesidad de construir sociedades más humanas, democráticas y solidarias, señala Alejandra Rizzo, integrante de la Colectiva Aquelarre Feminista en la provincia de San Luis.

Marcha Ni Una Menos 03062026La consigna “Ni Una Menos” tiene una genealogía latinoamericana. Fue inspirada en la frase “Ni una menos, ni una muerte más”, utilizada por la poeta y activista mexicana Susana Chávez Castillo para denunciar los feminicidios en Ciudad Juárez. Chávez fue asesinada en 2011. En Argentina, el proceso comenzó a consolidarse en marzo de 2015, tras el asesinato de Daiana García. Periodistas, escritoras y activistas organizaron una maratón de lectura en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires para visibilizar la violencia patriarcal.

La periodista Marcela Ojeda escribió entonces en Twitter: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales… mujeres, todas, ¿no vamos a levantar la voz? Nos están matando», que funcionó como disparador de una articulación profunda entre periodistas, escritoras, activistas y usuarias de redes sociales. Ni Una Menos nació primero como un poema y luego como un hashtag, antes que como organización formal. Las plataformas digitales permitieron transformar experiencias individuales de violencia en una narrativa colectiva capaz de construir legitimidad política y movilización territorial, como herramientas de realización del poder popular.Marcha Ni Una Menos 03062026

La masividad de Ni Una Menos también permitió construir una genealogía política que enlazó al movimiento con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, los Encuentros Nacionales de Mujeres y las luchas LGBTIQ+, sindicales, indígenas, migrantes y piqueteras.

 

Una región atravesada por la violencia machista

La experiencia argentina se expandió rápidamente por América Latina y Europa. Chile, Bolivia, Perú, Uruguay, México, Colombia, Ecuador, Guatemala y El Salvador replicaron movilizaciones, articulaciones feministas y estrategias de ciberactivismo. En Perú, la movilización de agosto de 2016 fue  la protesta más grande de la historia del país. En México, la consigna retomó la lucha de Susana Chávez y denunció los femicidios sistemáticos y la impunidad estatal. En Italia, el movimiento transfeminista Non Una Di Meno se convirtió en una de las expresiones feministas más importantes de Europa y en Estados Unidos y Francia impulsó los movimientos como el #MeToo.

La lucha continúa. América Latina continúa siendo una de las regiones más peligrosas para las mujeres y diversidades. Según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, al menos 19.254 feminicidios fueron registrados en América Latina y el Caribe en los últimos cinco años. Entre seis y ocho de cada diez mujeres de la región atravesaron algún episodio de violencia física, sexual, económica o psicológica a lo largo de sus vidas.

 

* Economista y docente argentino, investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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