Ago 28 2023
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OpiniónPolítica

Los tribunales chilenos y su dudosa justicia

Despu√©s de largos a√Īos y tr√°mites judiciales, la Corte Suprema de Chile ha sentenciado que el ex presidente Eduardo Frei Montalva no fue asesinado por agentes de la dictadura de Pinochet. Como es l√≥gico, esta resoluci√≥n ha sido celebrada por quienes resultaban imputados como presuntos autores de este magnicidio, pero tambi√©n por m√ļltiples personas que hasta hoy absuelven al r√©gimen Militar de cr√≠menes y delitos de lesa humanidad. Esta satisfacci√≥n se ha expresado en declaraciones y columnas de opini√≥n, as√≠ como tambi√©n se ha expresado un amplio desencanto por la decisi√≥n de los m√°s altos magistrados de la Rep√ļblica. Entre ellos, los hijos del exmandatario y otras personalidades pertenecientes a la Democracia Cristiana, la colectividad pol√≠tica del extinto mandatario.

En opini√≥n de los magistrados no existen pruebas contundentes que puedan demostrar fehacientemente la comisi√≥n de un homicidio, lo que en estricta raz√≥n tampoco puede descartar del todo que en la muerte de Frei no haya habido intervenci√≥n de m√©dicos, enfermeras y diversos c√≥mplices. Toda vez que es innegable que en este deceso ocurrido en la cl√≠nica Santa Mar√≠a de la Capital se cometieron irregularidades, tales como realizar una autopsia sin los protocolos debidos y en que se le sustrajeron del cad√°ver piezas que fueran depositadas por a√Īos en un recinto de la Universidad Cat√≥lica de Chile, lo que la propia familia de Frei tuvo conocimiento varios a√Īos despu√©s.

A esta altura de la historia, luego de constatados cientos de cr√≠menes cometidos por la DINA, la CNI y otros diversos agentes de la represi√≥n pinochetista, para nadie debiera resultar extra√Īo que tambi√©n el Dictador haya resuelto eliminar a un opositor que para esos d√≠as emerg√≠a como la cara m√°s visible y promisoria de la oposici√≥n. No obstante que Frei hab√≠a estado entre quienes justificaron el Golpe Militar de 1973.

Es necesario consignar al respecto que todavía son centenares los casos de ultimados por la Dictadura que no han sido resueltos por la Justicia, de la misma forma que son abundantes las investigaciones y causas judiciales que terminaron en sentencias irrelevantes y muchos de sus autores cumplieran condenas irrisorias o se mantengan en total impunidad.

Si algo certero se puede concluir del desempe√Īo de los tribunales chilenos es la complicidad que demostraron muchos jueces en delitos horrorosos, como en la resistencia de muchos magistrados a dictar sentencias justas y actos de reparaci√≥n. Pinochet mismo es el caso m√°s vergonzoso, as√≠ como todav√≠a existen en el pa√≠s altos oficiales y civiles coludidos con gruesos delitos que nunca han sido siquiera procesados. En la trayectoria de la judicatura existen contundentes demostraciones de inocentes que han sido condenados, criminales absueltos, como jueces venales y corruptos, especialmente en per√≠odos de autoritarismo y democracias febles. Hoy mismo es alta la sospecha respecto de magistrados en Chile sometidos al poder del narcotr√°fico y de otros que conf√≠an en que su abyecci√≥n a la pol√≠tica les puede deparar ascensos en su carrera judicial. En un pa√≠s, por lo dem√°s, donde no existe real autonom√≠a de los poderes del Estado.

De esta manera, no hay razón alguna para estimar que ahora podamos tener certeza de justicia con el sobreseimiento definitivo de quienes ya fueron inculpados por otro alto magistrado que llevó la causa por largo tiempo y en cuya sentencia marcó acusaciones que resultaban plenamente convincentes. Es así como muchos de los que no dan crédito a la resolución de la Corte Suprema estén dispuestos a acatarla sin más, mientras algunos hasta acusan de desacato a los que la descalifican. Para lo cual argumentan respetar el estado de derecho y no ahondar en un clima de dimes y diretes entre el oficialismo, la oposición y otros actores de la vida nacional crispados por este y otros hechos.

Lo que buscan muchos de los que acatan incondicionalmente los dict√°menes de los tribunales es construir una ‚Äúverdad hist√≥rica‚ÄĚ que tiene muchos visos de no constituir plena certeza respecto de la acontecido durante los 17 a√Īos de la Dictadura. En la pretensi√≥n, asimismo, de que la investigaci√≥n hist√≥rica pueda detenerse y renunciar a demostraciones que sean mucho m√°s plausibles que las actuales. Reci√©n hoy en el mundo se descubren, respecto de lo acontecido en antiguas civilizaciones, hechos y explicaciones que contradicen las ‚Äúverdades‚ÄĚ establecidas por los libros de historia y los propios museos que guardan sus distintas manifestaciones.

Puede que transcurran muchos a√Īos y hasta generaciones antes que se despeje lo acontecido en relaci√≥n a las extra√Īas muertes de sus m√°s relevantes actores. De forma tal que los sendos informes sobre la situaci√≥n de los Derechos Humanos en Chile durante la Dictadura a√Īadan otros acontecimientos en que se consigne, por ejemplo, lo acontecido con decenas de chilenos ultimados por la furia militar y de la cual hasta hoy no tenemos registro. Bien sea por la renuencia de las v√≠ctimas a ser investigados y puedan quedar al descubierto los horrores padecidos, o por tratarse de personas que viven en lugares remotos o decidieron nunca m√°s retornar al pa√≠s.

Lo más repugnante de todo es el placer que le produce a la derecha y a otros referentes pinochetistas una resolución judicial como la que comentamos, como si dependiera de este caso solamente condenar las actuaciones del que fue el terrorismo de estado puesto en práctica por los militares golpistas y acicateado por el silencio culpable de sus civiles adherentes. Como si la vida del presidente Frei fuera más importante que las de esos miles de modestos chilenos ultimados por la Dictadura. Sin que se dude de lo establecido por otras tantas sentencias judiciales que no se ponen en duda.

 

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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