Dic 28 2014
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Participación ciudadana

La crisis de Italia

La crisis que atraviesa Italia ha sido tildada como la m√°s grave desde la finalizaci√≥n de la Segunda Guerra Mundial. Algunos expertos creen que aquel dos mil dos, cuando la Rep√ļblica Italiana abandon√≥ su ‚Äúse√Īoreaje‚ÄĚ, o sea su soberan√≠a monetaria para ingresar junto con el resto de pa√≠ses de la Comunidad Europea a la que se denomin√≥ la zona ‚ÄúEuro‚ÄĚ, predec√≠an que a largo o corto plazo alguna crisis financiera alcanzar√≠a al pa√≠s del Dante.

Y no le faltaron razones. La crisis ya está entre los habitantes de la península, el período de bienestar desde hace tiempo ha dejado de ser parte de las virtudes de la política italiana como se pregonaba allende las fronteras del país.
Palabras que los italianos no estaban acostumbrados a escuchar o solo las sent√≠an en los noticieros televisivos sobre pa√≠ses lejanos, hoy son parte de su vocabulario diario: ‚Äúrecesi√≥n‚ÄĚ, ‚Äúmenor consumo‚ÄĚ, ‚Äúpresi√≥n fiscal‚ÄĚ, ‚Äúcomedores sociales‚ÄĚ, ‚Äúgente sin techo‚ÄĚ y la tan temida palabra ‚Äúdesocupaci√≥n‚ÄĚ.
Pero todo tiene un por qu√©: las crisis de Espa√Īa, Grecia, Portugal e Italia son productos de econom√≠as que se sustentaban √ļltimamente m√°s en los servicios y en el gasto social indiscriminado para mantener elefantes improductivos que en la creaci√≥n de trabajo genuino a largo plazo. El camino deber√≠a haber sido √©ste o la salida de la zona del euro, ya que dentro de un sistema monetario que es gobernado por el √ļnico due√Īo de estancia la ‚ÄúAlemania Unificada‚ÄĚ, lo m√°s plausible para Italia hubiera sido no haber entrado a jugar.
Cuando los padres fundadores de la Comunidad Económica Europea la crearon, el mundo estaba dividido. Por el lado occidental, Estados Unidos exigía a la zona europea de su influencia no solo que no hicieran más la guerra entre ellos sino que evitaran por todos los medios que la amenaza marxista invadiera sus territorios. Pero la caída del muro de Berlín, sin la amenaza comunista, dejó sin sentido lo que décadas atrás personajes como Konrad Adenauder, Alcides De Gasperi o el mismísimo Charles de Gaulle pregonaban.
Hoy Europa no hace la guerra, pero los efectos de una guerra se ven en pa√≠ses como Italia. Mientras la pol√≠tica italiana y sus actores se discurren entre palabras, proyectos y an√°lisis, los comedores sociales abundan y crecen, a los sin techo ‚Äúsenzatetto‚ÄĚ se los ve divagar por las principales ciudades italianas entre el patrimonio art√≠stico de la humanidad y los restaurantes abarrotados de turistas extranjeros, una realidad que el italiano com√ļn a√Īos atr√°s solo ve√≠a en los documentales que hablaban de pa√≠ses lejanos. Se calcula que cerca de once millones de italianos no pueden permitirse una comida proteica adecuada al menos cada dos d√≠as. Es la conclusi√≥n del informe elaborado conjuntamente por la principal asociaci√≥n de empresarios agr√≠colas ‚ÄúColdiretti‚ÄĚ, y por el Centro de Estudios Sociales (Censis).
Otro ejemplo es lo que le suceden a las comunas italianas, donde la administraci√≥n comunal es el term√≥metro del pa√≠s: las municipalidades reciben un veinte por ciento menos ingresos que desde hace un lustro a esta parte, en las peque√Īas comunidades eso se siente y mucho, ya que deben restringir servicios b√°sicos.
Durante las postrimerías del gobierno de Berlusconi y el de Monti, la presión fiscal sobre los italianos fue brutal. Se triplicaron los impuestos, lo que hizo que muchos ciudadanos dejaran de abonar sus obligaciones con el fisco y la balanza de ingresos decayera.
El actual gobierno de Matteo Renzi intenta reactivar la econom√≠a italiana que padece un crecimiento cercano a cero y una de las tasas de desempleo m√°s altas de Europa. A su vez, impuso un plan de flexibilizaci√≥n laboral que ha sido resistido por las centrales sindicales. Las manifestaciones contra su gobierno se ven a diario en las calles de las ciudades. Por ello, lo acusan propios y ajenos de utilizar pol√≠ticas neoliberales a pesar de gobernar en nombre de la centroizquierda que siempre estuvo al lado de los que menos tienen. Muchos creen que en el a√Īo 2015 habr√° elecciones anticipadas, porque ser√° dif√≠cil que el gobierno mantenga el voto de confianza de sus aliados que no quieren ser arrastrados al abismo.it hambre
El Presidente de la Rep√ļblica, Giorgio Napolitano, llamado ‚ÄúEl rey Jorge‚ÄĚ por muchos italianos en forma despectiva, ha manifestado su renuncia alegando cansancio. Muchos ven en su actitud una forma elegante de esquivar la responsabilidad constitucional. Y pensar que se vanagloriaba el anciano jefe de estado de haber sido el primer presidente it√°lico en ser reelegido en la historia de la nueva rep√ļblica italiana.
La crisis en su comienzo hubiera sido evitada con una peque√Īa devaluaci√≥n, pero para eso era necesario tener a la vieja lira, como dijo oportunamente el economista italiano Alberto Bagnai.
A nadie escapa que la uni√≥n monetaria imposibilita que pa√≠ses con diferente potencia econ√≥mica puedan convivir armoniosamente: la econom√≠a italiana y la alemana tuvieron siempre diferencias y ello siempre posibilit√≥ que la industria germana avanzara m√°s que la italiana. Debemos remontarnos al famoso plan Marshall que fue dirigido a toda la Europa bajo influencia estadounidense. Este intento no fue distribuido de la misma manera: en Alemania Federal y en la Berl√≠n de las cuatro zonas de ocupaci√≥n fue donde mayor inter√©s reca√≠a para los norteamericanos, el resto era considerada una segunda l√≠nea a no descuidar pero no a priorizar. As√≠, la Alemania Capitalista deb√≠a ser el muro ante los intentos del comunismo de penetrar en la ‚ÄúEuropa Libre‚ÄĚ. Alemania pudo salir adelante por los favores recibidos, se le dejaron intactas muchas de las industrias b√©licas que hicieron parte de la aventura nazista, en contra de lo que Gran Breta√Īa propon√≠a de desmantelarlas y ser entregadas como trofeos de guerra a los vencedores.
Pocos saben que Italia no sac√≥ una buena tajada del famoso Plan Marshall, al contrario, todo fue recibido a cuenta gotas. El milagro italiano fue realizado por pol√≠ticos visionarios como Alcides de Gasparis o emprendedores del pa√≠s como Enrico Mattei, que apostaron a la creaci√≥n de industrias con lo poco que quedaba de la guerra y por la emigraci√≥n post-guerra que posibilit√≥ indirectamente que la desocupaci√≥n cediera, emigraci√≥n que ayud√≥ en los primeros a√Īos con las remesas de dinero a familiares.
Hoy no hay Plan Marshall, ni comunismo amenazante, ni se ven pol√≠ticos visionarios. Los emprendedores italianos escasean o piensan en abrir industrias en otros tipos de pa√≠ses, como por ejemplo Albania. Los que emigran lo hacen ya no con la idea de hacer ‚ÄúL‚ÄôAm√©rica‚ÄĚ y regresar al ‚Äúbel paese‚ÄĚ. Italia y los italianos est√°n ante la disyuntiva que, como dec√≠a el padre de los poetas, Dante Alghieri, ‚Äúno hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria‚ÄĚ.

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