Mar 1 2011
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Libro de la semana

Glosario internet

G.T.
Hacia fines de los años ochentas del siglo XX internet comenzó a constituirse como algo más que un espacio teórico, esotérico, misterioso, secreto, militar o académico; los ordenadores personales —computadoras— eran ya asequibles, relativamente, para los hogares y pequeños comercios, industrias, institutos de educación. El navegador Netscape y el buscador Yahoo! seducían a los que podían pagar nomás fuera algunas horas mensuales y acceder a ese mundo: la internet.

En 2011 decenas de millones de personas —niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos— se sumergen en ese universo virtual: charlan, obtienen información, la brindan, intercambian datos, buscan cómo divertirse, qué cocinar, algo para leer, un cuadro para mirar, un filme, una voz, juegos varios. Y escriben mensajes y los reciben.

Intercambian ideas, discuten, se agrupan por intereses varios, relatan experiencias, comparten temores, poemas, cuentos, música, fotografías; suben vídeos —incluso de tipo personalísimo—, se enojan, hacen amigos, se ponen de novios y forman pareja o simplemente se juntan en la realidad para un fin de semana de gozo sexual.

También estafan, usan la red para violar, robar, intercambiar pornografía o vender y comprar cualquier cosa. Grandes y pequeñas empresas intentan —y logran— conseguir quienes consuman sus productos o contraten los servicios que ofrecen. Por la "web" se venden riñones para transplantes, imágenes de niñas y niños prostituidos, casas de lujo, artículos nuevos o usados, pasajes para el fin del mundo, licores y prédicas para salvar el alma.

Internet, la biblia y el calefón lado a lado, inaugura el siglo XXI, y con él una manera nueva, distinta en cierto modo, de concebir —o idealizar— la cuestión de las libertades y censuras, de los controles y autonomías personales. Y al margen de que los gobiernos quieran reglar ese universo, las grandes empresas —legales o ilegales— obtener más provecho, el ciudadano expresarse, mentir el político común, decir su verdad el que cree poseer la Verdad, contratar mercenarios la compañía que hace de la guerra su ganancia, en fin, ella, la internet, se estableció como una necesidad, un vicio, un juego, un reposo o una obsesión.

Viejas palabras, por ejemplo el nombre de una letra griega —beta— significa otra cosa, que no es una letra sino una prueba; cracker no es el nombre de una galleta, sino de un riego muy presente, la lista de etcéteras es larga y se anotan nuevas palabras y conceptos casi a diario.

ABC Internet
publicó un glosario para facilitar la comprensión de tanta novedad, y es el libro —diccionario— que recomendamos. Tal vez no sea lo último en la materia, pero sí será suficiente para iniciarse en el laberinto de esta peculiar tecnología.

Lo encontrará Aquí.
 

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