El Perú no está polarizado por casualidad. La fractura social, política y territorial que divide a los peruanos es el resultado de una modernización incompleta, una democracia de baja calidad, partidos convertidos en franquicias electorales, un Estado ausente y un modelo económico que exhibe cifras macroeconómicas “ordenadas” mientras millones de ciudadanos sobreviven en la precariedad, la informalidad y el abandono.
América Latina y el Caribe es hoy la región más polarizada del mundo, según el PNUD (Programa de las Naciones para el Desarrollo) 2026, con un índice regional de 3,4 sobre 4. En ese escenario, el Perú aparece como uno de los casos más críticos. CEPLAN (2026), advierte que el país se ubica entre los de mayor polarización regional y que dicho indicador aumentó 61,5% desde 2001. La pregunta, entonces, no es solo por qué estamos tan divididos, sino por qué un país que presume “fortaleza macroeconómica” produce tanta rabia social, tanto voto de castigo y tanta desconfianza democrática.
Causas y efectos de la polarización
La primera causa es la desigualdad territorial. El Perú sigue funcionando como un país partido entre Lima y las regiones, entre economía formal y supervivencia informal, entre ciudadanos protegidos y ciudadanos abandonados. En 2025, la pobreza monetaria alcanzó al 25,7% de la población; sin embargo, mientras algunos territorios muestran niveles bajos de pobreza, regiones como Cajamarca (41%), Loreto (40%) y Puno (37.5%) registran tasas muy superiores al promedio nacional (INEI, 2026). Esta diferencia no es una simple estadística: es ciudadanía de primera y de segunda. Donde el Estado no llega, la democracia se convierte en promesa vacía.
La segunda causa es la informalidad laboral. Entre abril de 2024 y marzode 2025, el 70,7% de la población ocupada tenía empleo informal; en el área rural, la informalidad llegó al 94,6% (INEI, 2025). ¿Qué significa esto? Que la mayoría trabaja sin derechos laborales, sin protección social, sin pensión suficiente y sin seguridad económica. Es decir, sin futuro. En esas condiciones, hablar de estabilidad macroeconómica suena casi a burla para el ciudadano que vive al día, sin ahorros ni excedentes.
La tercera causa es la crisis de representación. Los partidos políticos han dejado de ser instituciones programáticas para convertirse, en muchos casos, en vientres de alquiler, negocios electorales o plataformas de intereses particulares. Según V- Dem Institute, 2026, la polarización política mide hasta qué punto una sociedad se divide en campos hostiles, donde las diferencias deterioran las relaciones sociales y reducen la posibilidad de diálogo democrático. En el Perú, esa definición parece escrita a la medida: el adversario ya no es un competidor legítimo, sino un enemigo al que se le etiqueta como comunista, extremista, fascista, corrupto, terrorista o vendepatria, según la conveniencia del momento.
La cuarta causa es la corrupción estructural. La corrupción no solo roba dinero; destruye confianza. Cuando presidentes, congresistas, gobernadores, alcaldes, jueces, fiscales, policías y empresarios aparecen recurrentemente vinculados a escándalos, la ciudadanía concluye que el Estado es un botín. En ese ambiente, cada bando denuncia al corrupto contrario, pero protege al corrupto propio. Así se fabrica una moral política de conveniencia.
Los efectos son devastadores. La polarización impide acuerdos mínimos, bloquea reformas, alimenta la inestabilidad, deteriora la confianza, debilita la inversión y abre espacio a salidas autoritarias. Un país polarizado no discute políticas públicas; discute identidades heridas. No evalúa propuestas; castiga enemigos. No elige futuro; administra resentimientos, odio. Por eso el Perú vive entre vacancias, censuras, presidentes débiles, congresos desprestigiados y reformas o cambios que nunca llegan.
La gran contradicción macroeconómica
Aquí aparece la paradoja peruana. Los ministros y exministros de Economía repiten, una y otra vez, que el Perú tiene sólidos fundamentos macroeconómicos. Y, en parte, tienen razón. El MEF informó que en 2025 la deuda pública bruta se ubicaba alrededor de 32,1% del PBI, las reservas internacionales netas cerca del 27% del PBI, la inflación en niveles bajos y el riesgo país por debajo del promedio regional (MEF, 2025). En los agregados, el país luce ordenado.
Pero esa fortaleza es incompleta. La macroeconomía peruana ha sido eficaz para tranquilizar a acreedores, bancos, inversionistas y clasificadoras de riesgo; pero ha sido insuficiente para construir ciudadanía social. La estabilidad no se convirtió en educación pública de calidad, salud oportuna, seguridad ciudadana, empleo formal, infraestructura territorial, seguridad alimentaria ni diversificación productiva. Allí nace la contradicción: un país puede ser macroeconómicamente estable y socialmente inviable.
¿A quién benefician los buenos resultados macroeconómicos? No puede negarse que la estabilidad ayuda a todos cuando reduce inflación, evita crisis fiscales y protege parcialmente el poder adquisitivo. Pero también es evidente que los mayores beneficios del modelo se concentran en quienes ya tienen activos, riqueza, capital, acceso financiero, educación de calidad y vínculos con los grupos de poder económico. Para millones de trabajadores informales, campesinos, pequeños agricultores, comerciantes y jóvenes precarizados, la estabilidad macroeconómica se percibe como una fiesta ajena. Esa desconexión alimenta la polarización. Y ello es indiscutible.
El futuro si continúa esta tendencia
Si la polarización sigue creciendo, -como parece ser- en mi opinión, el Perú enfrentará tres principales riesgos. Primero, ingobernabilidad permanente: presidentes sin poder real, congresos fragmentados y cambios urgentes
imposibles de darse. Segundo, avance autoritario: una ciudadanía cansada podría aceptar mano dura, concentración de poder y debilitamiento de libertades a cambio de orden. Tercero, deterioro económico: la incertidumbre política terminará afectando la inversión, el empleo y el crecimiento económico. Ninguna economía puede sostenerse indefinidamente sobre una sociedad rota.
¿Qué hacer?
Aquí algunas propuestas: Primero, una reforma política seria: partidos con democracia interna, financiamiento transparente, sanción a organizaciones fachada y eliminación de candidaturas improvisadas. Segundo, una descentralización productiva: no basta transferir presupuesto; hay que crear polos regionales de industria, agroexportación, turismo, tecnología e infraestructura.
Tercero, formalización laboral realista: eliminar costos de entrada a la formalidad, ampliar protección social gradual y simplificar el régimen tributario para pequeñas unidades productivas. Cuarto, inversión sostenida en educación, salud y seguridad territorial, porque sin Estado efectivo no hay nación. Quinto, pacto anticorrupción con trazabilidad digital del gasto público, justicia independiente y sanciones efectivas. Sexto, alfabetización cívica y mediática para desmontar la mentira política, el odio digital y la manipulación electoral.
Conclusiones
El Perú está profundamente polarizado porque su estabilidad macroeconómica muy propalada no logró convertirse en cohesión social. El país ordenó sus cuentas, pero no integró su territorio; acumuló reservas, pero no construyó confianza; redujo la inflación, pero no derrotó la informalidad; celebró elecciones, pero destruyó partidos. La polarización no es el problema original: es el síntoma de un país que ha postergado cambios profundos.
Si el Perú quiere sobrevivir como democracia viable, debe dejar de administrar cifras frías y empezar a construir ciudadanía. Una macroeconomía sólida sobre una sociedad fracturada no es fortaleza: es una bomba de tiempo. El país no necesita más enemigos internos. Necesita Estado moderno y eficiente, justicia, partidos políticos serios y una economía que incluya. Todo lo demás es ruido, cálculo electoral y decadencia.
*Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid. Actual profesor principal de Economía Financiera en la UNMSM y director del II&EE.

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.