May 29 2012
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Sociedad

Heteros, homos: todos promiscuos

La mayor√≠a de mis amigos heterosexuales en Argentina conocen todos los puter√≠os de Buenos Aires y sus esposas (salvo vos que me est√°s leyendo, no te preocupes) son cornudas. Cuando uno de mis amigos me cont√≥ que hab√≠a ido por primera vez a un club¬†swingger¬†y empez√≥ a describirme con lujo de detalles sus nuevas y apasionantes aventuras, no me aguant√© m√°s. ¬ę¬°Y despu√©s ustedes dicen que los promiscuos somos nosotros, ja ja!¬Ľ ‚ÄĒLe dije.| BRUNO BIMBI.*

 

Yo estaba de novio en ese momento y no necesitaba a nadie más que a mi chico, y con eso no quiero decir que eso esté bien, mal, mejor o peor. Nada. Le pregunté entonces a mi amigo:

 

‚ÄĒ¬ŅPero en los swingger¬†no ten√©s que ir con tu mujer? ¬ŅC√≥mo la convenciste?

 

‚ÄĒNo, boludo. ¬ŅC√≥mo voy a llevar a la mam√° de mis hijos a un lugar as√≠? ¬ŅEst√°s en pedo? Levant√© a una puta y llegamos a un acuerdo: le pagu√© y despu√©s, adentro, cada uno hac√≠a la suya, pero ten√≠a que decir que era mi novia ‚ÄĒme explic√≥.
Su novia terminó en la cama con otra que decía ser la esposa de alguien. Mi amigo hubiese querido que lo dejaran participar.

 

‚ÄĒYo la quiero, vos sab√©s. Es la mujer de mi vida. Pero el hombre necesita variedad, ¬Ņentend√©s? ‚ÄĒme dijo otro amigo, como si pidiera disculpas (¬Ņa m√≠?) por cornearla a la esposa, mientras me explicaba por qu√© se volteaba a una compa√Īera del trabajo y a una minita que hab√≠a conocido en el cumplea√Īos de otro amigo¬†y a una ex novia del secundario y a‚Ķ

 

Imaginate: cuando escucho que los gays somos promiscuos, me da mucha risa.

 

Hay cosas que no pueden negarse. En muchos boliches gays hay un¬†dark room, t√ļnel, pasillo, ba√Īo o alg√ļn lugar destinado pura y exclusivamente a tener sexo.

 

Pagamos la entrada del boliche, bailamos un poco y, antes de que la noche entre en decadencia, estamos ah√≠.¬†La pista de baile comienza a vaciarse y la testosterona llama a la testosterona, all√°, donde est√° oscuro y nadie sabe c√≥mo se llama el otro. He ido cientos de veces a boliches h√©tero y no conozco ninguno que tenga t√ļnel. Quiz√°s haya alguno, pero ser√≠a una rareza. Es un hecho.

 

Sin embargo,¬†tambi√©n¬†es un hecho que la mayor√≠a de los boliches gay sin t√ļnel son casi exclusivamente gay: hay hombres que buscan hombres, una que otra lesbiana, una que otra mejor amiga, una que otra hermana, alg√ļn h√©tero-con-dudas y pensando qu√© hacer.¬†Los boliches gay que tienen¬†t√ļnel, en cambio, est√°n llenos de hombres y mujeres heterosexuales. Cada d√≠a hay m√°s, al punto que uno ya no sabe a qui√©n se puede encarar.

 

Y ah√≠ est√°n, una pareja gay al lado de una pareja h√©tero, compartiendo el cogedero sin prejuicios de ning√ļn tipo.¬†Pagan la entrada para eso. A veces, los de un grupo se pasan de cerveza y quieren experimentar un poco c√≥mo es del otro lado, pero eso es ooootro tema.

 

El dark room de Amerika es todo un experimento sociol√≥gico, sobre todo despu√©s de Croma√Ī√≥n, cuando cambi√≥ de lugar y dej√≥ de ser exclusivo para hombres. Si nunca lo viste, ni te lo imagin√°s.

 

Después de un tiempo, he llegado a la conclusión de que entre un varón gay y un varón heterosexual hay menos diferencias que lo que mucha gente piensa. Ellos ven a la rubia tetona y las hormonas les explotan. Nosotros vemos al chongo con cuerpo de futbolista y nos lo queremos comer.

 

Ellos piensan en sexo. Nosotros pensamos en sexo. Ellos saben que si se acercan a la rubia tetona y le proponen ir al telo, así, de una, quizás termina mal, por más que la rubia se muera de ganas. Nosotros sabemos que si el chongo se muere de ganas, nos va preguntar si vamos en auto o en taxi, nada más.

 

La diferencia, al final, es que a las mujeres les ense√Īan desde chicas a resistirse al embate sexual de los hombres, como si fuera peligroso y sucio. Las cosas cambiaron mucho en el √ļltimo siglo, pero a√ļn queda una barrera importante, que cuesta atravesar. Es parte del ritual que a ellos tanto les molesta y, a la vez, tanto los tranquiliza. Ellas muestran que no son ‚Äúf√°ciles‚ÄĚ. Ellos hacen de cuenta que las respetan y quieren algo m√°s que sexo. Ellas fingen que les creen. Simulaci√≥n, machismo, ceremonial y protocolo.¬†

 

Hoy es más fácil que hace una generación, pero todavía sigue habiendo una distancia entre el hombre y la mujer heterosexual. Entre dos tipos es más fácil. No hace falta fingir: los dos queremos lo mismo y queremos que el otro lo sepa.

 

‚ÄĒA m√≠ las minas f√°ciles no me gustan. No me casar√≠a con una que se entrega al toque ‚ÄĒme dijo otro amigo una vez, el mismo que conoce puter√≠os y clubes¬†swingger¬†por toda la ciudad. Cuando se encara a una mina est√° desesperado por llev√°rsela a la cama, pero si ella le dice que s√≠ sin dar vueltas, le pierde el respeto. Necesita que ella se resista y, despu√©s de mucho trabajo, convencerla.
¡Y ellos dicen que las histéricas son ellas!

 

Admitámoslo, nos gusta variar de camas, a héteros y gays. Algunos preferimos llevar chicos y otros prefieren llevar chicas, pero la parada final es la misma. A nosotros se nos hace más fácil, porque nuestros eventuales blancos de cacería también están ahí queriendo cazar; sólo hace falta que las miras se crucen. La famosa promiscuidad gay no es otra cosa que promiscuidad masculina.

 

Pero los gays también queremos, a veces, ser Susanita. Nos enamoramos y hacemos cosas que pensábamos que no haríamos, como escribir cartas de amor o llevarle flores a nuestro chico. Cosas que mis amigos heterosexuales también hacen con sus novias. 

 

Y cuando nos enamoramos somos celosos, somos fieles, somos celosos, somos infieles, somos celosos. Y queremos pasar la Navidad juntos y cenar en la casa de sus padres y tomarnos vacaciones en una playa semivac√≠a y rodeada de verde¬†y so√Īar c√≥mo ser√≠a estar juntos toda la vida y casarnos y ser felices y comer perdices y todas esas cosas.

 

A veces, pese a todas las piedras en el camino a contramano, conseguimos algo parecido. Y entonces no necesitamos ir a los t√ļneles ‚ÄĒ o vamos juntos, ¬Ņcu√°l es el problema? El amor tambi√©n nos iguala, as√≠ como el sexo, a h√©teros y gays. Somos m√°s parecidos de lo que mucha gente piensa.¬†Pero convengamos que nuestra ruta no est√° en las mismas condiciones, aunque en los √ļltimos tiempos haya mejorado mucho, al menos en nuestro pa√≠s. La autopista heterosexual viene con pap√° y mam√° recibiendo a su futura nuera con fideos con tuco.

 

‚Äú¬ŅEl a√Īo nuevo lo pasamos juntos?‚ÄĚ. ‚ÄúNo puedo, lo paso con mis viejos. Me gustar√≠a que vengas, pero sab√©s que ellos no saben‚ÄĚ. ‚ÄúSi quer√©s pod√©s venir a la fiesta, pero sos mi amigo, eh‚ÄĚ. ‚ÄúCuando lleguemos al barrio, disimul√°‚ÄĚ.¬†

 

Todav√≠a me acuerdo de esa noche, en casa de mi amigo. En el departamento que compart√≠a con su novio desde hac√≠a dos a√Īos y pico. Era el cumplea√Īos. ‚ÄúSi quer√©s venir con tu novio, todo bien, pero no seas evidente, eh, que est√°n los amigos del negro que no saben. Oficialmente, soy un compa√Īero con el que comparte el alquiler‚ÄĚ, me dijo. Y ah√≠ estaba mi amigo, muri√©ndose de ganas de darle un beso a su novio en su cumplea√Īos. Y los amigos del novio sab√≠an, ¬°obvio!, y se cagaban de risa. La cama matrimonial era indisimulable.

 

Algunos, pese a todo, lo consiguen. Se bancan las miradas hasta que desaparezcan por acostumbramiento o las desaf√≠an con miradas m√°s fuertes, orgullosas, o mantienen una rutina de disimulos y enga√Īos cotidianos que les permitan preservar su intimidad de los prejuicios de los dem√°s. Otros siguen navegando por la noche, eternamente j√≥venes. Y est√°n los que se rebelan contra ambos mandatos: el del armario y el de la monogamia, y arman parejas abiertas o tripejas o relaciones m√ļltiples, o lo que tengan ganas.

 

‚ÄĒ√Čl sabe que yo tengo sexo con otros y yo s√© que √©l tambi√©n lo hace, pero la regla es no contarnos nada.

 

‚ÄĒ√Čl sabe que yo tengo sexo con otros y yo s√© que √©l tambi√©n lo hace, pero la regla es contarnos todo.

 

‚ÄĒNunca dos veces con el mismo. Nunca doy mi tel√©fono. Novio tengo uno solo, lo dem√°s es diversi√≥n.

 

‚ÄĒFuimos al boliche, nos levantamos un chongo y lo llevamos a casa.

 

‚ÄĒNosotros somos fieles a las reglas de fidelidad que establecimos entre los dos.

 

¬ŅCu√°l es el problema?

 

Muchos de mis amigos heterosexuales no hacen esas cosas con su mujer s√≥lo por dos razones: porque es ‚Äúla madre de sus hijos‚ÄĚ (¬Ņ‚Ķ?) y debe, por lo tanto, ser una santa ‚ÄĒsea lo que sea que eso signifique‚ÄĒ y porque ella jam√°s aceptar√≠a. (Eso creen ellos. Eso esperan. Porque¬†a ellos les gustar√≠a que ella aceptara, pero si ella aceptara no se lo bancar√≠an).¬†

 

Por eso buscan otras que est√©n dispuestas a hacer lo que a la esposa le est√° vedado ‚ÄĒ por ellos. Manga de hist√©ricos.

 

Dicen que los gays somos promiscuos. Yo creo que somos varones que no necesitan fingir.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Periodista.
En su ¬ęblog¬Ľ: http://blogs.tn.com.ar/todxs

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