Trump y sus nuevos enemigos europeos  

La crisis en Medio Oriente debilita alianzas

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La operación lanzada por los Estados Unidos e Israel contra Irán a fines de febrero no solo se empantanó militarmente. También su impacto diplomático erosiona la relación de la Casa Blanca con sus aliados europeos.

Con algunos, como el gobierno español, la distancia a partir del conflicto iraní se profundizó aún más. Con el Papa León XIV y el Vaticano, Trump se creó una herida que puede ocasionarle deserciones en su base católica de cara a las elecciones parlamentarias de noviembre próximo. Con otros, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni, se produjo una ruptura inimaginable apenas algunas semanas atrás.

Divorcio a la italiana

Trump y Giorgia Meloni, cuando su relación era óptima

A mediados de abril, la cadena noticiosa Euronews publicó un análisis con un título muy sugestivo: “La ruptura entre Trump y Meloni: del coqueteo político a la crisis de pareja”. Durante meses, comentó este medio, los dos mandatarios vivieron una relación política de “interés amoroso”. Marcada por halagos públicos, apretones de manos insistentes y esa “química personalizada que el presidente estadounidense cultiva con algunos líderes extranjeros que le son afines”.

Durante esa etapa, Trump calificó a Meloni como “uno de los verdaderos líderes del mundo”, reconociendo que podía hablar con ella “con franqueza, incluso cuando no estamos de acuerdo”.

La primera ministro aparecía desde la asunción misma de su homólogo estadounidense como una contraparte privilegiada y de total confianza. Sin embargo, en pocas horas se precipitó el detonante de una ruptura: la tensión de Washington con el Papa León XIV, referente espiritual prácticamente intocable en las esferas del Palacio Chigi y el Quirinal, sedes del gobierno y de la presidencia, respectivamente.

Analistas vaticanos argumentan que, en Italia, tanto para la derecha como para la izquierda, la sola idea de cuestionar la figura del Papa es una línea roja que no se puede transgredir. Atrevimiento de parte del mandatario estadounidense que enfadó a Meloni, quien se ha definido desde siempre como paradigma de una derecha “liberal, cristiana, identitaria y patriótica”. Reivindicando su derecho a disentir, la segunda semana de abril Meloni caracterizó como “inaceptables” las agresivas declaraciones de Trump sobre el Papa. Horas después, Trump se lamentó por la reacción de la primera ministra italiana. “Estoy sorprendido, no nos está ayudando. Me equivoqué con ella… Le falta valentía con Irán; es inaceptable” (https://www.instagram.com/reels/DXHoUpkiDYP/).    

Separación con mala cara. La decepción de Washington

 
Trump acusó al Papa de ser “débil con el crimen” y de no apoyarlo en su política hacia Irán. En un video que luego retiró de sus redes, el presidente estadounidense se presentó como Jesucristo bendiciendo a un enfermo, lo que provocó repulsas en amplios sectores religiosos por considerárselo inapropiado y vejatorio 
Papa León XIV

Durante la vigilia de oración por la paz en el Vaticano el sábado 11 de abril, el Papa denunció la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. “Queridos hermanos y hermanas”, afirmó, “ciertamente existen responsabilidades imperativas que incumben a los líderes de las naciones. A ellos clamamos: ¡Basta! ¡Es hora de hacer la paz!”. Si bien el pontífice, que es ciudadano estadounidense, no mencionó a Trump, fue obvio que su mensaje también se dirigía a Washington. Ante las respuestas agresivas de Trump, el Papa no bajó su tono. Por el contrario, aseguró que no le tenía miedo al mandatario y enfatizó que la obligación de la Iglesia es pronunciarse a favor de los Evangelios y de la paz. Sin desdecirse de sus argumentos principales, días después, durante su visita a África, el Papa aseguró que no le interesaba [seguir] la polémica con Trump 

En el trasfondo de la ruptura Trump-Meloni asoman dos hechos decisivos. Por un lado, la diferencia de percepción con respecto al conflicto en el Medio Oriente. Meloni, como prácticamente la totalidad de los dirigentes europeos, durante marzo y abril comenzó a aceptar como correcta la línea impulsada por el primer ministro español, Pedro Sánchez, para quien esta guerra “no es nuestra guerra”. De inmediato España prohibió que las bases militares estadounidenses en territorio español se utilicen para atacar a Irán. Y además vetó el uso de su espacio aéreo para el sobrevuelo de aviones militares con destino a Irán.

Por el otro, el distanciamiento de los aliados europeos de la Casa Blanca tiene que ver con la devastadora estrategia militar de Israel, intensificada las últimas semanas con su ofensiva contra Líbano y que continúa a pesar del formal alto al fuego vigente. Sin subestimar, además, el impacto que han tenido desde meses entre la dirigencia europea las sanciones tarifarias impuestas por Estados Unidos y la arrogancia del discurso paralelo para justificarlas. El enfriamiento de las relaciones de varios dirigentes europeos con Trump ha sido inevitable.

Adicionalmente, y también en abril, Meloni, suspendió la renovación automática del acuerdo de defensa mutua entre Italia e Israel. El 19 de abril el jefe de gobierno español Pedro Sánchez, por su parte, propuso que toda a Unión Europea clausure los acuerdos de asociación (cooperación económica) con Israel. Finalmente, la Unión Europea no se sumó a esta iniciativa.

Para Trump, la decisión de varios Estados europeos de negarle el uso de sus propias bases en esa región expresa una falta de solidaridad inaceptable porque incumbe a históricos aliados y, además, miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Con la agresión contra Irán también esta organización profundiza su crisis interna que se manifestó a partir de la misma llegada del republicano a la Casa Blanca.

Bases militares de EEUU en Europa

Desde la Segunda Guerra Mundial, Europa ha albergado numerosas bases militares estadounidenses con decenas de miles de soldados. Aunque los números son imprecisos y variables, un reciente análisis del reconocido Centre Delàs de Estudios para la Paz, con sede en Cataluña, España, señala, citando fuentes de Estados Unidos, que a inicios de 2025 había unos 84.000 militares estadounidenses en Europa. Y acota que, debido al envío suplementario de tropas a los países fronterizos con Ucrania, esta cifra podría alcanzar los 105.000 efectivos en 26 bases militares estadounidenses y otras 19 instalaciones con presencia militar estadounidense. Específicamente, 38.700 en Alemania; 14.000 en Polonia; 12.600 en Italia; 10.000 en Reino Unido y 3.500 en España. Además, calcula que hay aproximadamente un centenar de bombas nucleares B61 en Bélgica, Italia, Países Bajos, Alemania y Turquía .

La postura europea de no involucrarse activamente en la guerra contra Irán ni endosar la propuesta estadounidense de romper el bloqueo iraní sobre el Estrecho de Ormuz, explica la decepción de Trump y las complicaciones operativas que pudieron haber experimentado las fuerzas estadounidenses durante su agresión a gran escala contra su rival persa.

Cuando cae un amigo…

El domingo 12 de abril, Viktor Orbán, presidente de Hungría, amigo incondicional de Trump (y de Vladimir Putin), connotado crítico del funcionamiento de la Unión Europea y pieza clave de la promoción de la Internacional de Derecha, sufrió un categórico revés electoral luego de 16 años en el ejercicio del gobierno. Fue aplastado en las urnas por Péter Magyar, líder conservador formado en el propio partido de Orbán hasta su alejamiento del mismo en 2024 por diferencias en la gestión.

Orban y Meloni

Gran parte de la clase política y de la prensa europea celebró la victoria de Magyar con emocionados titulares y declaraciones. El cursor del debate ideológico en el Viejo Mundo (y en general a nivel internacional) se ha corrido tanto hacia la extrema derecha, que la victoria de un candidato conservador un poco menos extremista que Viktor Orbán fue motivo de grandes festejos. La Unión Europea ve en Magyar un euro-compatible que va a reducir la tensión permanente entre Bruselas y Budapest.

La derrota en las urnas del principal aliado europeo de Trump significó una bofetada adicional para la diplomacia estadounidense en Europa. La misma semana de las elecciones, el vicepresidente J. D. Vance había llegado a Budapest para brindar el apoyo oficial de su país a su “buen amigo”, el ultraderechista Orbán. Pero, en definitiva, las urnas húngaras expresaron una doble y categórica sanción: no solo a la extrema derecha nacional, también a la Casa Blanca.

Recelos europeos

En las últimas semanas, la relación del primer ministro alemán Merz con Trump también pasó por diversos estados de ánimo. La visita del mandatario alemán a la Casa Blanca el 3 de marzo pareció indicar un giro estratégico favorable a los intereses estadounidenses. Menos de dos semanas más tarde, Merz se alejó de las explícitas presiones de Trump para que Alemania, así como el resto de Europa, apoyen la guerra contra Irán.

} Las declaraciones de Merz fueron tajantes: “Estados Unidos e Israel no nos consultaron antes de esta guerra. Nunca hubo una decisión conjunta respecto a Irán. Por lo tanto, no cabe la posibilidad de una contribución militar por parte de Alemania. No participaremos”. Profundamente desgastado en su gestión interna, parece que hoy Merz no tiene margen de maniobra como para no enrolarse en la postura mayoritaria europea de no intervenir militarmente en Irán.

También en Francia, la situación en Medio Oriente no ha hecho más que empeorar su trato con la Casa Blanca. A inicios de abril, un análisis de la cadena televisiva RTL comentó que “las relaciones entre Emmanuel Macron y Donald Trump se han tensado considerablemente en los últimos meses. Ya enfrentados en varios temas importantes, como la guerra en Ucrania, donde sus posturas a menudo han divergido, los dos líderes han protagonizado numerosas disputas públicas”. Diferencias que, a la luz de los últimos desencuentros de Trump con Meloni y con el Papa, tampoco vaticinan la posibilidad de un destrabe a corto plazo en Francia.

La guerra contra Irán produjo un verdadero cisma entre la estrategia común de Trump y Netanyahu y la visión de los aliados europeos. Y también una profundización de la crisis interna que la OTAN ha estado padeciendo desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Más que nunca, y a pesar del elocuente servilismo pro-Trump del secretario general de esta organización, la OTAN estaría contemplando un retorno al concepto de “defensa común europea” como prioridad. En otras palabras: dejar de delegar su propia defensa en manos de los Estados Unidos y asumirla en su totalidad.

Adicionalmente, la derrota electoral de Orbán y la crisis circunstancial con Meloni complica coyunturalmente la ambiciosa propuesta de Trump (y de su excolaborador Elon Musk) de promover la Internacional de extrema derecha, definida por sus detractores como “internacional reaccionaria”.

El costo de la ofensiva militar en Medio Oriente le ha creado al presidente estadounidense un cúmulo de frentes opositores. Por cierto, muy diversos, pero igualmente desgastantes a nivel interno como en su estrategia con el resto del mundo, notablemente Europa.

*Periodista, investigador y analista argentino, radicado en SuizaColaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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