Ene 12 2014
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EconomíaOpinión

Stiglitz/ Malestar avanzado

La econom√≠a recibe a menudo el mote de ¬ęciencia l√ļgubre¬Ľ, y durante la √ļltima media d√©cada ha honrado firmemente su reputaci√≥n en las econom√≠as avanzadas. Desafortunadamente, el a√Īo pr√≥ximo no traer√° alivio. El PIB per c√°pita real (ajustado por inflaci√≥n) en Francia, Grecia, Italia, Espa√Īa, Reino Unido y Estados Unidos es menor que antes de la Gran Recesi√≥n. De hecho, el PIB per c√°pita griego cay√≥ casi 25% desde 2008.

Hay unas pocas excepciones: despu√©s de m√°s de dos d√©cadas, la econom√≠a japonesa parece estar experimentando un giro bajo el gobierno del primer ministro Shinzo Abe, pero, con la herencia de deflaci√≥n que se acumula desde la d√©cada de los noventa, el camino de regreso ser√° largo. El PIB real per c√°pita alem√°n fue mayor en 2012 que en 2007, aunque un aumento de 3,9% en cinco a√Īos no es algo de lo que se pueda alardear demasiado.

En otras partes, sin embargo, las cosas son verdaderamente l√ļgubres: el desempleo se mantiene testarudamente alto en la zona del euro y la tasa de desempleo de largo plazo en Estados Unidos a√ļn excede por mucho sus niveles anteriores a la recesi√≥n.

Parece que el crecimiento volver√° este a√Īo a Europa, aunque con tasas verdaderamente an√©micas: el Fondo Monetario Internacional proyecta un aumento anual del producto de 1%. De hecho, los pron√≥sticos del FMI han resultado excesivamente optimistas una y otra vez: el Fondo predijo un crecimiento de 0,2% para la zona del euro en 2013, cuando probablemente el resultado sea una contracci√≥n de 0,4%; y un crecimiento de 2,1% para Estados Unidos, que parece haber resultado m√°s pr√≥ximo a 1,6%.

Con los l√≠deres europeos comprometidos con la austeridad y movi√©ndose a ritmo glacial para ocuparse de los problemas estructurales debidos a los errores de dise√Īo institucional de la zona del euro, no sorprende que las perspectivas sean tan l√≥bregas para el continente. Pero, del otro lado del Atl√°ntico hay motivos para un silencioso optimismo. Los datos revisados para Estados Unidos indican que su PIB real creci√≥ a una tasa anual de 4,1% durante el tercer trimestre de 2013, al tiempo que la tasa de inter√©s finalmente lleg√≥ a 7% en noviembre: su menor nivel en cinco a√Īos. Media d√©cada de escasa construcci√≥n se ha ocupado en gran medida del exceso de edificaci√≥n que se produjo durante la burbuja inmobiliaria. El desarrollo de vastas reservas de energ√≠a de pizarra (shale) dio a Estados Unidos un impulso en direcci√≥n a su tan ansiada meta de independencia energ√©tica y redujo los precios del gas a m√≠nimos r√©cord, lo que permiti√≥ un atisbo de reanimaci√≥n de la producci√≥n manufacturera. Y la bonanza del sector de alta tecnolog√≠a se ha convertido en la envidia del resto del mundo.

A√ļn m√°s importante es que un m√≠nimo de sanidad se ha incorporado al proceso pol√≠tico estadounidense. Los recortes presupuestarios autom√°ticos ‚Äďque redujeron el crecimiento de 2013 hasta en 1,75 puntos porcentuales respecto de lo que hubiera sido sin ellos‚Äď contin√ļan, pero de manera mucho m√°s atenuada. Adem√°s, la curva de costos de atenci√≥n sanitaria ‚Äďuna importante fuente de d√©ficits fiscales en el largo plazo‚Äď ha cedido. Ya la Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que el gasto en Medicare y Medicaid (los programas gubernamentales de atenci√≥n sanitaria para ancianos y pobres, respectivamente) para 2020 estar√° aproximadamente 15% por debajo del nivel proyectado en 2010.

Es posible, e incluso probable, que el crecimiento estadounidense en 2014 sea lo suficientemente rápido como para crear más puestos de trabajo de los necesarios para los nuevos ingresantes a la fuerza laboral. Como mínimo, debiera caer la enorme cantidad (aproximadamente 22 millones) de quienes desean un empleo de tiempo completo y no han podido encontrarlo.

Pero debemos poner freno a nuestra euforia. Una cantidad desproporcionada de los puestos de trabajo que est√°n siendo creados son de baja remuneraci√≥n, tal es as√≠ que el ingreso mediano (el de quienes se encuentran en el medio) contin√ļa disminuyendo. Para la mayor√≠a de los estadounidenses no hay recuperaci√≥n: 95% de los beneficios va al 1% m√°s rico.

Incluso antes de la recesi√≥n, el capitalismo al estilo estadounidense no funcionaba para una gran parte de la poblaci√≥n. La recesi√≥n solo puso m√°s al descubierto sus asperezas. La mediana del ingreso (ajustada por inflaci√≥n) a√ļn es menor que en 1989, casi un cuarto de siglo atr√°s; y la mediana del ingreso de los hombres es menor que hace cuatro d√©cadas.

El nuevo problema estadounidense es el desempleo de largo plazo, que afecta a casi  40% de los desempleados, sumado a uno de los sistemas de seguro contra el desempleo más pobres entre los países avanzados, con beneficios que habitualmente finalizan a las 26 semanas.

Durante las depresiones, el Congreso estadounidense extiende esos beneficios y reconoce que la situaci√≥n de los desempleados no es tal porque no buscan empleo, sino porque no hay empleos que encontrar. Pero ahora los congresistas republicanos se reh√ļsan a adaptar el sistema de desempleo a esta realidad. Con el receso por los feriados, el Congreso entreg√≥ al desempleo de largo plazo el equivalente a un telegrama de despido: a inicios de 2014, los casi 1,3 millones de estadounidenses que perdieron sus beneficios de desempleo en diciembre quedaron abandonados a su suerte. Feliz a√Īo nuevo.esp me sobra demasiado mes

Mientras tanto, uno de los principales motivos por los que actualmente la tasa de desempleo estadounidense es tan baja es que muchas personas han abandonado la fuerza laboral. La participaci√≥n en la fuerza de trabajo se encuentra en niveles que no se ve√≠an desde hace m√°s de tres d√©cadas. Algunos dicen que esto refleja en gran medida la demograf√≠a: una mayor porci√≥n de la poblaci√≥n en edad laboral tiene m√°s de 50 a√Īos de edad y la participaci√≥n en la fuerza de trabajo siempre ha sido menor entre este grupo que en cohortes m√°s j√≥venes.

Pero esto simplemente cambia el problema: la econom√≠a estadounidense nunca fue buena para reentrenar a sus trabajadores. Los trabajadores estadounidenses son considerados productos b√°sicos descartables, se los deja de lado si no pueden mantenerse al d√≠a con los cambios tecnol√≥gicos y el mercado. La diferencia ahora es que estos trabajadores ya no constituyen una peque√Īa fracci√≥n de la poblaci√≥n.

Nada de esto es inevitable. Es el resultado de malas pol√≠ticas econ√≥micas e incluso peores pol√≠ticas sociales, que desperdician el recurso m√°s valioso del pa√≠s ‚Äďsu talento humano‚Äď y causan inmenso sufrimiento a las personas afectadas y sus familias. Ellos desean trabajar, pero el sistema econ√≥mico de Estados Unidos les ha fallado.

As√≠ que, con el gran malestar que continuar√° en Europa en 2014 y la recuperaci√≥n en Estados Unidos que excluir√° a todos excepto a los m√°s ricos, consid√©renme l√ļgubre. A ambos lados del Atl√°ntico, las econom√≠as de mercado han fallado a la mayor√≠a de sus ciudadanos. ¬ŅCu√°nto tiempo m√°s se puede seguir as√≠?

*Premio Nobel de Econom√≠a, se desempe√Īa como catedr√°tico en la Universidad de Columbia. Su √ļltimo libro es The Price of Inequality: How Today‚Äôs Divided Society Endangers our Future (El precio de la desigualdad: la sociedad dividida actual y su peligro para nuestro futuro)

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