Jul 8 2023
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OpiniónPolítica

Tres generales y un almirante

El 11 de septiembre de 1973 se produjo el golpe de estado y el fin de la democracia en Chile imponi√©ndose una dictadura que durar√≠a 17 a√Īos. Los responsables fueron dos generales en ejercicio, Augusto Pinochet y Gustavo Leigh, m√°s un almirante que le usurp√≥ el cargo al titular, Jos√© Toribio Merino y un ‚Äúgeneral rastrero‚ÄĚ -como lo defini√≥ ese d√≠a el presidente Salvador Allende- que asumi√≥ como director de carabineros, C√©sar Mendoza. En esa fecha que qued√≥ marcada para la historia del pa√≠s, se puso fin a la Constituci√≥n de 1925 y comenz√≥ r√°pidamente una soterrada lucha por el poder entre los miembros de la junta militar, donde Pinochet termin√≥ de consolidar su poder en 1978, con la salida de Leigh, autodesign√°ndose como ‚ÄúJefe Supremo de la Naci√≥n‚ÄĚ, luego ‚ÄúPresidente de la Rep√ļblica‚ÄĚ, autoimponi√©ndose el grado de ‚ÄúCapit√°n General‚ÄĚ y conservando el cargo de comandante en jefe del ej√©rcito para asegurar su poder absoluto.

Ni el guionista de un sainete tropical habr√≠a tenido tanta imaginaci√≥n para desarrollar un libreto de consecuencias tr√°gicas para un pa√≠s considerado culto. A su vez, la sumisa junta militar tom√≥ las funciones que cumpl√≠a el congreso asumiendo como poder legislativo, gobernando con Pinochet a trav√©s de decretos leyes y manteniendo sus miembros el control de sus instituciones armadas. As√≠ se lleg√≥ a la constituci√≥n ileg√≠tima de 1980 la cual en ning√ļn pa√≠s civilizado podr√≠a haber sido aprobada en un ambiente de terror y miedo expandido en una poblaci√≥n indefensa, sin partidos pol√≠ticos, sin libertad de prensa y sin justicia.

El pr√≥ximo 11 de septiembre se conmemorar√°n los 50 a√Īos de aquel d√≠a en que la historia patria fue manchada y humillada por la acci√≥n de estos cuatro uniformados que no solo deshonraron a sus instituciones y rompieron el juramente de respetar la Constituci√≥n, sino que abrieron la √©poca m√°s oscura de cr√≠menes, asesinatos, torturas, secuestros y desapariciones de seres humanos en medio de actos de corrupci√≥n y enriquecimiento il√≠cito. Es cierto que hoy est√° claro que la dictadura no fue solo militar, sino que cont√≥ con una alta participaci√≥n de civiles que dieron sustento econ√≥mico y legitimidad jur√≠dica al dictador y a su r√©gimen, apoyados en un poder judicial pusil√°nime y c√≥mplice, el cual, con escasas excepciones, hizo la vista gorda a las violaciones a los derechos humanos y al terrorismo de Estado, siendo condenado universalmente por la comunidad internacional.

Transcurridos 50 a√Īos el pr√≥ximo 11 de septiembre podr√≠a ser la ocasi√≥n propicia para un reconocimiento colectivo de las cuatro instituciones uniformadas de los horrores cometidos por las generaciones anteriores que ejecutaron, acompa√Īaron y justificaron los cr√≠menes del dictador. No es responsabilidad de los actuales mandos institucionales y no puede a ellos atribuirse las responsabilidades del pasado. Lo que debiera ocurrir es que las autoridades pol√≠ticas, haciendo valer la legitimidad democr√°tica, planteen a las fuerzas armadas y carabineros, la necesidad de que el pa√≠s restaure las heridas dejadas por los 17 a√Īos de dictadura.

Transcurridos 50 a√Īos el pr√≥ximo 11 de septiembre podr√≠a ser la ocasi√≥n propicia para un reconocimiento colectivo de las cuatro instituciones uniformadas de los horrores cometidos por las generaciones anteriores que ejecutaron, acompa√Īaron y justificaron los cr√≠menes del dictador. Los horrores cometidos los conoce el pa√≠s, pero lo que no se sabe es el destino de los desaparecidos y la respuesta la tienen, presumiblemente, solo los miembros de esas instituciones que a√ļn est√°n vivos.¬† Pasaron m√°s de 30 a√Īos para conocer la verdad judicial e inapelable del caso de dos j√≥venes quemados vivos por una patrulla comandada por oficiales del ej√©rcito en 1986 y solo el a√Īo pasado se dict√≥ la sentencia. ¬ŅSe puede olvidar, se puede perdonar cuando se escondi√≥ la verdad? As√≠ ha sido tambi√©n con muchos otros casos que la justicia ha podido investigar y condenar a los culpables, que cumplen sentencias de por vida en muchos casos, en la c√°rcel.

Sin embargo, los tres generales y el almirante nunca comparecieron ante los tribunales, no fueron juzgados y sus subalternos han tenido que pagar por los cr√≠menes ordenados por ellos. Derribaron a un gobierno leg√≠timo, democr√°tico y donde exist√≠an mecanismos para solucionar la crisis pol√≠tica que se viv√≠a. Ese es el motivo central por el cual las cuatro instituciones, a trav√©s de sus comandantes en jefe y general director, debieran hacer un reconocimiento conjunto de no solo ‚Äúnunca m√°s‚ÄĚ, sino de pedir perd√≥n por los cr√≠menes cometidos, tal como lo hizo una tarde del 19 de marzo de 1991¬† el expresidente Patricio Aylwin, al dar a conocer el ‚ÄúInforme de la Comisi√≥n¬† de Verdad y Reconciliaci√≥n‚ÄĚ -Informe Rettig- ¬†al dirigirse a los familiares de las v√≠ctimas de violaciones de los derechos humanos, expres√≥: ¬ęPido solemnemente a las Fuerzas Armadas y de Orden y a todos los que hayan tenido participaci√≥n en los excesos cometidos que hagan gestos de reconocimiento del dolor causado y colaboren para aminorarlo¬Ľ, para m√°s adelante agregar ¬ęla verdad fue ocultada durante mucho tiempo. Mientras unos la denunciaban, otros -que sab√≠an- las negaban y quienes debieron investigarlas no lo hicieron¬Ľ.

Pinochet no tard√≥ en responder al jefe de Estado pocos d√≠as despu√©s, el 27 de marzo, en su condici√≥n de comandante el jefe del ej√©rcito declar√≥ enf√°ticamente desde la Escuela Militar que su instituci√≥n ‚Äúle niega tanto validez hist√≥rica como jur√≠dica‚ÄĚ al citado informe, se√Īal√≥.

La sociedad chilena sigue esperando que las fuerzas armadas y carabineros se pronuncien para que podamos tener verdaderamente paz en una sociedad fracturada por el pasado y cuya sombra se proyecta sobre el presente y las nuevas generaciones.  Un reconocimiento de esta naturaleza por parte de la fuerzas armadas y carabineros contribuiría a que los sectores políticos que apoyaron el golpe de estado de 1973 se abrieran a condenar definitivamente aquello que nunca debió haber ocurrido.

 

*Embajador, economista de la Universidad de Zagreb, Croacia, y Master en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ex Subdirector de asuntos estratégicos de la U de Chile y ex Subsecretario de Defensa.

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