Jul 29 2022
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Sociedad

Ucrania fashion week

El reportaje publicado esta semana en Vogue en el que Olena Zelenska, esposa del presidente de Ucrania Volod√≠mir Zelenski, posa en diferentes escenarios -en ocasiones junto a su marido- ha sido objeto de pol√©mica. El hecho de que la sesi√≥n fotogr√°fica haya corrido a cargo de Annie Leibovitz, la fot√≥grafa de las grandes estrellas del cine y la m√ļsica, ha amplificado a√ļn m√°s el ruido generado en torno al reportaje que firma Rachel Donadio, colaboradora afincada en Par√≠s de medios como The Atlantic y antigua corresponsal cultural de The New York Times. La guerra convertida en pasarela con el pretexto de expandir los horrores del conflicto y generar conciencia pr√™t-√†-porter.

La polémica generada ha venido motivada fundamentalmente por la sesión fotográfica. No es para menos, puesto que alumbrar una suerte de Ucrania fashion week, con su correspondiente estilismo, ayudantes de estilismo, maquillaje, peluquería y producción resulta, cuanto menos, frívolo en mitad de un conflicto bélico que, como ya apunté hace meses, se ha convertido en el más mediático e irracional.

Es la primera guerra en la que hemos visto a mandatarios europeos hacer tours y fotografiarse entre escombros mientras contin√ļan financiando a Rusia con su gas; que llegara un reportaje como el de Vogue era s√≥lo cuesti√≥n de tiempo. Es la guerra espect√°culo en el reino de la imagen con filtros que han tra√≠do las redes sociales, que idealizan tanto como lo hace el texto que firma Donadio. Porque si pol√©micos son los posados de Zelenska, dir√≠a que a√ļn m√°s lo es el reportaje en s√≠, cuya traducci√≥n al espa√Īol es de muy dudosa calidad (si sienten curiosidad y saben ingl√©s, l√©anlo en la edici√≥n estadounidense).

Más allá de esta tendencia a abolir que lleva a convertir a las parejas de los mandatarios en primeras damas (excepcionalmente, primeros caballeros) con designios de asuntos sociales o culturales, el reportaje de Vogue es una oda al matrimonio Zelenski, presentándolo al mismo nivel que a una familia humilde del barrio de Obolon de Kiev. Pueden compartir miedos por su integridad física, por sus hijos, por sus padres, por el futuro de un país absolutamente desdibujado… pero el punto de partida es radicalmente distinto; lo es ahora y lo era antes de la guerra.

Tal y como escribe la propia Donadio, antes incluso de que Zelenski fuera presidente, la familia ya iba a Lisboa a ver un concierto de Adele o viajaba a Barcelona a pasar un fin de semana… algo al alcance de no muchos ucranianos y ucranianas.

El lavado de cara que realiza Vogue es de brocha gorda, llegando a referirse a la Ucrania de la que habl√≥ Zelenska en su discurso ante el Congreso estadounidense como un pa√≠s que ya no era el de ¬ęoligarcas y clept√≥cratas de los a√Īos postsovi√©ticos¬Ľ. Parad√≥jicamente, no cita a personajes oligarcas y clept√≥cratas como el amigo de la familia Zelenski y principal mecenas de su campa√Īa electoral Ihor Kolomoyskyi, huido a Suiza tras ser acusado de haber vaciado el mayor banco ucraniano, el Privat Bank -del que era supervisor-, haci√©ndose con m√°s de 5.500 millones de d√≥lares.

El texto deja pasajes tan forzados, de una artificialidad tan burda que roza lo c√≥mico: ¬ęno pude evitar pensar que la prenda ten√≠a el mismo tono oxidado que los tanques rusos quemados que vi en las carreteras de Irp√≠n y Bucha¬Ľ. Rompo una lanza, empero, por una de las reflexiones que realiza la periodista -empe√Īada en brillar tanto como la entrevistada-, cuando apunta que ¬ęresulta extra√Īo hablar del exterminio del pueblo ucraniano y de la moda de Ucrania en la misma conversaci√≥n, y sin embargo esa es la disonancia cognitiva que rige la Ucrania actual¬Ľ. La vida sigue, claro, o por ser m√°s precisos, trata de abrirse paso aunque no en todos los casos con las mismas facilidades.

Para ilustrar esa realidad, ¬ęesa esquizofrenia se cumple especialmente en Kiev, donde puedes tomarte un matcha en un caf√© y conducir despu√©s la hora que la separa de Bucha para ver la fosa com√ļn¬Ľ no hac√≠a falta publicar un reportaje como el de Vogue‚Ķ ni siquiera en Vogue. En lugar de posados tan refinados que rozan el mal gusto, podr√≠a haber aprovechado el talento de Leibovitz para ilustrar ese d√≠a a d√≠a de Zelenska con la poblaci√≥n ucraniana.

Pero no, ha preferido convertir el horror en pasarela de un modo tan grosero como si Jill Biden posara con su √ļltimo Oscar de la Renta en uno de los colegios en los que se ha producido una matanza para concienciar sobre el control de armas en EU. Este periodismo no es la enfermedad, es tan solo un s√≠ntoma de esa superficialidad patol√≥gica que trata de impregnarlo todo y cuyo ant√≠doto, afortunadamente, viene de la mano de periodistas como Patricia Sim√≥n, Ebbaba Hameida, Mar√≠a Sahuquillo, N√ļria Garrido y un largo etc√©tera de profesionales como la copa de un pino. Cada uno elige qu√© vacunas se pone.

*Periodista Espa√Īol. Columnista de publico.es

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