Dic 22 2017
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Participación ciudadana

Crónica de un abstencionista declarado; el nivel ético-moral de la clase política chilena

“Existen dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad, la otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad”

Soren Kierkegaard

Abstenerse es la práctica de omitir participar en algo. Los motivos pueden ser diversos, y la idea de esta crónica es fundamentar algunos, a propósito de la elección presidencial vivida recientemente en nuestro país. Para ser rigurosos, diremos que al hablar de una elección, estamos refiriéndonos estrictamente al proceso mental, mediante el cual, podemos analizar y posteriormente juzgar los méritos, falencias, ventajas y desventajas, de diversas opciones que se nos presentan, lo cual permite posteriormente, seleccionar una o más de una de estas alternativas.
Como vemos, estamos frente a un proceso, que implica diversas fases, acciones individuales y colectivas, que desembocan finalmente en elegir algo.

Y acá se presenta el primer antecedente, digno de análisis en las coyunturas electorales, pues las elecciones en los marcos actuales, se desarrollan y entienden, como un producto, en donde las fases de análisis y juzgamiento criterioso, no existen como práctica individual-colectiva, pues son los medios de comunicación masiva, quienes la realizan, con la gravedad de que ello, se hace por medio del engaño y la falacia como método coercitivo, teniendo como resultado, que el supuesto “deber cívico” se traduce y reduce, a realizar una raya en un voto, cada cuatro años. Pero por qué, el “deber cívico”, se transforma en una acción tan reducida.

Y la respuesta es clara y contundente: porque se presenta como acción cívico-político solamente, y se excluye el alma de ella, que es la valoración ético-moral, que implica una elección. Y esto, claramente no está diseñado al azar, porque en estrictico rigor, un candidato debería ser alguien que represente mi sentir; por cierto, no es yo, pero es lo más cercano a lo que yo proyecto de mí; a lo que soy, y a lo que quisiera ser, con lo cual el candidato pasaría a ser una proyección de mi yo, real y potencial.
Y acá se presenta una contradicción fundamental; cómo alguien que fue impuesto, puede proyectar lo que yo quiero ser. Con lo cual, surge el trabajo minucioso y silencioso de la psicología de masas, donde pasa a ser más importante, lo que se dice de tal o cual, que lo que realmente es. Esto, ciertamente es paradójico, pues la sustentación ético-moral de una elección, claramente debería estar anclado en lo segundo, pero esto sería demasiado subversivo y desalienante para la población votante.
En efecto, cómo se explicaría en términos ético-morales, que el candidato Piñera representa a un sector ideológico y político que propició un golpe de Estado, y sostuvo a una dictadura que asesinó a más tres mil personas, que torturó a otras miles con métodos tan aberrantes, que no tienen comparación en la civilización humana, que hizo desaparecer a otras muchas, que sostuvo un modelo económico-social, donde se promueve la competencia, la individualidad y deshumanización más alienante de los sujetos.
Y en esa misma línea, cómo se explicaría en términos ético-morales, que el candidato Guillier representa a un sector ideológico y político, que engañó y utilizó a un pueblo oprimido y desbastado, ofreciendo promesas que no sólo no cumplió, sino además traicionó, manteniendo y profundizando el modelo económico-social, utilizando y robando las arcas del Estado, sometiendo a los pueblos y a los trabajadores; no olvidemos que le debemos a la “democracia”, los asesinatos de los obreros Cisterna, Jiménez y Quichillao, los mapuches Lemún, Catrileo y Mendoza, al diaguita Mondaca, sólo por nombrar a algunos.
Pero yendo más en particular aún, cómo se explicaría en términos ético-morales, que el candidato Piñera es un reconocido timador; declarado reo por el desfalco del banco de Talca, y salvado por agentes de la dictadura, comprometido en el caso Cascadas, caso Chispas, colusión LAN Cargo, caso Penta, SQM, triangulación en CHV, sociedades truchas en paraísos fiscales para evadir impuestos, por nombrar sólo algunos casos, pero lo más grave, es que debió ser investigado por traición a la patria, pues negociaba paralelamente con sus empresas, que se beneficiaban con pérdida de territorio del país, en el conflicto con Perú.
Pero en la vereda del lado, el candidato Guillier, maestro de la orden de la logia masónica, difícilmente puede ser sinónimo de trasparencia y probidad. No olvidemos que se trata de un ex miembro del directorio de la Minera Escondida, un prestigioso coaching de la consultora Imaginaccion de Enrique Correa, que opera como una maquinaria de lobby de los oligopolios económicos, y desde donde el candidato, recorría el país instruyendo a directorios de empresa, cómo mentir al país a través de los medios de comunicación. También este candidato, fue la imagen de la Asociación de Isapres, convenciéndonos de lo provechoso de pagar por tener salud, sin obviar que siendo Senador pagó con dinero nuestro, por informes copiados de internet.
Como vemos, material para hacer análisis y juzgamiento de evidencias, existen y son variadas. El problema es otro. Que al elector no se le entregan las herramientas para ponderar integralmente su elección, porque la maquinaria de contención psicológica es potencialmente superior, produciendo una asimetría entre lo que se dice y lo que es en realidad:
a) En realidad, ambos candidatos representaban al mismo sector político-económico; sólo los diferencian bemoles de forma.
b) En realidad, ambos candidatos mantienen una base ético-moral bastante parecida y reducida; lo que les imposibilitaría osar siquiera a presentarse a un cargo popular.
c) En realidad, es que la alternancia entre estos dos sectores, es sólo administrativa, pues los pilares estructurales, nunca han sido tocados.
d) En realidad, la autocrítica en ambos sectores, es inexistente, pues en la práctica lo están haciendo bien; mantener todo en orden, con algunos maquillajes menores.
e) En realidad, el presidente salió electo con un 26, 5 % de los votos, lo que en la práctica significa, que representa sólo a menos de tres de cada diez personas aptas para elegir.
f) En realidad, que de esas menos de tres de cada diez personas, un porcentaje mínimo realizó un proceso de elección, como el explicado precedentemente.
En realidad, ante el escenario planteado, el abstencionismo, no es una moda, ni una posición caprichosa, ni menos ventajosa; es el único camino disponible, ante parámetros ético-morales que representa la institucionalidad político jurídica chilena, que todavía es administrada bajo los postulados de la constitución del 80, remendada por los administradores de turno, por cierto. La realidad, es que el abstencionismo activo requiere de altas dosis de subversividad, que es el ingrediente fundamental, para querer cambiar lo malo y no seguir maquillándolo con reformas, como las apuestas electorales por el mal menor, que por cierto, no es tan menor; está enquistado como cáncer en la sociedad chilena, jugando un falso juego dicotómico entre izquierdas y derechas, que no es tal, pues estos sectores mantienen una misma base ético-moral, que las transforma en una unidad inseparable.
Y finalmente, como respuesta a los inquisidores del momento, que culpan al abstencionismo de sus derrotas; un poquito más de autocrítica y humildad, no pueden venir a culpar a otros de un trabajo no realizado por ustedes. Y a quienes, pregonan que no votar, nos inhabilita para opinar; están equivocados, estamos ética y moralmente aptos e idóneos para ello, pues sólo omitimos opinar con un voto, cuestión que ustedes ya hicieron, de ahí que deben hacerse responsables de ello, después de todo, parafraseando a Apporelly, “Si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados”.

*Psicólogo chileno. Participación ciudadana en surysur.net

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