Reuniones de primavera 2026 del FMI y el Banco Mundial

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Mientras los animales inferiores sólo están en el mundo, el hombre trata de entenderlo y sobre la base de su inteligencia imperfecta pero perfectible del mundo, el hombre intenta apoderarse de él para hacerlo confortable; aunque no parece ser el caso en los tiempos actuales. 

Todo es improvisación, la economía capitalista parece haberse convertido en un espectáculo autónomo, liberado de la razón, en el cual un sinnúmero de dirigentes mundiales, hartos defensores del sistema, profundizan en la credibilidad de la fe neoliberal, con corrientes alternas como el anarcocapitalismo de los Milei o las derivas del magnate de la Casa Blanca, es decir en la total desregulación de los mercados y el derrumbe del Estado como forma más segura – según ellos –  para salir de este “eterno” impase, y alcanzar la ansiada y más que prometida prosperidad, o sino la guerra como recurso hegemónico de dominación. 

Poco importa el método, pero sabemos que la fatalidad es altiva y no responde. Por su parte, la Organización Ingternacional del Trabajo (OIT) advierte del deterioro del mercado laboral por las perturbaciones globales. En sus declaraciones ante las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en Washington D. C., Gilbert  Houngbo –Director General de la OIT- subrayó que los déficits persistentes de trabajo decente están socavando la cohesión social y la resiliencia económica.Gilbert F. Houngbo: ILO’s New Director-General – GKToday

Aunque el crecimiento mundial parece estable, las debilidades estructurales del mercado de trabajo y la escalada del conflicto en Oriente Medio amenazan los ingresos y el empleo de millones de personas, advierte  Houngbo.

“El desafío más profundo es la calidad del empleo y la transformación estructural. Unos 284 millones de trabajadores siguen viviendo en pobreza extrema, mientras que 2.100 millones de trabajadores, casi el 58 % de la fuerza de trabajo mundial, permanecen en el empleo informal”, señaló. Houngbo observó que el aumento de la deuda soberana, el espacio fiscal limitado y la elevada incertidumbre económica restringen aún más la capacidad de los gobiernos para apoyar a los trabajadores y fortalecer los mercados de trabajo.

Los mercados de trabajo mundiales parecen, en general, estables, con un desempleo sin cambios y un crecimiento que continúa hasta principios de 2026. Sin embargo, bajo esta superficie, las debilidades estructurales, incluida la amplia informalidad y la pobreza extrema, están poniendo en riesgo a millones de trabajadores, señaló Houngbo.

Conflicto en Oriente Medio: intensificación de riesgos económicos y laborales

El conflicto en curso en Oriente Medio está intensificando vulnerabilidades preexistentes y transmitiendo perturbaciones a través de los mercados energéticos, las interrupciones del comercio y el aumento de los costos, lo que incrementa el riesgo de efectos graves y duraderos en el mundo del trabajo, afirmó el Director de la OIT. En los países más afectados, se prevé que los daños a las infraestructuras, las interrupciones de la actividad empresarial, los desplazamientos y la inseguridad reduzcan el empleo y los ingresos, al tiempo que ejerzan presión sobre las instituciones del mercado de trabajo y los servicios públicos.

Más allá de la región, las perturbaciones en la energía, el comercio y las cadenas de suministro ya están afectando al empleo, los salarios y las condiciones de trabajo en muchas economías. Los hogares de bajos ingresos, los trabajadores en la economía informal, los trabajadores migrantes y las pequeñas empresas soportan las cargas más pesadas, con un aumento del riesgo de trabajo infantil, trabajo forzoso y otros déficits graves de trabajo decente.

“El conflicto en Oriente Medio no es un choque aislado superpuesto a una economía mundial por lo demás estable. Está agravando vulnerabilidades preexistentes y aumentando la probabilidad de efectos más graves y duraderos en el mundo del trabajo”, afirmó Houngbo.

Proteger a los trabajadores y fortalecer los mercados de trabajo

Para hacer frente a las crecientes fragilidades del mercado de trabajo en un contexto de incertidumbre y choques globales cada vez más intensos, Houngbo instó a los gobiernos a actuar con rapidez para proteger a los trabajadores, preservar el espacio fiscal para la protección social e implementar medidas activas de mercado de trabajo.

“La protección social eficaz, el apoyo a los medios de vida y las medidas de política activa de mercado de trabajo son esenciales para evitar que los trabajadores y los hogares vulnerables caigan aún más en la inseguridad.” En los países afectados por conflictos, la recuperación y la reconstrucción deben incorporar desde el inicio el trabajo decente, los derechos laborales, la protección social y condiciones de trabajo justas, señaló.

Houngbo instó a los responsables de políticas a extraer lecciones de la crisis actual, subrayando que la resiliencia económica no puede construirse sobre bases débiles del mercado de trabajo. “Allí donde el crecimiento no genera empleo decente, donde la informalidad sigue siendo generalizada y donde los trabajadores carecen de seguridad, voz y protección, las sociedades se vuelven mucho más vulnerables a las perturbaciones. Por ello, la persistencia de los déficits de trabajo decente no es solo una preocupación económica, sino también una cuestión de derechos”, afirmó.

La protección social en situaciones de crisis

Atreverse a ponerle números al colosal parón económico provocado por la guerra de Irán no deja de ser un ejercicio de alto riesgo. Nadie sabe a ciencia cierta cuál será la trayectoria de la guerra, ni cuánto durarán las medidas de contención, si habrá más oleada de bombas o cómo y cuándo se reactivará la economía a través del estrecho de Ormuz. Pero hasta las proyecciones más conservadoras arrojan un escenario pavoroso para lo que queda del 2026.

Algunos economistas ortodoxos y políticos conservadores están comenzando a reconocer que esta es una emergencia sin precedentes que exige respuestas coherentes y sensatas, y sugieren abandonar la obsesión habitual con el déficit público, el margen de ganancia, el nivel de deuda y el crecimiento del PIB. 

En el contexto actual, la propia jerga de los economistas aparece vetusta e inapropiada.  Ya que el término “recesión” generalmente alude a una disminución en la producción y el empleo, pero hoy la principal preocupación no debería ser la salud de “la economía” – al menos como la entienden los economistas ortodoxos –, sino la salud y la vida de las personas.

En la caída, nadie se salva. Ni los países ricos, ni los emergentes. Esta perspectiva implica desafiar el discurso y las acciones de los economistas, las agencias de calificación crediticia y los funcionarios gubernamentales aún encaprichados con la contención de la deuda o el déficit fiscal. Aunque la teoría de vincular la protección social y la respuesta a las crisis pueda ser sólida, la práctica a menudo se queda corta. A pesar de la mayor conciencia de la necesidad de fortalecer los sistemas, los actores internacionales siguen diseñando intervenciones a corto plazo impulsadas por los donantes que funcionan en paralelo a los sistemas nacionales, o incluso los socavan.

El papel de los organismos de ayuda

Charis Reid: "Save time by automating your communication with players ...
Charis Reid

En una reciente conferencia Charis Reid, especialista en protección social y nexos de la OIT en Ammán, señaló que «Con demasiada frecuencia, los organismos caen en una «trampa de competencia»: imponen soluciones externas de «mejores prácticas» en lugar de permitir que los sistemas nacionales crezcan de forma orgánica y luego luchan por salir mientras esperan a que sus homólogos alcancen un nivel de capacidad a menudo inalcanzable»,

A su vez insiste que “al hacerlo, corren el riesgo de crear dependencias que dificultan la transición a programas de protección social de titularidad nacional. Para fortalecer verdaderamente la resiliencia, los actores internacionales deben empezar desde dentro, apoyando los sistemas nacionales desde el inicio de una crisis, y no solo después de que esta haya remitido.”  Esto significa integrar las intervenciones en las realidades locales, alinearlas con los programas existentes (aunque sean imperfectos) y reconocer que los elementos de los sistemas nacionales de protección social a menudo persisten incluso durante los conflictos.

Los regímenes contributivos, por ejemplo, han demostrado una resiliencia sorprendente, proporcionando continuidad y una base para la recuperación.  La experta de la OIT sostiene que “si queremos lograr un impacto sostenible, debemos cambiar nuestra mentalidad y nuestro lenguaje para enmarcar los sistemas de protección social de manera que resuenen con las prioridades nacionales, como una inversión en la estabilidad económica, el fomento de la confianza de los ciudadanos y la recuperación a largo plazo”.

Pero para eso la financiación internacional debe fluir cada vez más a través de los sistemas nacionales y las intervenciones deben incluir vías claras para la transición a la propiedad del gobierno.  Toda respuesta a una crisis debe fortalecer, y no marginar, las instituciones que permanecerán cuando la crisis termine. A través de este enfoque se crea el nexo entre la ayuda humanitaria, el desarrollo y la paz, en este sentido la OIT pretende conectar la respuesta a las crisis con el desarrollo a largo plazo mediante la promoción de la creación de empleo y los medios de vida sostenibles, ayudando a las comunidades a reconstruirse, fortalecer la paz y abordar las causas profundas de la inestabilidad a través del empleo decente y productivo.

Pero a pesar de estas circunstancias alguna de estas instituciones –más allá de su relato– está en las antípodas de la realidad como por ejemplo la Comisión Europea con su presidenta Úrsula von der Leyen que sigue insistiendo sobre la necesidad de destinar inversiones esencialmente a sostener la guerra de Ucrania.  La colaboración con losVon der Leyen viaja a Kyiv para celebrar el Día de Europa con Zelenski sistemas nacionales durante las crisis puede ser lenta y compleja, pero es esencial, ya que la protección social no es un complemento de la respuesta a las crisis, sino la base de la seguridad económica, la dignidad y la recuperación.

Así podemos definir la sombra que nos rodea. Cualquier pretensión de otorgar a los sucesos un argumento causal, tiende a rendirse en el balbuceo de la fatalidad, o el accidente. La época esta nuevamente en manos, de un fascismo que se despliega arteramente entre los demagogos y buleros entre la amenaza y el miedo de todo tipo que quieren que actuemos de espalda a la ciencia y a la tolerancia.  

Estos ejemplos demuestran que es posible –y necesario– armonizar los objetivos humanitarios, de desarrollo y de paz mediante sistemas de protección social de propiedad nacional.

 

*Periodista uruguayo residente en Ginebra, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas (ACANU) en Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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