Sep 10 2022
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Opini贸nPol铆tica

El Partido y la multitud

Por todas partes pareciera que los partidos pol铆ticos est谩n en declinaci贸n y, en el peor de los casos, en total desprestigio… 驴Ser铆a posible tener cambios revolucionarios sin ellos? Desde sus inicios los anarquistas y comunistas se han orientado en dos direcciones distintas. A nivel normativo, tanto en el anarquismo como en el comunismo, encontramos el deseo por un igualitarismo radical.

鈥淎narqu铆a鈥, seg煤n el anarquismo, no significa 鈥渟in ley鈥, sino sin soberanos, amos, reyes, dioses, partidos, etc., y, de hecho, los colectivos anarquistas desarrollan una serie de normas para regular las interacciones entre sus miembros y como cada uno de ellos se relaciona con el mundo. Es una orientaci贸n pol铆tica que rechaza todas las formas edipales, paternalistas o de soberan铆a encarnada en una figura y, por el contrario, abraza una pol铆tica horizontal y fraternal en lugar de una vertical y autoritaria.

La idea es que los colectivos son suficientemente aptos para gobernarse a s铆 mismos y no necesitan una vanguardia como el partido para dirigirlos.Y, sin embargo, a nivel pr谩ctico es bien dif铆cil lograr algo importante sin alguna forma de organizaci贸n y liderazgo. Sin ello, pareciera que siempre repetimos lo mismo y nunca llegamos a ninguna parte. En este sentido da la impresi贸n que el partido es un mal necesario. Pero, resulta que el problema pareciera ser que este compromiso pol铆tico requiere traicionar la idea igualitaria.

La multiplicidad o el igualitarismo actual es reemplazado por una multiplicidad o igualitarismo por venir, que, de hecho siempre se posterga y nunca llega. Podr铆amos pensar en gobiernos que se dicen ser revolucionarias sin cambiar nunca la jerarqu铆a o instituciones. Y partidos socialistas que nunca abordan los problemas que dicen abordar, como el neoliberalismo, por ejemplo. Es aqu铆, seg煤n los cr铆ticos, donde ya no tenemos ning煤n colectivo, porque el colectivo se ha bifurcado en el Partido.

La historia de los partidos est谩 bien lejos de ser estelar. No es extra帽o que cuando un sistema, y los partidos son una instancia de sistema, alcanzan un cierto punto de autoorganizaci贸n y se vuelven autopoi茅ticos, funcionan, no para abordar los problemas que dicen abordar, sino para reproducirse a s铆 mismos y a su propia organizaci贸n. Si miramos el pasado, podemos ver que varios partidos de izquierda abandonan sin cesar los objetivos pol铆ticos por los que se formaron, a pesar de su ret贸rica revolucionaria, centr谩ndose en su lugar en su propia continuidad y reproducci贸n, como en el mantenimiento de su propia jerarqu铆a interna.

Seg煤n Deleuze y Guattari hay que mirar no s贸lo la doctrina declarada, la orientaci贸n pol铆tica, la plataforma y los objetivos del partido, sino tambi茅n los microdeseos que habitan en sus participantes. Es posible que en cierto nivel el partido sea igualitario, pero que en otro sea totalitario, en el sentido que alienta la obediencia, la adhesi贸n a la ortodoxia y al l铆der, por encima de la multiplicidad. Hay, a pesar de todo, un triste deseo de obedecer, excluir, dominar y controlar que siempre acecha en todas las organizaciones, incluso las m谩s anarquistas y comunistas.

Todo esto parece bien razonable… 驴cierto? Si, pero, compa帽ero… Sin partido, 驴con qu茅 nos quedamos? Al parecer, seg煤n se dice… con la multitud. O, peor a煤n, que de la pol铆tica electoral eventualmente surgir谩n cambios que transformar谩n las estructuras de explotaci贸n econ贸mica… 驴Es posible realmente imaginar qu茅 cambios pol铆ticos pueden surgir sin una lucha pol铆tica partidaria?

En las 煤ltimas d茅cadas cientos y miles de personas han salido a las calles, avenidas y plazas del mundo para expresar su rotundo rechazo al conjunto de pol铆ticas instaladas por la clase capitalista. Estas protestas han marcado una nueva militancia y determinaci贸n en nombre de los opositores a la austeridad, la precariedad, la desregulaci贸n, la violencia y la pol铆tica neoliberal de los recortes. Pero, una vez que la protesta termina, la multitud se va a sus casas. A veces protesta sin hacer demandas y otras hace demandas imposibles. Seg煤n sus voceros, la alternativa al partido es el 鈥渕ovimiento鈥 mismo.

Las manifestaciones y disturbios de las 煤ltimas d茅cadas han mostrado claramente el poder colectivo, destructivo, creativo, impredecible, contagioso y temporal de la multitud, especialmente su capacidad num茅rica para inscribir una brecha en el sistema… 驴No es Sri Lanka el ultimo ejemplo? Deuda, empobrecimiento, vigilancia, corrupci贸n y despojo bajo el capitalismo neoliberal es lo que incita a la rebeli贸n. La cosa, sin embargo, es que todas estas manifestaciones y rebeliones mundiales han puesto de manifiesto la limitaci贸n de la multitud.

El reciente rechazo plebiscitario de una nueva y revolucionaria Constituci贸n en Chile, es el 煤ltimo ejemplo. El entusiasmo pol铆tico, la alegr铆a del sacrificio personal, la emoci贸n de la lucha inspira a la multitud, pero no perdura una vez que se dispersa y la gente se va a la casa. La multitud carece de la capacidad de resistencia, implementaci贸n y ejecuci贸n. La multitud no tiene pol铆tica. Es la oportunidad para una pol铆tica. El rechazo al partido por algunos sectores de la izquierda moviliza las convicciones antiautoritarias y las reemplaza por el horizontalismo, como una alternativa al jerarquismo.

Y, sin embargo, en las 煤ltimas d茅cadas nos hemos encontrado con su l铆mite al no lograr resistir o reemplazar el poder estatal del capitalismo. Lejos de resolver el problema de la organizaci贸n pol铆tica de la izquierda, el horizontalismo pasa a ser el nombre de un problema. Como nota la polit贸loga Jodi Dean, la capacidad pol铆tica siempre implica delegaci贸n, transferencia y divisi贸n del trabajo. Es en este sentido que la multitud permite construir una teor铆a del partido como s铆ntesis del movimiento.

No la vanguardia ni el instrumento del movimiento, sino una forma de asociaci贸n pol铆tica organizada que mantiene abierto el espacio desde el cual la multitud pueda verse a s铆 misma. No representa el movimiento, sino que transfiere su intensidad igualitaria de lo particular a lo universal. El partido responde as铆 al sujeto, seg煤n Dean, reconoci茅ndolo en la multitud y con ello convierte a la multitud en algo m谩s de lo que es. Le da una historia, mantiene su momento igualitario y la transforma en un sujeto pol铆tico colectivo.

Sin la perspectiva del partido, las resistencias m煤ltiples se desdibujan en el men煤 de estilos de vida y en las diferentes oportunidades de diversi贸n y satisfacci贸n que ofrece el capitalismo. Sin el partido, no hay cuerpo capaz de recordar, aprender y responder. Con lo que terminamos es con individuos dispersos, absortos en el capitalismo comunicativo, perdidos en la variedad de opiniones, sugerencias, estrategias, manipulaci贸n medi谩tica y cr铆ticas.

Lo curioso con las cr铆ticas antipartidistas es que promueven las convicciones antiautoritarias, lo que no est谩 mal, pero, parad贸jicamente, con lo que terminamos es con la intensificaci贸n del autoritarismo del capitalismo global, no tanto del Estado, sino del poder descentralizado, disperso y extendido a trav茅s de contratos privados, cooperaci贸n interbancaria e institucional y la extensa red de tratados, acuerdos y disposiciones que permiten el flujo de capital y comercio mundial.

Lo inquietante es que durante bastante tiempo la pol铆tica de izquierda en Occidente ha venido reflejando la pol铆tica neoliberal, instando la descentralizaci贸n, la flexibilidad, la innovaci贸n e incluso la privatizaci贸n. No es de extra帽ar que la multitud, con toda raz贸n, ha hecho a un lado a esta izquierda. Durante los 煤ltimos treinta a帽os los partidos proletarios se han marginalizado de las aspiraciones y logros y han sido calificados de organizaciones obsoletas.

Las muchedumbres, los motines, las ocupaciones y revoluciones de las primeras d茅cadas del siglo XXI han demostrado, sin embargo, que el rechazo del partido no es tan claro si consideramos la reconfiguraci贸n de varias coaliciones pol铆ticas en Latinoam茅rica como la Colombia Humana-Pacto Hist贸rico en Colombia y la coalici贸n Frente Unido y partido comunista en Chile y, en Europa, la Izquierda Unida en Espa帽a y el Frente Izquierdista en Francia, al igual que en otras partes del mundo, que ponen al partido nuevamente en la agenda.

Los participantes de los movimientos populares reconocen cada vez m谩s las limitaciones de una pol铆tica activista concebida solamente en t茅rminos de identidad, marchas, ocupaciones o manifestaciones masivas y, para avanzar, han empezado a plantear nuevamente el valor de la organizaci贸n partidaria.

Mantener viva la lucha requiere de cuadros profesionales y de la dedicaci贸n de los pocos que trabajan por la causa. Este es el requisito inevitable y lo que separa a los pocos de los muchos. Que esta brecha sea inevitable no significa que ella sea permanente o siempre justificada. Siempre hay mejores o peores partidos y l铆deres. Algunos m谩s fieles al impulso igualitario de la multitud que otros. El punto crucial es que la acusaci贸n de centralismo y autoritarismo dirigida a los partidos revolucionarios, debido a la inevitabilidad de la brecha entre muchos y pocos, es algo inherente a la pol铆tica como tal. Si queremos participar pol铆ticamente, no podemos evitar los efectos de los n煤meros.

Un partido es la 鈥渙rganizaci贸n y concentraci贸n de la sociabilidad en favor de una determinada pol铆tica鈥. Para un partido proletario 茅sta es una pol铆tica de y para la clase obrera, los productores y los oprimidos. Obtener el control del Estado sigue siendo una meta importante porque el Estado contin煤a siendo el instrumento de dominio de la clase capitalista que presenta una barrera para el cambio pol铆tico al imponer un orden en el inter茅s del capital como clase, haciendo todo lo posible para prevenir, redirigir y aplastar la oposici贸n y debilitar las conquistas sociales de la clase trabajadora.

La fantas铆a neoliberal de la inexistencia del antagonismo, de la divisi贸n o de la lucha de clases no puede ocultar el hecho de la extrema desigualad, violencia y explotaci贸n que perpet煤a en base al uso de la fuerza militar, policial y legal. El capital usa cada recurso estatal, no estatal e interestatal para avanzar su posici贸n. La democracia burguesa, como forma pol铆tica del orden capitalista, asegura este orden a trav茅s de principios y procesos dise帽ados para individualizar, dispersar y desplazar los antagonismos de clase. Solo los partidos revolucionarios extienden la lucha pol铆tica m谩s all谩 de los l铆mites electorales.

En el capitalismo comunicativo los actos individuales de resistencia, subversi贸n, producci贸n cultural y expresi贸n de opini贸n, por valientes que sean, son absorbidos r谩pidamente en las redes globales de medios personales. Cambios fundamentales s贸lo se producir谩n a trav茅s de la lucha pol铆tica llevada a cabo a nivel global. Si se ha empezado a hablar del partido otra vez es porque una izquierda que evite organizarse para transformarse en un poder permanece impotente. Al parecer es un mal del que dif铆cilmente podemos prescindir. El desaf铆o, entonces, es convertir al partido revolucionario en un partido que la muchedumbre merece, un partido que permanezca fiel a la esperanza y la voluntad igualitaria de la multitud.

* Profesores de Filosof铆a chilenos graduados en la Universidad de Chile. Residen en Ottawa, Canad谩, desde 1975. Nieves estuvo 12 meses presa en uno de los campos de concentraci贸n durante la dictadura de Augusto Pinochet. Han publicado seis libros de ensayos y poes铆a.

 

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