Nov 13 2014
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Opini贸nPol铆tica

La gran divisi贸n

Las elecciones de Brasil llamaron la atenci贸n de la comunicaci贸n social en todo el mundo. En gran medida, hubo una cobertura hostil para la candidata Dilma Rousseff que fue celosamente seguida por los grandes medios brasile帽os. El paroxismo del odio anti Partido de los Trabajadores (PT) llev贸 a una revista de gran circulaci贸n, Veja, a dirigirse por una v铆a probablemente delictiva.

El diario The New York Times nunca se refiri贸 a la candidata del PT sin caracterizarla como 鈥渆x guerrillera鈥. Con la misma inconsistencia de siempre, no se le ocurrir铆a a ese peri贸dico 鈥搉i a tantos otros que siguen su l铆nea鈥 referirse a Angela Merkel como 鈥渆x comunista鈥, a Barroso como 鈥渆x mao铆sta鈥 o al presidente de China como 鈥渆l comunista鈥 Xi Jinping.

Los intereses que sustentan a esta prensa corporativa esperaban y quer铆an que la candidata del PT fuera derrotada. El terrorismo econ贸mico de las agencias de calificaci贸n, de las publicaciones Financial Times y The Economist, de la Bolsa de Valores, intent贸 condicionar a los votantes brasile帽os y lleg贸 a una virulencia sorprendente, teniendo en cuenta la moderaci贸n del nacionalismo de-sarrollista de Brasil, y el hecho evidente de que son factores principalmente globales (l茅ase, China) los que afectan al ritmo del crecimiento de pa铆ses como Brasil. 驴Por qu茅 tanta y tan desesperada hostilidad?

Los factores externos. Las razones externas son mucho m谩s profundas que el mero apetito del capital internacional por las grandes privatizaciones del pre-sal y de Petrobras, o que la violenta respuesta del capital financiero a cualquier l铆mite a su codicia, por m谩s moderado que sea. Hoy, Brasil es el ejemplo internacionalmente m谩s importante y consolidado de la posibilidad de regular el capitalismo para garantizar un m铆nimo de justicia social e impedir que la democracia sea totalmente capturada por los due帽os del capital, como sucede actualmente en los Estados Unidos y un poco por todas partes. Y Brasil no est谩 solo. Es apenas el pa铆s m谩s importante de un continente donde muchos otros pa铆ses 鈥揤enezuela, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Uruguay鈥 buscan soluciones con la misma orientaci贸n pol铆tica general, aunque difiriendo en las dosis de nacionalismo o populismo (como Ernesto Laclau, no condeno en bloque ni a uno ni a otro). Por otra parte, estos pa铆ses han buscado construir formas de solidaridad regional que no pasan por la bendici贸n de los Estados Unidos, al contrario de lo que ocurr铆a antes.mex queremos justicia

驴Cu谩l es el significado global de esta rebeld铆a? Configura una nueva guerra fr铆a, una guerra fr铆a ya no entre capitalismo y socialismo, sino entre un capitalismo neoliberal global 鈥搒in vestigio nacionalista o popular鈥 y un capitalismo con alguna dimensi贸n nacional y popular, un capitalismo socialdem贸crata o una socialdemocracia capitalista. Este 煤ltimo capitalismo puede asumir muchas formas y puede llegar a estar presente tanto en Rusia como en China, en India o Sud谩frica, o sea, en los llamados Brics. El fin de la Guerra Fr铆a hist贸rica no fue s贸lo el fin del socialismo en su versi贸n hist贸rica; fue tambi茅n el fin de la socialdemocracia europea, la 煤nica existente en ese momento, porque a partir de entonces el capitalismo ya no se sinti贸 obligado a sacrificar su lucro inmediato para garantizar la paz social, siempre amenazada por la existencia de una alternativa potencialmente m谩s justa. Entonces se declar贸, solemnemente, el fin de la historia y la ausencia de alternativas al capitalismo neoliberal.

As铆 fue c贸mo la Guerra Fr铆a desarm贸 a la socialdemocracia europea. Pero, parad贸jicamente, hizo posible la emergencia de la socialdemocracia latinoamericana. No hay que olvidar que Am茅rica latina fue una de las grandes v铆ctimas de la Guerra Fr铆a hist贸rica. Durante ese per铆odo, el capitalismo s贸lo hac铆a concesiones socialdemocr谩ticas dentro de Europa, obligado por la tragedia de las dos guerras mundiales. Fuera de Europa, las zonas de influencia del capitalismo eran tratadas con m谩xima violencia para liquidar cualquier posible alternativa. Esa violencia abarcaba guerra financiera, ajuste estructural, desestabilizaci贸n social y pol铆tica, intervenci贸n militar.

La osad铆a de Am茅rica latina en los 煤ltimos quince a帽os consisti贸 en construir una nueva guerra fr铆a aprovechando, tal como en la anterior, un momento de flaqueza del capitalismo hegem贸nico. Encerrado desde los a帽os noventa del siglo pasado en Medio Oriente para saciar al insaciable complejo militar-industrial y su avidez de petr贸leo, el Imperio dej贸 que avanzaran en su patio formas de nacionalismo y de populismo que, a diferencia de las anteriores, ya no estaban dirigidas a la clases medias urbanas medias, sino a la gran masa de los excluidos y marginados. Ten铆an, por tanto, una fuerte vocaci贸n por la inclusi贸n social. Esta emergencia fue tambi茅n posible gracias a un descubrimiento copernicano realizado por un gran l铆der mundial llamado Lula da Silva.

lulaEste descubrimiento, simple como todos los descubrimientos genuinos, consisti贸 en ver que el impulso democratizante que ven铆a desde la lucha contra de la dictadura hab铆a preparado a la sociedad brasile帽a para una opci贸n moderada por los pobres. Se trataba de una opci贸n que la Iglesia Cat贸lica hab铆a asumido durante un tiempo y que luego hab铆a abandonado cobardemente. No se trataba de socialismo, sino de un capitalismo sujeto a alg煤n control estatal para desarrollar pol铆ticas p煤blicas relativamente desvinculadas de los intereses directos e inmediatos de la acumulaci贸n capitalista. Este descubrimiento transform贸 la naturaleza de la hegemon铆a en Brasil y r谩pidamente se volvi贸 hegem贸nico en el continente. Digo hegem贸nico porque los propios adversarios tuvieron que utilizar sus t茅rminos para enfrentarlo, y porque su vocaci贸n inclusiva se expandi贸 r谩pidamente a otras 谩reas, particularmente a la inclusi贸n 茅tnica y racial. La sociedad brasile帽a se volv铆a m谩s inclusiva en el preciso momento en que se reconoc铆a no s贸lo como una sociedad injusta, sino tambi茅n como una sociedad racista, y se dispon铆a a minimizar tanto la injusticia social como la injusticia hist贸rica, 茅tnica y racial.

El hecho de que este descubrimiento no haya quedado confinado a Brasil y se haya expandido a otros pa铆ses, cada uno con trazos espec铆ficos y propios de sus trayectorias hist贸ricas, combinado con el hecho de que en otros continentes, por diferentes v铆as, hayan surgido formas convergentes de rebeli贸n ante el capitalismo neoliberal 鈥揳l que supuestamente no hab铆a alternativas鈥 origin贸 una nueva guerra fr铆a. Esta sufrir铆a un fuerte golpe si Brasil, el pa铆s que m谩s avanz贸 en este sentido, decidiese volver al redil neoliberal y regresar al reba帽o, tal como est谩 sucediendo en Europa, que resisti贸 durante alg煤n tiempo el destino que la ca铆da del Muro de Berl铆n le hab铆a dictado.

De ah铆, la enorme inversi贸n realizada en pos de la derrota de la presidenta Dilma. Al final, el descubrimiento brasile帽o revel贸 una vitalidad que, tal vez, ni sus propios protagonistas esperaban. Pero, obviamente, no hay que esperar que el capitalismo neoliberal global desista. Se siente lo suficientemente fuerte como para no tener que convivir con el statu quo europeo previo a la ca铆da del Muro. Recurrir谩 al boicot sistem谩tico de toda alternativa, por m谩s moderada e incompleta que sea. Quiz谩 no recurra a las formas m谩s violentas que en el pasado desencadenaron 鈥渃ambios de r茅gimen鈥 en los pa铆ses grandes de Am茅rica latina, y que hoy se limitan a pa铆ses peque帽os como Hait铆 (2004), Honduras (2009) o Paraguay (2012). paraguay golpe

Ser谩n acciones de desestabilizaci贸n social y pol铆tica, aprovechando el descontento popular, financiando organizaciones no gubernamentales (ONG) con posturas 鈥渁migas鈥, proporcionando consultor铆a t茅cnica para el control de las protestas y, de esa manera, obteniendo informaci贸n crucial. Esta intervenci贸n va a ser m谩s evidente en pa铆ses como Venezuela y Argentina, dada la urgencia por poner un punto final al antiimperialismo chavista o peronista. Pero en todos los pa铆ses con gobiernos de centroizquierda se esperan acciones de desestabilizaci贸n interna.

Los factores internos. La agresividad de los grandes medios, la desesperaci贸n que llev贸 a algunos a incurrir en actos probablemente delictivos, se basa en el inter茅s de la gran burgues铆a por recuperar el control pleno de la econom铆a y conseguir ganancias extraordinarias con las privatizaciones por realizar. No se trata m谩s que del brazo brasile帽o de una burgues铆a transnacional bajo el dominio del capital financiero. Al no haber podido derrotar a la candidata del PT, va a seguir presionando abiertamente por (y es probable que consigan) la conformaci贸n de un equipo econ贸mico instalado en el coraz贸n del gobierno que satisfaga los 鈥渋mperativos del mercado鈥.

El brazo brasile帽o del capital transnacional arrastr贸 consigo a sectores importantes de la clase media tradicional y hasta de la nueva clase media, que es un producto de las pol铆ticas de inclusi贸n de los gobiernos del PT. Tambi茅n estos sectores asumieron el discurso de la agresividad, que transforma al adversario en enemigo. Y ese discurso no se explica s贸lo por razones de clase. Hay factores que son espec铆ficos de una sociedad que fue engendrada bajo el colonialismo y la esclavitud. Son funcionales a la dominaci贸n capitalista, pero operan a trav茅s de marcadores sociales, formas de subjetividad y sociabilidad que poco tienen que ver con la 茅tica del capitalista weberiano. Se trata de la l铆nea abisal que separa al pobre del rico y que, al estar lejos de ser apenas una divisi贸n econ贸mica, no puede ser superada con medidas econ贸micas compensatorias. Por el contrario, puede ser exacerbada por ellas. Desde la 贸ptica de los marcadores sociales colonialistas, el pobre es una forma de subhumanidad, una forma degradada de ser que combina cinco formas de degradaci贸n: ser ignorante, ser inferior, ser atrasado, ser vern谩culo o folkl贸rico, ser perezoso o improductivo. El rasgo com煤n a todas ellas es que el pobre no tiene el mismo color que el rico.

El hecho de que el poder pol铆tico en la 茅poca de Lula haya identificado esa l铆nea abisal y haya intentado superarla mediante pol铆ticas compensatorias y contra la discriminaci贸n racial es un insulto a la naci贸n biempensante y un desperdicio criminal de recursos. En este caso concreto, tuvo adem谩s otra consecuencia, el inoportuno encarecimiento del servicio dom茅stico. Es importante tener en cuenta que el ideario colonialista no es monopolio de las clases dominantes y sus aliados. Habita en las mentes de los que m谩s sufren sus consecuencias. Y, sobre todo, habita las mentes de quienes fueron ayudados a dejar su estatuto de inferioridad, pero que r谩pidamente se olvidan de esa ayuda para pensar tan bien como piensa la sociedad biempensante, la sociedad que est谩 de este lado de la l铆nea abisal en que acaban de integrarse. Me refiero a sectores de la llamada nueva clase media.

* Doctor en Sociolog铆a del Derecho, universidades de Coimbra (Portugal) y de Winsconsin (EE.UU.). Traducci贸n: Javier Lorca para P谩gina 12.

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