Vot√© por primera vez en mi vida en marzo de 1973, en la Estaci√≥n Mapocho de Santiago. Lo hice por Carlos Altamirano para senador y por Luis Maira para diputado, en una jornada memorable debido a que la DC, el Partido Nacional y una parte de los radicales, unidos en la llamada Confederaci√≥n de la Democracia, esperaban celebrar una gran derrota de la Unidad Popular. Gracias a mi voto y el de tantos otros, la derecha no logr√≥ tener los 2/3 que necesitaban. Lo recuerdo muy bien ya que, para las presidenciales de septiembre de 1970, no cumpl√≠a a√ļn 18 a√Īos.

A√Īos despu√©s, probablemente en 1978, tuve oportunidad de encontrar y conocer a Altamirano en su visita a Yugoslavia, donde yo cursaba econom√≠a en la Universidad de Zagreb. Lleg√≥ invitado por el PC de ese pa√≠s, siendo recibido casi como Jefe de Estado en Belgrado. Luego viaj√≥ hasta Zagreb acompa√Īado de Luis Jerez Ram√≠rez, quien hab√≠a sido embajador del presidente Allende en Per√ļ y en Yugoslavia era la cabeza del Chile Antifascista.

Fuimos pocos los chilenos que tuvimos ocasi√≥n de compartir con √©l; lo acompa√Īamos a visitar la casa-museo de Tito en Kumrovec, lugar de nacimiento del mariscal, unos refugios de la resistencia de los partisanos en medio de un bosque y una f√°brica, entre otras actividades. Altamirano cautiv√≥ a los comunistas yugoslavos con su inteligencia, rapidez y capacidad de an√°lisis junto al aura misteriosa de su escapada desde Chile y su velada cr√≠tica al socialismo real.

Volv√≠ a verlo en Chicago en 1998 ciudad donde yo me desempe√Īaba como C√≥nsul de Chile, en la reuni√≥n de LASA (Latin American Student Association), en un seminario memorable donde particip√≥ junto a Edgardo Boeninger y Andr√©s Allamand. En la sala adem√°s estaban Ariel Dorfman y la crema de los cientistas pol√≠ticos y acad√©micos a nivel mundial; se discuti√≥ lo que hab√≠a significado el gobierno de la UP. Quien sac√≥ m√°s aplausos fue Altamirano cuando se√Īal√≥ que todo el sistema democr√°tico funcionaba muy bien en Chile hasta que se cuestion√≥ la propiedad privada de las grandes empresas, el latifundio y los bancos. ‚ÄúAh√≠ se acab√≥ la fiesta‚ÄĚ se√Īal√≥. El joven Patricio Navia de esos tiempos recogi√≥ en una sabrosa cr√≥nica la visita de Altamirano a Chicago, donde le pregunt√≥ sobre el cataclismo chileno y del partido socialista. Vale la pena revisar el art√≠culo que escribi√≥ y que se puede ver en este link.

Resultado de imagen para carlos altamiranoDisfrut√© de largas conversaciones con Altamirano en esos tres d√≠as que estuvo en Chicago. No tuvo problema en visitar la sede del Consulado y que le presentara a mis conocidos. Me di cuenta de que era una persona con la cual r√°pidamente se pod√≠a establecer una cercan√≠a, por lo que le dije, ‚Äė¬Ņqu√© tal si vamos a escuchar Blues esta noche?‚Äô No se demor√≥ mucho en responder. Lo pas√© a recoger a su hotel y nos fuimos al Buddy Guy‚Äôs Legend, en la South Wabash, lugar emblem√°tico donde nunca han dejado de ir los Rolling Stones al iniciar sus giras en Estados Unidos.

Buddy Guy, eximio guitarrista y a quien Jimmy Hendrix admiraba, no estaba esa noche, pero sí otras bandas que hacían fila para tocar ahí. Altamirano estaba fascinado, viviendo una aventura nocturna alternativa, absorbiendo el ambiente mientras un guitarrista se perdía en un largo solo y nosotros disfrutábamos la primera copa. Yo lo observaba cómo él miraba a las chicas blancas, mulatas y negras, que circulaban libremente o a las que jugaban en una mesa de pool. Se le iban los ojos, y yo me sentía feliz de poder compartir con un líder de mi juventud esos momentos.

Interesado en el arte, cultura y pol√≠tica evidentemente junto al ‚Äúcambio √©pocal‚ÄĚ, como le gustaba se√Īalar para explicar las grandes Resultado de imagen para carlos altamiranotransformaciones que est√°bamos viviendo y de las cuales ten√≠a plena conciencia. El pasado, los setenta, hab√≠an quedado atr√°s muy r√°pidamente superados por la velocidad del cambio que se hab√≠a llevado las utop√≠as. Lo supo ver, tal como lo ha expresado de manera m√°s sofisticada en diversas entrevistas. Estaba impresionado con Estados Unidos, no por su grandeza imperial sino por sus cifras en todos los planos, incluyendo el n√ļmero de personas que cumpl√≠an condenas en las c√°rceles estadounidense. Hablamos de lo que significa el gran complejo industrial carcelario, del que ya hab√≠a hecho menci√≥n Angela Davis, en un pa√≠s que posee el mayor n√ļmero de personas cumpliendo condenas en el mundo, llegando a 2,16 millones en 2016.

En fin, Altamirano se ha ido y hoy aparecen muchos, de todos los sectores, a reconocer sus méritos. Seguramente se reiría al saber y leer las declaraciones de tantos, especialmente de algunos de sus viejos camaradas, que ayer lo condenaron abiertamente o sottovoce y que seguramente estarán haciendo filas para rendirle honores ante su féretro.