Cuba, 26 de Julio: Raúl Castro no habló
Aurelio Pedroso.*
Machado Ventura clausuró el acto: No a soluciones “populistas, demagógicas”. Cuba continuará estudio de las reformas necesarias y se solidariza con causa venezolana. Chávez estuvo ausente a raíz de las tensiones que destararon las acusaciones colombianas, que Venezuela declara nada tienen de verdaderas. Sorprendió que no cerrara el acto el presidente Raúl Castro.
Muy lejos de lo que muchos suponían, las autoridades cubanas no anunciaron en ocasión de la conmemoración del 26 de julio nuevas reformas económicas y dejaron por sentado que se continuaría “el estudio, los análisis (y) la toma de decisiones en todos los sectores”. Así lo confirmó José Ramón Machado Ventura, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quien fue el orador principal del acto y no Raúl Castro, como muchos esperaban.
Otras de las sorpresas fue la ausencia del presidente Hugo Chávez ante la tensión de una posible confrontación militar con la vecina Colombia. Su lugar fue ocupado por Alí Rodríguez Araque, vicepresidente del gobierno venezolano.
“En estos momentos una amenaza se cierne sobre Venezuela, desde Colombia”, señaló Rodríguez Araque para anotar como razones reales de esta amenaza el poder petrolero de que dispone su país, así como a la vocación integracionista de su gobierno. Amamos la paz, pero “No le tememos a la guerra si nos la imponen”, sentenció Rodríguez, quien fuera guerrillero en la década de los años 60 del pasado siglo.
En la Plaza Ernesto Che Guevara de la ciudad de Santa Clara,
presidida por banderas de Cuba, Venezuela y la emblemática rojinegra del Movimiento 26 de Julio, Machado Ventura se refirió a la “inquebrantable solidaridad” para con Venezuela, país que “tenía todo el derecho a defenderse”, además de que podía “contar con el firme respaldo del pueblo cubano”.
El primer vicepresidente no mencionó el diferendo entre los gobiernos de Colombia y Venezuela ciñéndose exclusivamente a la existencia de siete bases militares en el territorio de Colombia.
En referencia a los acuciantes problemas cubanos, Machado puntualizó que la producción de alimentos, la entrega de tierras ociosas y el perfeccionamiento de la agricultura urbana continuarían como tarea estratégica. También recalcó el interés en el ahorro de combustible y la reducción de los gastos, la racionalidad de fuerzas y recursos.
Machado aclaró que el actuar sería sin improvisaciones. “No nos conduciremos por campañas de la prensa extranjera…proseguiremos paso a paso al ritmo que determinemos nosotros”, dijo.
En su intervención de apenas 25 minutos reiteró “cambiar lo que haya que cambiar sin presiones externas (…) actuaremos sin soluciones populistas, demagógicas o engañosas”.
Gran parte de la ciudadanía aguardaba que el presidente cubano, Raúl Castro Ruz, pronunciara el discurso central para anunciar algunos cambios en la economía de la isla, economía aquejada por la baja productividad, gran falta de liquidez, la fuerte centralización y un poder burocrático capaz de frenar y/o entorpecer medidas que la agilicen.
Pero no habló y este silencio, en fecha tan señalada como la de hoy, abre interrogantes entre la población.
* Periodista de Progreso Semanal (http://progreso-semanal.com).




Por esta época, hace dos siglos, la mayor parte de la geografía americana se sacudía por un terremoto ajeno a sus volcanes, por una tormenta que no conmovió sus mares ni campos; eran los habitantes —o parte de ellos— quienes conspiraban en sus casonas, repasaban, los que sabían de eso, conocimientos de estrategia militar. Eran los vagidos de la independencia. Hoy es el tiempo de la reflexión.
Muy pocos imaginan siquiera lo difícil que es en Estados Unidos nadar contra la corriente, enfrentar lo que se denomina "valores establecidos" propios de las capas dominantes de esa sociedad, que se derraman como una extraña y fatal ambrosía permeando, maniatando, sumergiendo en el dormir a todos los sectores sociales del país e incluso haciendo que otros, más allá de las fronteras nacionales, sueñen con el sueño americano. Sueño del que a veces algunos despiertan en prisión y otros perdidos en el desierto —o baleados.



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