Ago 29 2020
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CulturaSociedad

Democracia… 驴d贸nde?

Seg煤n el lugar com煤n, democracia es el gobierno del pueblo… pero, 驴d贸nde gobierna?, 驴d贸nde ejerce su democracia? 驴y qui茅n es este pueblo? Por todos lados escuchamos el grito de que la democracia esta en crisis y que estamos a punto de perderla. El significado y pr谩ctica de este ideal, sin embargo, es bien elusivo.

EU promueve golpes de Estado para remover dignatarios electoralmente elegidos e invade naciones en nombre de la democracia y Corea del Norte, por su parte, se llama a s铆 misma Rep煤blica Popular Democr谩tica. En la vida diaria, la democracia es algo que raramente encontramos. No en el trabajo, no en la escuela, ni siquiera en las elecciones nacionales. La verdad es que la democracia no existe y nunca ha existido.

En la ra铆z misma de la democracia encontramos una serie de elementos contradictorios y parad贸jicos compuestos de una mezcla de individualismo y colectivismo, igualitarismo y jerarquismo, autonomismo y restriccionismo. Dualidades que requieren un cuidadoso e imposible equilibrio entre libertad e igualdad, conflicto y consenso, inclusi贸n y exclusi贸n, coerci贸n y elecci贸n, espontaneidad y estructura, conocimiento acad茅mico y la opini贸n de las masas, lo local y lo global.

En 1989, el 芦mundo libre禄 se declara triunfante y el capitalismo, un sistema econ贸mico inherentemente desigual, se transforma en el sin贸nimo de la democracia y la libertad. La inauguraci贸n de esta nueva democracia trajo la desregulaci贸n de los mercados y la formulaci贸n de pol铆ticas trasnacionales que aumentaron la desigualdad y socavaron el sistema de bienestar que hab铆a sido una conquista democr谩tica. El concepto de igualdad, que hab铆a ocupado un lugar central en el espectro pol铆tico, desaparece del discurso social. La libertad queda reducida a la libertad de competir en la econom铆a sin la intromisi贸n del gobierno para salir adelante o caer en la pobreza. En buenas cuentas, ser libre para ser desigual.

El ideal de la libertad, la igualdad y la fraternidad, se reforzaron mutuamente durante la Revoluci贸n Francesa trayendo el fin de la aristocracia y, desde entonces, la posibilidad de la nivelaci贸n de clases entr贸 en la imaginaci贸n popular. Pero no por mucho tiempo. Hoy d铆a s贸lo la libertad tiene valor, en tanto que la igualdad y la fraternidad quedan de lado.

El problema con este enfoque es que pierde de vista el hecho de que la libertad no es un estado de independencia. Por el contrario, es un estado interdependiente, uno en el que nuestras necesidades 煤nicas s贸lo puedan ser satisfechas por la sociedad en la que se vive. La tensi贸n, por tanto, entre libertad e igualdad es real. El exceso de una pone en peligro o elimina la otra. La aut茅ntica libertad requiere igualdad pol铆tica. La igualdad pol铆tica requiere igualdad social. Y la igualdad social requiere igualitarismo econ贸mico.

SALUD PUBLICA timeline | Timetoast timelinesPara ser libre, la gente necesita acceso a vivienda, educaci贸n, atenci贸n m茅dica y trabajo, adem谩s de los derechos pol铆ticos. Si planteamos las cosas de esta manera, la igualdad y la libertad se ajustan mutuamente. Lo que hoy tenemos, en cambio, es la libertad vac铆a y la igualdad de la exclusi贸n que sirven para cubrir las disparidades sociales y econ贸micas. El libre mercado en s铆 mismo es el dominio de la desigualdad. El dominio de ganadores y perdedores. Y los ganadores y perdedores son el resultado natural de la democracia mercantilizada.

Ahora, si la democracia es el gobierno del pueblo… 驴qui茅n es este pueblo? 驴qui茅n cuenta como tal y qui茅n queda afuera? La inclusi贸n y la exclusi贸n es una de las tensiones constantes de la democracia. No hay momento, incluso en per铆odos de relativa calma, en que el conflicto entre la promesa de inclusi贸n universal y la limitaci贸n inevitable, deje de existir. Y esto es porque el pueblo es una abstracci贸n, una entidad que est谩 facultada para gobernar, pero que no existe de manera real.

Y, sin embargo, para tener democracia necesitamos saber qui茅n es el pueblo. Qui茅nes somos nosotros. Y para ello se requieren bordes. Esta es la raz贸n de que cada comunidad democr谩tica, peque帽a o grande, luche para definirse a s铆 misma y definir sus l铆mites. El autogobierno es una continua negociaci贸n acerca de qui茅n pertenece y qui茅n no. El l铆mite del pueblo constantemente se expande y contrae. Pero, esta expansi贸n y contracci贸n, nunca es completamente independiente de los intereses econ贸micos.

La Declaraci贸n de los Derechos Humanos y del Ciudadano de 1789, por ejemplo, expone la tensi贸n entre la abstracci贸n del universalismo democr谩tico, por una parte, y el particularismo de los derechos limitados y excluyentes del Ciudadano, por otra. En la pr谩ctica, lo que Declaraci贸n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 鈥 El Inconformista Digitalvemos por todas parte es la destituci贸n, la persecuci贸n y hasta el asesinato de minor铆as raciales y 茅tnicas, de inmigrantes, de mujeres, de homosexuales y de minor铆as religiosas en los llamados pa铆ses democr谩ticos.

Mientras hablan con el lenguaje de la inclusi贸n y los derechos humanos, en el hecho practican la militarizaci贸n de los bordes y la exclusi贸n hasta l铆mites extremos. En lugar de la visi贸n de la solidaridad internacional y multirracial nos encontramos con la visi贸n truncada y racista de la democracia europea y estadounidense. En buenas cuentas, la dominaci贸n le permiti贸 al amo blanco el dominio a esclavizar a la gente. Hoy d铆a, la exclusi贸n le permite la explotaci贸n. Y la explotaci贸n le facilita el lucro. Como dice el autor y activista social Astra Taylor, desde el colonialismo a los debates contempor谩neos de la inmigraci贸n, las crueles exclusiones t铆picamente sirven prop贸sitos econ贸micos.

Las demandas por una democracia m谩s profunda, m谩s sustantiva o real se vuelven a escuchar otra vez a trav茅s del mundo. En las protestas populares, desde la primavera 谩rabe a las de Chile, Francia o EU, el rechazo a las jerarqu铆as pol铆ticas y su reemplazo por decisiones horizontales es el mismo. La creencia impl铆cita es que la democracia es un verbo, un continuo proceso y no un producto acabado.

El clamor es el deseo de la gente a tomar decisiones por ellas mismas, sin delegarlas a representativos. La idea es que todos sean incluidos en las decisiones a tomar, sin distinci贸n de clase, raza o g茅nero. El objetivo es la unanimidad. Como lo explicaban los participantes de Occupy Wall Street, el consenso es un proceso de pensamiento creativo. Cuando votamos, dec铆an, decidimos entre dos alternativas. Con consenso, tomamos un problema, escuchamos la variedad de entusiasmos, ideas e inquietudes al respecto y sintetizamos una propuesta que se adapte mejor a la visi贸n de todos.

Desgraciadamente, suficiente historia ha pasado desde la primavera 谩rabe, para darnos cuenta que los movimientos de protesta eventualmente se derrumban. El sistema basado en el consenso como cura a las limitaciones de la democracia dominante, resulta en la pr谩ctica, en un proceso inherentemente inestable. Muchos de los movimientos que adoptaron una igualdad radical no pudieron sostenerse por mucho tiempo al no poder definir un curso de acci贸n efectivo.

Eventualmente, los grupos m谩s organizados y con voces m谩s fuertes hegemonizan el movimiento en detrimento de los verdaderos intereses democr谩ticos del mismo. La primavera egipcia, por ejemplo, fue hegemonizada por la Hermandad Musulmana y sabemos c贸mo termin贸 la revoluci贸n. No ser铆a raro que los actuales movimientos pierdan impulso, que no logren establecer un curso de acci贸n eficaz o que se desintegran por conflictos internos.

En los 煤ltimos a帽os los movimientos espont谩neos han pasado a dominar la comprensi贸n de c贸mo los cambios sociales ocurren, en tanto que la estrategia organizativa a largo plazo y el trabajo de c贸mo institucionalizar las victorias se han atenuado. La adherencia a las estructuras pol铆ticas est谩 en declive y la insurrecci贸n democr谩tica, en ascenso. La izquierda anarquista invoca la 鈥渧oluntad popular鈥 y la atracci贸n innata del ser humano para el bien com煤n, y la derecha invoca la 鈥渕ano invisible鈥 del mercado.

Para ambos la democracia es desestructurada o algo emergente, siempre en peligro de ser aplastada por el estado. La idea es que si se deja a las personas a su suerte, ellas son capaces de auto organizarse.

Pero, 茅sta es la cosa: la idea de organizaci贸n popular tiene sus ra铆ces en la tradici贸n sindicalista y la pol铆tica laboral, en tanto que la idea del activismo empieza a circular en los 60. El activista puede que resista m谩s y sea mejor para movilizar marchas, bloqueos ilegales y ocupaci贸n de lugares p煤blicos que, ciertamente, son vitales para la democracia y la moral de las masas.

Pero, la desobediencia civil puede encubrir el hecho de que la izquierda no es lo suficientemente fuerte o estrat茅gica para transformar las expresiones de descontento en una fuerza capaz de empujar las estructura pol铆ticas y econ贸micas en una direcci贸n m谩s democr谩tica. Como la historia de la lucha de clases muestra las expresiones espont谩neas de descontento s贸lo pueden expandirse y ganar terreno con el lento, duro y tedioso trabajo de la organizaci贸n.

La democracia participativa en la sociedad en general no es posible en la realidad si no se reconocen o confrontan los conflictos de intereses econ贸micos. Si esperamos por unanimidad, 茅stos nunca ser谩n resueltos. El problema m谩s profundo no es que los conflictos sean malos o buenos o si el consenso sea una fantas铆a, sino que lo que est谩 en juego es qui茅n pierde o gana en cualquier situaci贸n dada.

La historia de la democracia es la historia de la opresi贸n, la explotaci贸n, la desposesi贸n, la dominaci贸n y el abuso. Pero, tambi茅n es la historia de la cooperaci贸n, la solidaridad, la emancipaci贸n y la justicia. Es la historia de la promesa del autogobierno del pueblo, promesa que nunca logra cumplirse completamente porque sus implicaciones y alcances siempre est谩n cambiando. Puede que no exista y que nunca vaya a existir, pero eso no significa que no intentemos hacer avances hacia ella o preservar los progresos que las masas hasta hoy han logrado.

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